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lunes, 30 de mayo de 2016

la participacióN De los evaNgÉlicos eN la polÍtica peruaNa

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Por: 
Martín Ocaña Flores

La “derecha evangélica”

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POR: JUAN STAM

NUEVO SOCIALISMO Y CRISTIANOS DE IZQUIERDA

Pedro José Gómez Serrano

El objetivo explicito de esta investigación consiste en explorar las posibilidades de que la cultura cristiana liberadora pueda enriquecer a la tradición política de izquierdas cuyos referentes ideológicos se encuentran hoy en día bastante diluidos o, al menos, muy debilitados y que parece necesitada de encontrar una nueva fundamentación utópico-moral para recomponer su identidad en la época del capitalismo globalizado. 

Pedro José Gómez Serrano, profesor de Economía Mundial, Universidad Complutense de Madrid 
 
Hace varios meses Ediciones HOAC publicaba un nuevo trabajo de Rafael Díaz-Salazar dedicado a reflexionar sobre la potencial fecundidad del dialogo entre las tradiciones del socialismo democrático y del cristianismo liberador, asunto éste que está siendo objeto de debate en los últimos años en varios foros de discusión y que cuenta, dentro de las organizaciones políticas o sindicales de izquierda, tanto con simpatizantes como con detractores. El autor, firme partidario de la colaboración entre ambas matrices culturales y éticas, realiza un análisis histórico y sociológico de la relación entre ambas instancias, abordando, de modo simultáneo, cuestiones teóricas y prácticas.

El objetivo explicito de esta investigación consiste en explorar las posibilidades de que la cultura cristiana liberadora pueda enriquecer a la tradición política de izquierdas cuyos referentes ideológicos se encuentran hoy en día bastante diluidos o, al menos, muy debilitados y que parece necesitada de encontrar una nueva fundamentación utópico-moral para recomponer su identidad en la época del capitalismo globalizado. 

La contribución de los cristianos de izquierda al pensamiento y la práxis de las formaciones socialistas y comunistas ha sido admitida y valorada en la mayoría de los países de Europa Occidental pero, en España, la cuestión no ha dejado de plantearse con muchos recelos derivados, en parte, de la vieja pugna entre el clericalismo y el anticlericalismo que ha caracterizado a nuestra sociedad.

Junto a la relevancia del asunto tratado, otras dos cuestiones hacen sumamente interesante el trabajo de Rafael Díaz-Salazar. En primer lugar, permite recuperar parte de la historia de la aportación de los cristianos a la construcción del movimiento obrero en España, tanto por lo que se refiere a la elaboración de pensamiento crítico como a la generación de organizaciones sindicales y políticas. 

Se trata de una cuestión de justicia, pues esta importante contribución ha sido muchas veces olvidada o minusvalorada en el discurso oficial de la izquierda y se encuentra por completo ausente en los simplistas esquemas mediáticos que reproducen un imaginario en el que la religión cristiana se sitúa siempre en el lado del conservadurismo político. 

Por otra parte, resulta de gran interés el marco teórico que Díaz-Salazar propone para analizar y evaluar las posibles relaciones que cabría establecer entre lo religioso y lo político o, más en concreto, entre el cristianismo liberador y una nueva izquierda, abierta a la pluralidad de movimientos sociales que hoy promueven un cambio emancipador y solidario.

¿Desde donde se plantean las cuestiones básicas de este estudio de sociología político-religiosa? A mi parecer, desde una indudable simpatía hacia ambas corrientes sociales (la socialista y la cristiana), que deja traslucir una evidente implicación personal en la problemática objeto de análisis. Esta perspectiva dota a todo el libro de una sana carga de apasionamiento, pero lleva al lector a preguntarse, en numerosas ocasiones, cuándo se está analizando científicamente "lo que es" y cuándo el texto está expresando los deseos del autor sobre lo que "deberían ser" las relaciones entre ciertos grupos critianos y el movimiento socialista. 

Lo cual lleva, a mi modo de ver, a una lectura un tanto embellecida de la aportación cristiana a la transición social y política en España. Siendo los hechos rememorados, ciertos y significativos, se percibe, no obstante, cierta falta de autocrítica respecto al movimiento obrero cristiano, tanto por lo que se refiere a su comportamiento global como a su relevancia real eclesial y social.

La estructura de la investigación afronta cuatro cuestiones de indudable interés. En primer lugar, se analiza la evolución de las relaciones entre política y la religion en la España contemporánea distinguiendo tres grandes etapas: años treinta, franquismo y democracia. A lo largo de menos de un siglo se asistiría a la sorprendente aparición de un sector de Iglesia muy significativo, cuantitativa y cualitativamente, que no se alinearía dentro del conservadurismo político, sino entre los sectores socialmente más progresistas.

