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domingo, 2 de mayo de 2010

LA PARTICIPACIÓN DEL CRISTIANO EN POLÍTICA

Dionisio Orjuela R.
Pastor-docente, Ibagué, Colombia

INTRODUCCION
En el año de 1991 ocurrieron dos hechos trascendentales para la nación y la iglesia colombianas. El primero fue la realización de la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la centenaria constitución política de Colombia. El segundo fue que por primera vez en la historia de la nación, dos evangélicos hicieron parte de una Constituyente. Su participación se reflejó en la redacción final de la Carta Magna con la inclusión del nombre de Dios en su encabezamiento (donde antes aparecía el de la iglesia Católica), la ruptura del Concordato (Un comadrazgo entre la iglesia católica y el estado colombiano avalado por la constitución de 1886) y la inclusión de la ley de Libertad Religiosa.
Sin embargo, a partir de 1991 comenzó en Colombia una “fiebre” de participación de cristianos de diferentes iglesias y denominaciones en la “política”. Con la “fiebre” vino también la polarización al interior de la iglesia evangélica colombiana y las divisiones internas, al punto que para las elecciones del 2002, Tan solo 11 años después, el partido que había abanderado las pretensiones políticas de los cristianos evangélicos en Colombia prácticamente desapareció del mapa político de la nación.
De esta manera, la experiencia de la iglesia colombiana y su participación en la política se sumó a las de no muy grata recordación de países como Brasil, Perú y Guatemala, este último con los presidentes Ríos Montt y Serrano Elías.
La pregunta que a la luz de esta desafortunada experiencia se hacen la gran mayoría de creyentes colombianos es: Debe la iglesia en general y el cristiano en particular, participar en política? Aunque de entrada es necesario añadir una pregunta a la inicial: Cuál Política? Esa es la pregunta que esta monografía busca responder.
1. DEFINICION DE TERMINOS: POLITICA
La enciclopedia Microsoft-Encarta, presenta varias definiciones del término político, ca. “Del latín Politĭcus, y éste del gr. πολιτικός. Perteneciente o relativo a la doctrina política. Perteneciente o relativo a la actividad política. Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”.
La palabra política ha tenido y tiene diferentes connotaciones. En la mayoría de los círculos evangélicos en Colombia, (y Latinoamérica?) su connotación es negativa. Una de las razones de la misma es el historial de corrupción de los partidos políticos tradicionales y las no muy afortunadas experiencias de participación de cristianos en la arena política.
Quizás la animadversión del pueblo evangélico ha sido más hacia el concepto y práctica de la “politiquería” el cual responde mejor a la realidad con que se ha hecho la política en América Latina.
Ateniéndonos a su origen etimológico la palabra política viene del sustantivo griego polis que significa ciudad. El verbo politeuomai se ha traducido como administrar o gobernar una ciudad. Asi entonces, el término política llegó a significar el arte o ciencia de gobernar o administrar una ciudad, pueblo o estado. (Ramírez p.13)
El doctor Jaime Ortiz H. primer representante evangélico en una Asamblea Nacional Constituyente en Colombia, agrega a la definición anterior la de “hacer política” Para Ortiz ésta es la responsabilidad que tiene una persona de administrar con justicia, eficiencia y honestidad, la ciudad. (Ortiz p.14)
Ampliando un poco más el significado, el teólogo e historiador Pablo A. Deiros habla de dos conceptos del término: Uno amplio o general y otro específico. En su sentido general “La palabra política define los medios y la ética de las relaciones sociales. Política, es entonces, todo lo que tiene que ver con el bienestar común en términos de una nación en sus relaciones internas y externas” (Deiros p.10)
En su sentido específico, la política es llevar a la práctica ese bien común por medio de organizaciones de ciudadanos que procuran usar el poder para implementar sus propias ideologías. Deiros llama a la general, la política con mayúscula y a la específica la política con minúscula. (Deiros p.11)
2. BASES BIBLICO-TEOLOGICAS DE LA PARTICIPACION DEL CRISTIANO EN POLITICA (RELACION IGLESIA-ESTADO)