Precisamente, el capítulo segundo del libro aborda la descripción de las señas de identidad de la cultura política de los cristianos de izquierda. En el terreno del pensamiento destacaba el radicalismo ético y político de sus planteamientos (originado de forma autónoma en un contexto social tan adverso como el del franquismo); en el terreno práctico, tendrá mucha importancia la adopción de una metodología formativa activa y experiencial (con sus tres momentos del "ver", "juzgar" y "actuar") orientada a la promoción de militantes que, por su parte, prefirieron realizar su vocación en el seno de organizaciónes de clase no confesionales a crear partidos o sindicatos católicos. 

Algunos analistas consideran que los movimientos obreros cristianos especializados desempeñaron una función crucial: hicieron posible una transformación de la mentalidad de muchos trabajadores en una perspectiva de izquierdas, que habría sido imposible de otro modo, dado el recelo inicial de la mayoría de los obreros hacia las organizaciones socialistas y comunistas tradicionales. 

La tercera parte del ensayo de Díaz-Salazar analiza el contenido específico de las propuestas políticas de los cristianos de izquierda. Quienes elaboraron la reflexión de estos grupos se caracterizaron mayoritariamente por efectuar una crítica cristiana radical de la civilización capitalista que les llevaba a propugnar la construcción de un modelo autogestionario de socialismo. 

La transición política española descolocó a este sector de militantes obreros que se "quedaron solos" tanto en el seno de la Iglesia como en el entorno social. Tres factores originarían una severa crisis en este colectivo católico: la reacción conservadora eclesial temerosa del contenido crítico de este movimiento, la extensión de la secularización religiosa que deslegitimó la motivación cristiana de la acción social y el auge sociocultural del neoliberalismo que convirtió en inviables las propuestas políticas del igualitarismo autogestionario muy, alejado de las aspiraciones moderadamente reformistas de la mayor parte de la sociedad española. 

Esta triple crisis conduce, actualmente, a la búsqueda de nuevas ubicaciones sociales y formulaciones ideológicas. En el último capítulo de su investigación, Rafael Díaz-Salazar realiza un estudio comparativo de las distintas políticas que los partidos socialistas europeos han adoptado respecto al colectivo cristiano progresista que es, sociológicamente, una de las bases más amplias entre sus votantes. Es en este terreno donde se descubre una anomalía en el caso español que, de forma general, no ha prestado atención a la creación de un marco de diálogo y mutuo enriquecimiento, que sí es habitual en el resto de Europa Occidental.

Con todo, el trabajo de Díaz Salazar tiene una pretensión eminentemente práctica, presenta varias conclusiones operativas y abre un abanico de cuestiones que pueden ser importantes para ampliar y profundizar el debate político en nuestro país. Enumeramos alguna de las tesis e interrogantes más importantes en la confianza de que puedan estimular el pensamiento de los colectivos de izquierda:
  1. La cultural actual ha consagrado el objetivo de alcanzar el máximo bienestar material posible a realizar desde una perspectiva individualista. Ello ha supuesto una clara erosión de los valores de la solidaridad, la igualdad y la justicia que constituyen el nucleo de las cosmovisiones cristiana y socialista. ¿No surge en el terreno de la denuncia de la ideología dominante un campo de cooperación que puede ser fecundo?
  2. Para que el socialismo obtenga una base social amplia, desde la que impulsar políticas que atiendan tanto a la eficiencia como a la equidad, hace falta que exista un humus ético-cultural de valores universales compartidos. Sin él, la política acaba siendo presa del pragmatismo o se pone al servicio de aquellos que mejor pueden defender sus intereses: los poderosos. ¿No podrían sumar las tradiciones cristiana y socialista su capital simbólico humanitario y universalista para reconstruir la cultura de la solidaridad?
  3. Hay una lectura de la fe cristiana y una praxis relativamente extendida entre los creyentes que poseen una clara potencialidad crítica, emancipatoria y esperanzadora, que se verifica en numerosos lugares del planeta. Esta fe en clave liberadora muestra una notable resistencia frente a la seducción del programa neoliberal. ¿Debe la izquierda mantener su discurso crítico y monolítico frente a toda forma de experiencia religiosa, apelando a su carácter filosóficamente alienante y políticamente conservador o debe, por el contrario, diferenciar entre distintos tipos de concrección del cristianismo y estudiar la posibilidad de diseñar estrategias diferenciadas e incluso alianzas sociales?
  4. Es preciso clarificar si este tipo de cristianos progresistas son mayoría, minoría o pura anécdota en el actual panorama eclesial y social para poder valorar si una política específica hacia ellos puede tener un verdadero interés práctico. No hay duda de que, en el pasado, la Iglesia española fue matriz de sensibilidad ética y militancia sociopolítica. Pero dado el proceso de secularización al que hemos asistido en las últimas décadas, ¿cabe esperar que los grupos de Iglesia sigan siendo capaces de continuar su labor educativa hacia la vocación social y generar, en consecuencia, sujetos transforadores de la realidad?
  5. En el caso de que las cuestiones anteriores se contestaran positivamente aún quedarian muchos asuntos para clarificar: ¿A qué nivel cabe la colaboración? ¿En que terrenos debe realizarse una crítica mutua constructiva? ¿Qué lugar le corresponde a lo religioso en la política y cual debe ser la actitud política ante lo religioso?... Son interrogantes que habrán de abordarse en otra ocasión