Otra manera de expresar la participación del cristiano en política es hablar de la responsabilidad del cristiano frente al estado.
James P. Eckman cree que la responsabilidad del creyente hacia el estado es claramente enseñada en la Biblia. Cita por ejemplo la sentencia de Jesús en respuesta a la pregunta de sus discípulos en relación con el pago de impuestos: “Dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios” Mr.12:13-17, la exhortación del apóstol Pablo a someterse al estado Rom.13:1-7 y su invitación a interceder por los “que están en eminencia” 1Tim.2:1-7
Para Eckman son básicamente cuatro los deberes del cristiano frente al estado: Respetar al estado, por cuanto el estado es ministro de Dios, Obedecer a sus representantes y leyes, pagar los impuestos y orar por las autoridades constituidas. (Etica Cristiana, págs.261-265)
Karl Barth, piensa que “La súplica de 1Tim. 2: 1 es la más íntima y la que al mismo tiempo abarca y radicaliza todas las demás” exhortaciones del Nuevo Testamento a los creyentes en relación con el estado. (Barth, p. 59)
Bajo esta premisa incluye otros deberes como el respeto a las autoridades, aunque aclara que el mismo debe adoptar la forma crítica cuando el poder estatal se extravía de la disposición divina.
Menciona también la prestación del juramento y el servicio militar con las naturales reservas cuando se está frente a un estado totalitario u homicida. Incluye además la elección responsable de la autoridad, decisión responsable sobre las leyes, atención responsable a su cumplimiento.
Concluye afirmando que la iglesia al realizar “La auténtica predicación y enseñanza escriturística y la auténtica administración de los sacramentos, es la que desde el punto de vista de la criatura, apoya y mantiene al estado” (Barth, p.74)
René Padilla, conocido teólogo latinoamericano, en su ponencia “El estado desde una perspectiva bíblica” afirma que los escritores bíblicos no enfocan directamente el tema del estado, porque para ellos el poder político institucionalizado es un hecho cuya realidad histórica no necesita comprobarse.
Hace una exégesis de Rom.13:1-7, pasaje en el que según el, encontramos la enseñanza apostólica sobre la que debe ser la actitud cristiana frente al poder político. Esa actitud debe ser una de sometimiento a las autoridades políticas, a las cuales Dios ha delegado la responsabilidad de castigar el mal y fomentar el bien. (Deiros, págs 23-29)
3. REVISION HISTORICA
La participación política de las diferentes iglesias y denominaciones a través de la historia ha adoptado múltiples expresiones. En esta revisión se incluyen dos tradiciones representativas del espectro cristiano evangélico en América Latina.
a. IGLESIAS REFORMADAS
Sydney H. Rooy en su ponencia “Relaciones de la iglesia con el poder político”- modelo reformado- comienza citando el libro del expresidente colombiano Alfonso López Michelsen “La estirpe calvinista de nuestras instituciones políticas” Según su prologuista monseñor Carlos José Romero, desde el renacimiento hay dos tendencias enfrentadas en el mundo: La católica y la protestante. Esta última es “herencia del dualismo maniqueo, revisada por Lutero y Calvino, según la cual la santidad es imposible al hombre…de ahí que la política prescinda de toda consideración moral ya que la actividad exterior del hombre jamás puede ser buena, ni contribuir a su destino futuro” (Deiros, p.42)
En la conclusión de su libro, López Michelsen afirma que la separación de la iglesia y el estado, y su división de la vida del hombre y de la sociedad, es la raíz de los males políticos de nuestro tiempo. (Deiros, p.43)
Rooy hace un estudio detallado del modelo de la relación Iglesia-Estado en la ciudad de Ginebra bajo la tutela de Calvino. Afirma entre otras cosas que si bien en teoría Calvino quiso la separación de la iglesia y el estado, en la práctica fue muy difícil mantener separadas las funciones eclesiásticas y políticas.
Aunque para algunos la experiencia de Ginebra puede considerarse una teocracia, para Rooy esto no haría justicia a la posición calvinista que procuró separar la iglesia como cuerpo místico de Cristo, del cuerpo político, dos regímenes distintos aunque complementarios, necesarios para el bien común. El mismo Calvino mostró su preferencia por el “gobierno de muchos”.