Principios bíblicos para el liderazgo político.

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LA PARTICIPACION DEL CRISTIANO EN POLITICA

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Dionisio Orjuela R.
Pastor-docente,  Ibagué,  Colombia
INTRODUCCION
En el año de 1991 ocurrieron dos hechos trascendentales para la nación y la iglesia colombianas. El primero fue la realización de la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la centenaria constitución política de Colombia. El segundo fue que por primera vez en la historia de la nación, dos evangélicos hicieron parte de una Constituyente. Su participación se reflejó en la redacción final de la Carta Magna con la inclusión del nombre de Dios en su encabezamiento (donde antes aparecía el de la iglesia Católica), la ruptura del Concordato (Un comadrazgo entre la iglesia católica y el estado colombiano avalado por la constitución de 1886) y la inclusión de la ley de Libertad Religiosa.
Sin embargo, a partir de 1991 comenzó en Colombia una “fiebre” de participación de cristianos de diferentes iglesias y denominaciones en la “política”. Con la “fiebre” vino también la polarización al interior de la iglesia evangélica colombiana y las divisiones internas, al punto que para las elecciones del 2002, Tan solo 11 años después, el partido que había abanderado las pretensiones políticas de los cristianos evangélicos en Colombia prácticamente desapareció del mapa político de la nación.
De esta manera, la experiencia de la iglesia colombiana y su participación en la política se sumó a las de no muy grata recordación de países como Brasil, Perú y Guatemala, este último con los presidentes Ríos Montt y Serrano Elías.
La pregunta que a la luz de esta desafortunada experiencia se hacen la gran mayoría de creyentes colombianos es: Debe la iglesia en general y el cristiano en particular, participar en política? Aunque de entrada es necesario añadir una pregunta a la inicial: Cuál Política? Esa es la pregunta que esta monografía busca responder.
1. DEFINICION DE TERMINOS: POLITICA
La enciclopedia Microsoft-Encarta, presenta varias definiciones del término político, ca. “Del latínPolitĭcus, y éste del gr. πολιτικς. Perteneciente o relativo a la doctrina política. Perteneciente o relativo a la actividad política. Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”.
La palabra política ha tenido y tiene diferentes connotaciones. En la mayoría de los círculos evangélicos en Colombia, (y Latinoamérica?) su connotación es negativa. Una de las razones de la misma es el historial de corrupción de los partidos políticos tradicionales y  las no muy afortunadas experiencias de participación de cristianos en la arena política.
Quizás la animadversión del pueblo evangélico ha sido más hacia el concepto y práctica de la “politiquería” el cual responde mejor a la realidad con que se ha hecho la política en América Latina.
Ateniéndonos a su origen etimológico la palabra política viene del sustantivo griego polis que significa ciudad. El verbo politeuomai se ha traducido como administrar o gobernar una ciudad. Asi entonces, el término política llegó a significar el arte o ciencia de gobernar o administrar una ciudad, pueblo o estado.  (Ramírez p.13)
El doctor Jaime Ortiz H. primer representante evangélico en una Asamblea Nacional Constituyente en Colombia, agrega a la definición anterior la de “hacer política” Para Ortiz ésta es la responsabilidad que tiene una persona de administrar con justicia, eficiencia y honestidad, la ciudad. (Ortiz p.14)
Ampliando un poco más el significado, el teólogo e historiador Pablo A. Deiros habla de dos conceptos del  término: Uno amplio o general y otro específico. En su sentido general “La palabra política define los medios y la ética de las relaciones sociales. Política, es entonces, todo lo que tiene que ver con el bienestar común en términos de una nación en sus relaciones internas y externas” (Deiros p.10)
En su sentido específico, la política es llevar a la práctica ese bien común por medio de organizaciones de ciudadanos que procuran usar el poder para implementar sus propias ideologías. Deiros llama a la general, la política con mayúscula y a la específica la política con minúscula. (Deiros p.11)