b. IGLESIAS BAUTISTAS
En su ponencia “Relaciones de la iglesia con el poder político –Modelo Bautista-”, Pablo A. Deiros, menciona tres como las posturas que en esta materia han mantenido los bautistas en su participación política, dígase en su relación con el estado: Compromiso, descompromiso y algunos modelos alternativos.
Como ejemplos de la primera posición cita el papel que cumplieron los bautistas en Inglaterra durante la revolución liderada por Oliver Cromwell en 1642.
Entre los Bautistas en Norteamérica durante el período de la colonización inglesa destaca Rogelio Williams (1603 a 1683) a quien Deiros considera un separatista extremo. El promovió una teoría política que llamó “la doctrina de las dos tablas”. Basado en el principio de la libertad religiosa introdujo también la separación de la iglesia y el estado, lo cual aplicó a la colonia que había fundado.
Después de la declaración de independencia, los bautistas lograron influir en la elaboración de la constitución política de los Estados unidos.
Durante el siglo XIX la participación de los bautistas en la política interior y exterior fue notable aunque no unánime. En la guerra con México (1845-1848) por ejemplo, los bautistas del sur ofrecieron su apoyo mientras los del norte se opusieron. En la guerra civil, los bautistas del norte la consideraban una cruzada contra la abolición de la esclavitud mientras los del sur apoyaron la confederación. Esto llevó a la división de las tres grandes denominaciones: Metodistas, presbiterianos y bautistas.
En el siglo XX, los bautistas han mostrado un compromiso evidente con la cuestión política y social.
Deiros resume su esbozo histórico opinando que en general los bautistas en el mundo anglosajón han mostrado un compromiso responsable frente a su participación en asuntos de política.
Paradójicamente, como ejemplo de la segunda posición, el descompromiso frente al poder político, Deiros menciona la de los bautistas en Latinoamérica. Dice “En ciertos casos, tal actitud ha llegado al borde de la indiferencia o abulia en materia política, cuando no, al rechazo total y oposición a toda forma de gesto político” (Deiros, p.110)
Como actitudes alternativas menciona los movimientos de carácter defensivo, como los emprendidos en defensa del ideario bautista, los principios humanitarios y de ciertos valores. Otras actitudes han sido más agresivas como la promoción de la acción evangelizadora de la iglesia.
4. DEBE EL CRISTIANO PARTICIPAR EN POLÍTICA: ¿CUAL POLITICA?
Después de revisar las consideraciones bíblico-teológicas e históricas en relación con la participación del creyente en política, la respuesta a la pregunta planteada se hace más compleja. No puede responderse con un simple si o no.
Por un lado, la falta de participación de la iglesia y de los cristianos en la política, obedece a varias razones: En primer lugar una conceptual: La concepción que se tiene acerca de la política. La mayoría de los cristianos manejan el concepto de “política con minúscula” y al considerarla como algo corrupto y corruptor optan por abstenerse de todo tipo de relación con aquello que “huela” a política. Esta posición se ha expresado con frases tales como: “El poder corrompe”, “No es posible ser cristiano y político al mismo tiempo”
En segundo lugar, hay una razón sociológica: La mayoría de los miembros de nuestras iglesias han sido personas de estratos socio-económicos bajos, los cuales han sido históricamente excluidos de las acciones políticas con excepción de la del voto útil a favor de los partidos tradicionales en época de elecciones.
En tercer lugar existe una razón teológica. Tal como anota Deiros: Énfasis teológicos como el dualismo (Espíritu-materia, evangelismo-acción social), el fundamentalismo, escatologías como la dispensacionalista han contribuido a la ausencia de participación del creyente en acciones políticas concretas (Deiros, p. 112)
También puede anotarse una razón misiológica. A la mayoría de los misioneros que llegaron a América Latina sus agencias misioneras les prohibían, por razones obvias, involucrarse en cualquier tipo de intervención en la política doméstica. Su influencia y su ejemplo cundieron en las nuevas congregaciones que se levantaron con la misma mentalidad.
Esta realidad ha venido cambiando, sin embargo, desde el último cuarto del siglo veinte. Evidencia de ese cambio la constituyen experiencias como las de Brasil, Perú, Guatemala, Colombia, que sin ser del todo afortunadas, reflejan una apertura del pueblo evangélico a participar en favor del bien común de su ciudad o nación por medio de organizaciones políticas constituidas para dicho fin.
Ahora, es necesario distinguir entre la participación en política del creyente o un grupo de creyentes en forma individual y una iglesia local o denominación cristiana.
Como anota Eckman no hay mandamientos expresos ni evidencias en la Biblia de la participación en política de una congregación local, (Etica Cristiana, págs 268,69)
Deiros puntualiza por otro lado que ningún partido político puede abrogarse el título de cristiano o evangélico ya que ninguno puede expresar absolutamente los contenidos de la fe. (Deiros, p. 11)
CONCLUSION
A partir de una revisión somera de la Biblia y de la historia se puede concluir que el cristiano en particular y la iglesia en general no pueden dejar de participar en política. La pregunta de rigor sería entonces no si el cristiano debe sino cómo debe participar en política. Como el mismo Deiros anota, si bien el cristiano no está obligado a militar en un partido o causa política (política con minúscula) si tiene la responsabilidad de “hacer política” con mayúscula (Deiros, p.12)
En otras palabras, no se puede ser apolítico. Decidir no participar en política es asumir una posición política. Como Harvey Cox dijera “No decidir es decidir”
Esa participación en la política debe por un lado expresarse en sus responsabilidades para con el estado (Tal y como han sido consideradas) pero también en el caso de creyentes que son ciudadanos de regímenes democráticos: Ejerciendo su derecho al voto, manteniéndose informado de los asuntos sociales, económicos y políticos de su nación, Evaluando al gobierno, sus representantes y políticas a la luz de la Biblia y promoviendo la justicia. (Etica Bíblica, págs 265-268)
Para Ortiz es “éticamente imperativo que nosotros aportemos al país lo que como cristianos debemos aportar” (Ortiz p.17)
La motivación con la cual se quiere participar en política es importante. Si el creyente al igual que los politiqueros tradicionales quiere acceder al poder para servirse a si mismo o exclusivamente a su propia comunidad religiosa, mas bien debe abstenerse de participar.
La motivación del verdadero cristiano debe ser la de procurar el bien común de la ciudad, estado o nación que le ha elegido. (Ortiz, págs 15,16)
Karl Barth, John H. Yoder y otros coinciden en que la mejor manera en que la iglesia puede participar políticamente es siendo iglesia y cumpliendo su misión en el mundo.
Barth afirma“Asi como la justificación divina es el continuo legítimo, asi la iglesia es el continuo político. Y el hecho de que lo sea es su primera y fundamental contribución con el estado. Solo necesita ser iglesia para serlo también de hecho” (Comunidad, p.66)
Por su parte Yoder citando a J.H. Oldham puntualiza: “La iglesia está preocupada por su tarea fundamental de recrear una nueva vida social verdadera, de dos maneras. En primer lugar, su contribución más grande a la renovación de la sociedad es a través del cumplimiento de sus funciones primarias de predicar la palabra y de su vida como comunidad de adoración.” (Yoder, p.115)
BIBLIOGRAFÍA
Barth Karl. Comunidad Cristiana y Comunidad civil. Trad. Por Diorki. Barcelona: Editorial Fontanella, 1976, 139 págs.
Deiros, Pablo Alberto. Los evangélicos y el poder político en América Latina. Grand Rapids: Nueva Creación-W.B. Eerdmans Publishing Company, 1986, 361 págs.
Ortiz Hurtado Jaime. Biblia y buen gobierno. 1a ed. Bogotá: Edision, 1995, 51 págs.
Ramírez Marco Fidel. Política: Principios y peligros. 1a ed. Bogotá: Ed. Nuevo liderazgo, 1996, 147 págs.
Nyenhuis, Gerald y James P. Eckman. Ética cristiana: Un enfoque bíblico-teológico. Miami: Logoi, 2002, 570 págs.
Yoder John H. Jesús y la realidad política. Downers Grove: Ed. Certeza, 1985, 220 págs.