2. BASES BIBLICO-TEOLOGICAS DE LA PARTICIPACION DEL CRISTIANO EN POLITICA (RELACION IGLESIA-ESTADO)
Otra manera de expresar la participación del cristiano en política es hablar de la responsabilidad  del cristiano frente al estado.
James P. Eckman cree que la responsabilidad del creyente hacia el estado es claramente enseñada en la Biblia. Cita por ejemplo la sentencia de Jesús en respuesta a la pregunta de sus discípulos en relación con el pago de impuestos: “Dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios” Mr.12:13-17, la exhortación del apóstol Pablo a someterse al estado Rom.13:1-7 y su invitación a interceder por los “que están en eminencia” 1Tim.2:1-7
Para Eckman son básicamente cuatro los deberes del cristiano frente al estado: Respetar al estado, por cuanto el estado es ministro de Dios, Obedecer a sus representantes y leyes,  pagar los impuestos y orar por las autoridades constituidas. (Etica Cristiana, págs.261-265)
Karl Barth, piensa  que “La súplica de 1Tim. 2: 1 es la más íntima y la que al mismo tiempo abarca y radicaliza todas las demás”  exhortaciones del Nuevo Testamento a los creyentes en relación con el estado. (Barth, p. 59)
Bajo esta premisa incluye otros deberes como el respeto a las autoridades, aunque aclara que el mismo debe adoptar la forma crítica cuando el poder estatal se extravía de la disposición divina.
Menciona también la prestación del juramento y el servicio militar con las naturales reservas cuando se está frente a un estado totalitario u homicida. Incluye además la elección responsable de la autoridad, decisión responsable sobre las leyes, atención responsable a su cumplimiento.
Concluye afirmando que la iglesia al realizar “La auténtica predicación y enseñanza escriturística y la auténtica administración de los sacramentos, es la que desde el punto de vista de la criatura, apoya y mantiene al estado” (Barth, p.74)
René Padilla, conocido teólogo latinoamericano, en  su ponencia “El estado desde una perspectiva bíblica” afirma que los escritores bíblicos no enfocan directamente el tema del estado, porque para ellos el poder político institucionalizado es un hecho cuya realidad histórica no necesita comprobarse.
Hace una exégesis de Rom.13:1-7, pasaje en el que según el, encontramos la enseñanza apostólica sobre la que debe ser la actitud cristiana frente al poder político. Esa actitud debe ser una de sometimiento a las autoridades políticas, a las cuales Dios ha delegado la responsabilidad de castigar el mal y fomentar el bien. (Deiros, págs 23-29)
3. REVISION HISTORICA
La participación política de las diferentes iglesias y denominaciones a través de la historia ha adoptado múltiples expresiones. En esta revisión se incluyen dos tradiciones representativas del espectro cristiano evangélico en América Latina.
    a. IGLESIAS REFORMADAS
Sydney H. Rooy en su ponencia “Relaciones de la iglesia con el poder político”- modelo reformado-  comienza citando el libro del expresidente colombiano Alfonso López Michelsen “La estirpe calvinista de nuestras instituciones políticas” Según su prologuista monseñor Carlos José Romero, desde el renacimiento hay dos tendencias enfrentadas en el mundo: La católica y la protestante. Esta última es “herencia del dualismo maniqueo, revisada por Lutero y Calvino, según la cual la santidad es imposible al hombre…de ahí que la política prescinda de toda consideración moral ya que la actividad exterior del hombre jamás puede ser buena, ni contribuir a su destino futuro” (Deiros, p.42)
En la conclusión de su libro, López Michelsen afirma que la separación de la iglesia y el estado, y su división de la vida del hombre y de la sociedad, es la raíz de los males políticos de nuestro tiempo. (Deiros, p.43)
Rooy hace un estudio detallado del modelo de la relación Iglesia-Estado en la ciudad de Ginebra bajo la tutela de Calvino. Afirma entre otras cosas que si bien en teoría Calvino quiso la separación de la iglesia y el estado, en la práctica fue muy difícil mantener separadas las funciones eclesiásticas y políticas.
Aunque para algunos la experiencia de Ginebra puede considerarse una teocracia, para Rooy esto no haría justicia a la posición calvinista que procuró separar la iglesia como cuerpo místico de Cristo, del cuerpo político, dos regímenes distintos aunque complementarios, necesarios para el bien común. El mismo Calvino mostró su preferencia por el “gobierno de muchos”.
     b. IGLESIAS BAUTISTAS
En su ponencia “Relaciones de la iglesia con el poder político –Modelo Bautista-”, Pablo A. Deiros, menciona tres como las posturas que en esta materia han mantenido los bautistas en su participación política, dígase en su relación con el estado: Compromiso, descompromiso y algunos modelos alternativos.
Como ejemplos de la primera posición cita el papel que cumplieron los  bautistas en Inglaterra durante la revolución liderada por Oliver Cromwell en 1642.
Entre los Bautistas en Norteamérica durante el período de la colonización inglesa destaca Rogelio Williams (1603 a 1683) a quien Deiros considera un separatista extremo. El promovió una teoría política que llamó “la doctrina de las dos tablas”. Basado en el principio de la libertad religiosa introdujo también la separación de la iglesia y el estado, lo cual aplicó a la colonia que había fundado.
Después de la declaración de independencia, los bautistas lograron influir en la elaboración de la constitución política de los Estados unidos.
Durante el siglo XIX la participación de los bautistas en la política interior y exterior fue notable aunque no unánime. En la guerra con México (1845-1848) por ejemplo, los bautistas del sur ofrecieron su apoyo mientras los del norte se opusieron. En la guerra civil, los bautistas del norte la consideraban una cruzada contra la abolición de la esclavitud mientras los del sur apoyaron la confederación. Esto llevó a la división de las tres grandes denominaciones: Metodistas, presbiterianos y bautistas.
En el siglo XX, los bautistas han mostrado un compromiso evidente con la cuestión política y social.
Deiros resume su esbozo histórico opinando que en general los bautistas en el mundo anglosajón han mostrado un compromiso responsable frente a su participación en asuntos de política.
Paradójicamente, como ejemplo de la segunda posición, el descompromiso frente al poder político, Deiros menciona la de los bautistas en Latinoamérica. Dice “En ciertos casos, tal actitud ha llegado al borde de la indiferencia o abulia en materia política, cuando no, al rechazo total y oposición a toda forma de gesto político” (Deiros, p.110)
Como actitudes alternativas menciona los movimientos de carácter defensivo, como los emprendidos en defensa del ideario bautista, los principios humanitarios y de ciertos valores. Otras actitudes han sido más agresivas como la promoción de la acción evangelizadora de la iglesia.
4. DEBE EL CRISTIANO PARTICIPAR EN POLÍTICA:  ¿CUAL POLITICA?
Después de revisar las consideraciones bíblico-teológicas e históricas en relación con la participación del creyente en política, la respuesta a la pregunta planteada se hace más compleja. No puede responderse con un simple si o no.
Por un lado, la falta de participación de la iglesia y de los cristianos en la política, obedece a varias razones: En primer lugar una conceptual: La concepción que se tiene acerca de la política. La mayoría de los cristianos manejan el concepto de “política con minúscula”  y al considerarla como algo corrupto y corruptor optan por abstenerse de todo tipo de relación con aquello que “huela” a política. Esta posición se ha expresado con frases tales como: “El poder corrompe”, “No es posible ser cristiano y político al mismo tiempo”
En segundo lugar, hay una razón sociológica: La mayoría de los miembros de nuestras iglesias han sido personas de estratos socio-económicos bajos, los cuales han sido históricamente excluidos de las acciones políticas con excepción de la del voto útil a favor de los partidos tradicionales en época de elecciones.
En tercer lugar existe una razón teológica. Tal como anota Deiros: Énfasis teológicos como el dualismo (Espíritu-materia, evangelismo-acción social), el fundamentalismo, escatologías como la dispensacionalista han contribuido a la ausencia de participación del creyente en acciones políticas concretas (Deiros,  p. 112)
También puede anotarse una razón misiológica. A la mayoría de los  misioneros que llegaron a América Latina sus agencias misioneras les prohibían, por razones obvias, involucrarse en cualquier tipo de intervención en la política doméstica. Su influencia y su ejemplo cundieron en las nuevas congregaciones que se levantaron con la misma mentalidad.