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MEA CULPA DE LA IGLESIA CATÓLICA


La Iglesia Católica, como institución eclesiástica, debería pedir diferentes “mea culpa” por tanta humillación a la Iglesia como Pueblo de Dios y también a los no creyentes.

Con motivo de los escándalos causados por los sacerdotes católicos y pederastas, se han levantado voces exigiendo que la Iglesia Católica, por voz del Papa, pida abiertamente perdón, con un leguaje claro, directo, sin miedo, sin dar rodeos en el vocabulario, como es tan frecuente en los documentos y discursos del Papa y de los monseñores del Vaticano.

La Iglesia Católica, convertida en un sistema eclesiástico, monárquico, autoritario, vertical, inquisidor, legalista y leguleyo, burocrático… está en mora de pedir varios o muchos perdones, por tantas heridas abiertas, por tantas llagas que no han sido curadas, por tanto mal que causó a millones de personas, a lo largo de la historia, y que sigue causando en nuestros días.

Esos “mea culpa” deben comenzar desde el momento en que la Iglesia se alía con el imperio romano, y los dos imponen su “Ley”, sin contemplaciones. En la medida en que el imperio romano desaparece, se va construyendo el imperio eclesiástico.

PECADOS DE LA IGLESIA CATÓLICA.
La institución eclesiástica debe pedir perdón, entre otros, por los siguientes pecados:

1. Por haber impuesto el Evangelio y el bautismo por decreto, con el apoyo del brazo secular. Eso fue un atropello para diferentes pueblos, comenzando por el pueblo romano, sin olvidar “el requerimiento” a los pueblos aborígenes de Abya Ayala. Jesús no presionó ni castigó ni puso en la picota pública a nadie por no aceptar su predicación y mensaje.

2. Por imponer castigo a quienes no aceptaran y practicasen los ritos que la Iglesia impuso de manera obligatoria, por ejemplo, la Pascua, la comunión frecuente, la confesión individual, el matrimonio, la misa dominical y en días festivos…

3. Por la concepción misma de pecado y la clasificación de los pecados: mortal, venial, perdón reservado al Papa, perdón reservado a los obispos… Por la predicación tenebrosa del diablo y del infierno y sus castigos que tantas angustias produjo y produce en los fieles.

4. Por coartar, por siglos, la libertad de pensamiento, opinión, escritura, expresión, reunión… , que significó la persecución crónica a pensadores, teólogos, escritores, predicadores, etc., que pusieron o ponen en tela de juicio la teología oficial, es decir, la del Papa y su curia, como la única teología de la Iglesia. Tampoco las mujeres pensantes han escapado a esa persecución.

5. Por la persecución y castigo de los llamados herejes, a lo largo de la historia, porque tenían otra manera de hacer teología, de pensar, de opinar, de escribir, de predicar. Esta persecución continúa en nuestros días. Primó la represión y no el diálogo.

Bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI han sido llamados a juicio y/o castigados, más de doscientas personas, de todos los continentes, por su libertad de construir teología. Ratzinger ha sido el gran inquisidor de los tiempos actuales. Estos dos papas se ganan el primer premio en represión eclesiástica.

7. Por la acumulación inaudita de inmensas riquezas desde las donaciones de los emperadores romanos hasta nuestro días.Tierras-latifundios, ganados, esclavos, edificios suntuosos, acciones en fábricas y empresas…

Por la acumulación y concentración de tierras en los llamados Estados Pontificios, diócesis, parroquias y comunidades religiosas.

8. Por perseguir, enjuiciar, castigar y hasta asesinar a quienes pusieron en tela de juicio el sistema de riquezas, particularmente desde la Edad Media: Pobres de Lyón, Valdenses, corrientes tipo franciscano, albigenses… Sistema de riqueza contra el cual levantaron todavía la voz diferentes obispos durante el Concilio Vaticano II, donde se planteó la Iglesia Pobre y la Iglesia de los Pobres.

9. Por las alianzas con los poderosos de este mundo. Con el poder político, con el poder económico y con el poder militar y con los sectores más conservadores, también a lo largo de la historia hasta nuestros días. Por el apoyo directo e indirecto a las dictaduras militares en América Latina, en los años sesenta-setenta-ochenta del siglo XX. Hubo nuncios que apoyaron las dictaduras.

10. Por las guerras que desató, las guerras que apoyó, y por las múltiples violencias y miles de muertos que produjo esas guerras.