Esta realidad ha venido cambiando, sin embargo, desde el último cuarto del siglo veinte. Evidencia de ese cambio la constituyen experiencias como las de Brasil, Perú, Guatemala, Colombia, que sin ser del todo afortunadas, reflejan una apertura del pueblo evangélico a participar en favor del bien común de su ciudad o nación por medio de organizaciones políticas constituidas para dicho fin.
Ahora, es necesario distinguir entre la participación en política del creyente o un grupo de creyentes en forma individual y una iglesia local o denominación cristiana.
Como anota Eckman no hay mandamientos expresos ni evidencias en la Biblia de la participación en política de una congregación local, (Etica Cristiana, págs 268,69)
Deiros puntualiza por otro lado que ningún partido político puede abrogarse el título de cristiano o evangélico ya que ninguno puede expresar absolutamente los contenidos de la fe. (Deiros, p. 11)
CONCLUSION
A partir de una revisión somera de la Biblia y de la historia se puede concluir que el cristiano en particular y la iglesia en general no pueden dejar de participar en política. La pregunta de rigor sería entonces no si el cristiano debe sino cómo debe participar en política. Como el mismo Deiros anota, si bien el cristiano no está obligado a militar en un partido o causa política (política con minúscula) si tiene la responsabilidad de “hacer política” con mayúscula (Deiros, p.12)
En   otras palabras, no se puede ser apolítico. Decidir no participar en política es asumir una posición política. Como Harvey Cox dijera “No decidir es decidir”
Esa participación en la política debe por un lado expresarse en sus responsabilidades para con el estado (Tal y como han sido consideradas) pero también en el caso de creyentes que son ciudadanos de regímenes democráticos: Ejerciendo su derecho al voto, manteniéndose informado de los asuntos sociales, económicos y políticos de su nación, Evaluando al gobierno, sus representantes y políticas a la luz de la Biblia y promoviendo la justicia. (Etica Bíblica, págs 265-268)
Para Ortiz es “éticamente imperativo que nosotros aportemos al país lo que como cristianos debemos aportar” (Ortiz p.17)
La motivación con la cual se quiere participar en política es importante. Si el creyente al igual que los politiqueros tradicionales quiere acceder al poder para servirse a si mismo  o exclusivamente a su propia comunidad religiosa, mas bien debe abstenerse de participar.
La motivación del verdadero cristiano debe ser la de procurar el bien común de la ciudad, estado o nación que le ha elegido. (Ortiz, págs 15,16)
Karl Barth, John H. Yoder y otros coinciden en que la mejor manera en que la iglesia puede participar políticamente es siendo iglesia y cumpliendo su misión en el mundo.
Barth afirma“Asi como la justificación divina es el continuo legítimo, asi la iglesia es el continuo político. Y el hecho de que lo sea es su primera y fundamental contribución con el estado. Solo necesita ser iglesia para serlo también de hecho” (Comunidad, p.66)
Por su parte Yoder citando a J.H. Oldham puntualiza: “La iglesia está preocupada por su tarea fundamental de recrear una nueva vida social verdadera, de dos maneras. En primer lugar, su contribución más grande a la renovación de la sociedad es a través del cumplimiento de sus funciones primarias de predicar la palabra y de su vida como comunidad de adoración.” (Yoder, p.115)
BIBLIOGRAFÍA
Barth Karl. Comunidad Cristiana y Comunidad civil. Trad. Por Diorki. Barcelona: Editorial Fontanella, 1976, 139 págs.
Deiros, Pablo Alberto. Los evangélicos y el poder político en América LatinaGrand Rapids: NuevaCreación-W.B. Eerdmans Publishing Company, 1986, 361 págs.
Ortiz Hurtado Jaime. Biblia y buen gobierno. 1a ed. Bogotá: Edision, 1995, 51 págs.
Ramírez Marco Fidel. Política: Principios y peligros. 1a ed. Bogotá: Ed. Nuevo liderazgo, 1996, 147 págs.
Nyenhuis, Gerald y James P. Eckman. Ética cristiana: Un enfoque bíblico-teológico. Miami: Logoi, 2002, 570 págs.
Yoder John H. Jesús y la realidad políticaDowners Grove: Ed. Certeza, 1985, 220 págs.