11. Por la defensa de las monarquías como forma de gobierno de Derecho Divino, y peor aún, por el apoyo a las monarquías absolutistas y la negación de la democracia. “Con razón” el pontificado ha sido y es una monarquía todavía. El Papa tiene todos los poderes en la institución eclesiástica: enseña, gobierna, enjuicia y castiga.

En el caso de América Latina, hasta el año de 1837 los papas y el Vaticano seguían en contra de la independencia. Por las excomuniones que sufrieron todos los independentistas, comenzando por Bolívar.

12. Por la creación del Estado del Vaticano, que es una aberración evangélica. No es una necesidad de los tiempos sino una contradicción con relación a la vida y a la manera de actuar de Jesús de Nazaret.

Y por la creación de este “sistema eclesiástico”, vertical, monárquico, clerical, autoritario, centralizador, inquisidor, ritualista, legalista, promotor de la milagrería… Sistema que se auto reproduce a partir de favoritismos y amiguismos episcopales y cardenalicios. Es un “nepotismo” no de sangre sino de “buenas relaciones” dentro de ese sistema, para dominar al Pueblo de Dios.

13. Por las teologías construidas contra diferentes sectores sociales: Las mujeres y el antifeminismo clerical; el sostenimiento de la esclavitud y el mercado de millones de personas negras; el racismo contra los y las indígenas, que colaboró en el exterminio de millones de aborígenes; la homofobia contra los homosexuales y las lesbianas; el odio contra la población judía que terminó en el Holocausto…

Por la pseudo teología sobre las cuestiones sexuales que tanto martirizó y martiriza.

14. Por los abusos cometidos contra esos sectores sociales. La expropiación y robo de las tierras de los indígenas, hecha por el Papa Alejandro VI, en 1593, para regalarlas a las coronas de España y Portugal. Ese robo no ha sido restituido. Todavía en teología, todo robo es un pecado.

Por haber excluido a los indígenas durante varios siglos del sacerdocio y del episcopado.

Por la compra-venta de esclavos por papas, obispos, sacerdotes y comunidades religiosas y por haber negado a la población negra el acceso al sacerdocio y al episcopado.

Por dejar a las mujeres por fuera del sacerdocio, del episcopado y otras responsabilidades eclesiales y eclesiásticas.

Por oponerse a la autodeterminación de las mujeres en todo lo que tiene que ver con la salud sexual y reproductiva de las mismas y los temas pertinentes.

No es casual que el Vaticano haga causa común con los delegados de los gobiernos conservadores islamistas, en los debates relacionados con las mujeres, las cuestiones sexuales y la homosexualidad, en los espacios de la ONU, para oponerse a los cambios que estos tiempos exigen.

Por la pederastia y por el abuso sexual de niñas y mujeres, de parte de muchos sacerdotes, de cuyas relaciones han nacido hijos e hijas.

Por la cantidad de excomuniones lanzadas de manera injusta, a lo largo de los siglos.

Por la presión religiosa, social y psicológica que ejercen los párrocos y sacerdotes, todavía, contra personas y parejas por su estilo de vida. Por ejemplo, el no respeto a la unión libre, al matrimonio civil, al divorcio…

15. Por la creación del Índice o catálogo de libros prohibidos de leer, es decir, por considerar a los creyentes como personas inmaduras, incapaces de tener juicio personal e individual.

16. Por la negación de las ciencias exactas y el castigo a sus promotores. El caso Galileo como símbolo. En estos años levantan la voz contra investigaciones que tienen que ver con las ciencias biológicas, en el campo humano.

17. Por la elaboración y proclamación del Syllabus, en 1864, texto-catálogo que enumera y condena las llamadas ideas modernistas: democracia, libertad de conciencia, libertad de prensa, libertad de opinión, libertad de expresión, libertad de culto…

18. Por considerarse la poseedora de la verdad, y sentar cátedra sobre todo lo divino y todo lo humano. Se puede hablar de un imperialismo teológico, desde el Vaticano. La autoridad eclesiástica piensa que si no da su punto de vista sobre todas las cosas, la humanidad se va por el mal camino. Y sobre todo cuando este derecho se lo toman el Papa y unos pocos eclesiásticos, en el Vaticano, sin consultar con el conjunto del pueblo de Dios.