EL REINO DE DIOS ESTÁ ENTRE VOSOTROS

“El Reino de Dios está entre vosotros” — ¿Qué quiso decir Cristo con esto?


MINISTERIO: EL DISEÑO ORIGINAL DE DIOS

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UN MINISTERIO DE DEFENSA DEL MATRIMONIO ENTRE HOMBRE Y MUJER

Voto Evangelico - Elecciones 2016 - Peru

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FOLLETOS DE EVANGELISMO PERSONAL


Martha Goicochea Duclos

Apreciado hermano Ubaldo:

Previo mi cordial saludo, ahora por lo siguiente:

La Asociación Bily Grahan, a través del CONEP está obsequiando FOLLETOS DE EVANGELISMO PERSONAL a las Congregaciones que deseen contar con esta valiosa herramienta de evangelización.

Favor PASAR LA VOZ  y comunicar por este medio su requerimiento en número, mencionando el Nombre de su  Institución 

En el AMOR de Cristo

Martha Elvira

NI FUJIMORI, NI PPK: DECIR LA VERDAD

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Por: Ubaldo Tejada Guerrero.
Analista Global

Éste artículo es un homenaje a Oswaldo Reynoso, nuestro gran escritor peruano, que brilla con luz propia al dejarnos el legado de transparencia dentro de tanta “mugre electoral”, porque no se puede alentar al pueblo, ponerse al lado del lado oscuro del modelo económico que se combate y condenar a quienes no están con el “mal menor”, como si en política existiera tal propuesta.

¿A qué nos enfrentamos en el Perú, el domingo 5 de junio del 2,016?

Los ciudadanos peruanos están siendo bombardeados por las redes sociales, encuestas, supuestos debates, y los grandes medios de comunicación centralizados mayormente en la capital, con los falsos dilemas: democracia o dictadura, votar por el mal menor, porque el voto blanco o nulo es favorecer a Fujimori; pero que lo digan desde las canteras de la derecha es su derecho, pero no desde los que se suponen son de izquierda, o nos olvidamos del apoyo a Fujimori y Ollanta.

Primero, los argumentos anteriores son tan frágiles, porque se construyen en bases de arena y no en roca sólida, porque esconden en el fondo la defensa del modelo económico neoliberal que produce y necesita que esta democracia sea precaria y una ciudadanía sólo de ánfora cada cierto tiempo.
Segundo, no nos enfrentamos a personas (Fujimori o PPK), sino a representantes de potestades de éste siglo, que urge de respuestas claras, poniendo las propuestas por delante, como conocimiento para que la ciudadanía no perezca en las ánforas por falta de conocimiento, no para lavarse las manos, sino para afirmar que el voto blanco o nulo es una opción democrática, que no puede condenarse, porque allí también existe la necesidad de tener conciencia, sabiduría y capacidad para construir nuestro propio destino, sin calco, ni copia.
Tercero, un debate político entre dos representantes del mismo modelo económico, no presenta diferencias, sino sólo estilos donde las puyas reemplazan a las propuestas de gobierno para poder distraer al electorado, porque ambos representantes son defensores del mismo modelo: antidemocrático y pro gran capital transnacional, y en ello no cabe la ilusión de que el Fujimorismo sea una organización democrática o de centro derecha que es mucho pedir, lo que es más posible es una colaboración centrada en la defensa del modelo económico (intocable).
Cuarto, ahora vamos comprendiendo porque el silencio frente a la manipulación del proceso electoral desde el Jurado Nacional de Elecciones, para ir definiendo candidatos en función al poder económico no sólo nacional, sino global, para que las reglas electorales valgan sólo para Acuña o Guzmán, o mantener preso a Gregorio Santos; pero no para Fujimori o PPK. Lo que necesitaba el sistema era garantizar el modelo económico y ello ya lo logró con mayoría la derecha con PPK y Fujimori.
Quinto, la izquierda peruana, no escapa a lo expresado por Alberto Flores Galindo en su obra póstuma “La tradición autoritaria: violencia y democracia en el Perú” (1999) cuando nos dice: “Es evidente que en el Perú existe una crisis de legitimidad: los viejos mecanismos de dominación ya no funcionan” y podemos agregar lo que decía Carlos Ivan Degregori que precisaba en 1990: “…la crisis del país no sólo es económica, sino de representación política y autoridad moral. Una nueva sociedad plebeya multiétnica sigue sin encontrar expresión en el Estado” (“El aprendiz de brujo y el curandero chino”-IEP-Lima-Perú-1991).
Sexto, no se trata de sólo ver las indecisiones de Verónica Mendoza “porque sencillamente se muere de miedo de lo que responda Gregorio Santos”, como expresa el periodista Augusto Álvarez Rodrich en el diario “La República” (25-05-16), sino que las aspiraciones del voto popular, rebasan las expectativas del voto electoral del 5 de junio, y la necesidad de poner por delante conocimiento para que no perezca nuestro pueblo entre el “mal mayor” y el “mal menor”.
Séptimo, es el sistema que avala el modelo económico la que sigue produciendo el oscurantismo republicano ya agotado, la narcopolítica, la delincuencia de cuello y corbata y la común, la violación de los derechos humanos, la falta de instituciones sólidas, incluyendo las organizaciones políticas sólo para épocas electorales de sola vida parlamentaria o de un club de amigos o de familias sin ninguna base social sólida.

¿Cuál es el hombre fuerte a atar?

Es el modelo económico, instalado en dictadura en la Constitución de 1,993, donde el proyecto país no existe, porque las políticas públicas están dictadas desde el modelo global neoliberal utilizando el canal del Ministerio de Economía y sus órganos BCR, SUNAT, quienes asumen el control de la caja fiscal.
Basadre nos visionaba, que la actual sociedad “…proyectada hacia el futuro, significaría la perdurabilidad de una sociedad gobernada por burocracias bélicas, egoístas, rapaces, con fuerte dominio de la policía y con una ideología fríamente tecnocrática. Todo ello implica que, dentro de las instituciones sociales, no deben ser ubicadas como fuerza primordial los aparatos burocráticos y las fuerzas dominadoras, sino las que impliquen el desarrollo humano, la auto-regulación y el pensamiento socialista en el mejor sentido de la palabra” (“Carta a Fernando Lecaros”-Jorge Basadre-1,977-Lima Perú).
Las potestades de éste siglo están como leones rugientes para traerse abajo a gobiernos progresistas como Venezuela, Brasil, Ecuador, o Bolivia, como decía Marcos Kaplán en 1,971: “Una balance efectuado con la perspectiva de las últimas décadas, comprueba que el tipo de Estado vigente en la mayoría de los países latinoamericanos ha carecido de aptitud, para contribuir al mantenimiento e intensificación del mero crecimiento y en mayor medida aún para promover un desarrollo auténtico” del ser humano (“Aspectos políticos de la planificación en América Latina”-Revista Aportes-Argentina).
En el Perú 2,016, es muy difícil ser libres, diciendo la verdad, como decía el periodista Daniel Estulin, “…el propio sistema es corrupto y quienes lo controlan (tanto en el gobierno, como en las empresas e instituciones financieras) son delincuentes, no habrá posibilidades de mejorar la situación, sino tan solo la absoluta certeza de que todo irá a peor. Porque ser humano e ignorar o no preocuparse es casi imperdonable. Nada puede excusarlo o justificarlo-A menos que la población reúna el coraje para afrontar los escándalos, las mentiras y las traiciones” (“El señor de las sombras”-2,007).
Ni Fujimori, ni PPK garantizarán que el “Estado se transforme y reconozca la ciudadanía real-no sólo la forma y legal-de esas masas populares. Queda otro camino. La espontaneidad popular puede adquirir cohesión y efectividad hasta convertirse en una alternativa. Una revolución que nazca desde abajo” (Alberto Flores Galindo).
La elecciones 2,016 en el Perú el 5 de junio está ubicada en el segundo escenario, donde no calzan más “apoyos críticos a PPK”, ni “no votar por Fujimori porque es signo de corrupción”, sencillamente lo que está en juego es el modelo, no las personas, y porque el objeto del análisis histórico, no son los individuos, sino la realidad peruana.
No existe separación entre sujeto y el objeto del conocimiento histórico, orientar el voto al “mal menor” ocultando el fondo el sistema, el modelo económico, es una verdadera traición al Perú, porque es iluso pedir a PPK “compromisos mínimos necesarios para abrir un periodo de cambios, para abrir un periodo de cambios en democracia que atiendan las grandes demandas nacionales por justicia y dignidad, progreso y democracia” como dice la “Coordinadora Keiko No Va”.
Ahora pensemos con cabeza propia, preparémonos para abrir un nuevo curso en la vida republicana, hablemos con la verdad, no arrinconemos a nadie con slogans que son jaulas para no tocar el sistema, ni el modelo económico. Fe en nuestra juventud, abramos las instituciones a ellos, pasemos a ser acompañantes para que asuman nuevos liderazgos, porque no se puede hacer vino nuevo en odres viejos, y el sistema hasta ahora está diseñado para no permitirlo.
Jorge Basadre sigue vigente, cambio democrático y patriótico, camino hacia la construcción de una sociedad socialista como la contradicción central con este modelo salvaje capitalista, que durante toda la república peruana, ha hecho descansar sus ganancias sobre el hombro del pueblo, destruyendo nuestra nacionalidad y nuestros recursos. Forjemos un Perú soberano, con un proyecto país y una nueva Constitución Política, que nos lance al siglo XXI. Éste es el reto para lograr una democracia real y una ciudadanía plena en éste periodo.
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