PECADOS DE LAS IGLESIAS PROTESTANTES.
También las protestantes

Las iglesias protestantes también tienen responsabilidades históricas por las cuales deben pedir perdón, porque en diferentes cuestiones obraron de la misma manera que la Iglesia Católica. Y también las iglesias evangélicas que aunque recientes, también imponen una teología y unas prohibiciones muy poco evangélicas. Además se inventaron la teología de la prosperidad y la insistencia excesiva y enfermiza en los diezmos y primicias, para acumular riquezas y el milagrismo. Jesús de Nazaret nunca predicó diezmos y primicias, ni para él, ni para los apóstoles. La Iglesia primitiva no acumuló riquezas.


Héctor A. Torres Rojas
Visiones Alternativas

* Héctor A. Torres Rojas (Colombiano)
- Licenciado en teología y sociología.
- Dirigió dos revistas de circulación nacional e internacional: Solidaridad, Aportes Cristianos para la Liberación (1979-1991) y Utopías, Presencia Cristiana por la Vida (1992-2003).

viernes, 16 de abril de 2010

CONSEJOS PARA LOS POLITICOS CRISTIANOS


Frei BETTO
Teólogo brasilero y asesor de Lula da Silva, Presidente de Brasil.


1. Mantenga viva la indignación.

Verifique periódicamente si usted es realmente de izquierda. Adopte el criterio de Norberto Bobbio: la derecha considera la desigualdad social tan natural como la diferencia entre el día y la noche. La izquierda, por el contrario la encara como una aberración a erradicar.

Cuidado: usted puede estar contaminado por el virus socialdemócrata, cuyo principal síntoma es utilizar métodos de derecha para obtener conquistas de izquierda y, en caso de conflicto, desagradar a los pequeños para no quedar mal con los grandes.


2. La cabeza piensa donde pisan los pies.

No es posible ser de izquierda sin mancharse los zapatos allá donde el pueblo vive, lucha, sufre, se alegra y celebra sus creencias y sus victorias. Teoría sin práctica es hacerle el juego a la derecha.


3. No se avergüence de creer en el socialismo.

El escándalo de la Inquisición no hace que los cristianos abandonen los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el Este europeo no debe llevarle a usted a desterrar el socialismo del horizonte de la historia humana.

El capitalismo, que está en vigor hace ya 200 años, ha fracasado para la mayoría de la población mundial. Hoy somos 6 mil millones de habitantes. Según el Banco Mundial, 2.800 millones sobreviven con menos de 2 dólares por día, y 1.200 millones con menos de un dolar por día. La globalización de la miseria no es mayor gracias al socialismo chino, que, a pesar de sus errores, asegura alimentación, salud y educación a 1.200 millones de personas.


4. Sea crítico sin perder la autocrítica

Muchos militantes de izquierda cambian de lado cuando empiezan a buscar tres pies al gato. Marginados por el poder, se vuelven amargados, y acusan a sus compañeros/as de errores y vacilaciones. Como dice Jesús, ven la paja en el ojo del otro, y no la viga en el suyo. Ni se comprometen para mejorar las cosas. Se quedan como meros espectadores y jueces, y, poco a poco, son cooptados por el sistema.

La autocrítica no consiste sólo en admitir los propios errores, sino admitir ser criticado por los/as compañeros/as.


5. Sepa diferenciar entre militante y "militonto".

Militonto es aquel que presume de estar en todo, participar en todos los actos y movimientos, actuar en todos los frentes. Su lenguaje está lleno de las grandes palabras y los efectos de su acción son superficiales.

El militante profundiza sus vínculos con el pueblo, estudia, reflexiona, medita; se cualifica en una determinada forma y área de actuación o actividad, valora sus vínculos orgánicos y los proyectos comunitarios.


6. Sea riguroso en la ética de la militancia

La izquierda actúa por principios. La derecha, por intereses. Un militante de izquierda puede perder todo -la libertad, el trabajo, la vida…- menos la moral. Sin moral, desmoraliza la causa que defiende y encarna, y presta un inestimable servicio a la derecha.

Hay tipos amarillos disfrazados de militantes de izquierda. Es el sujeto que se compromete teniendo en vista sobre todo su ascenso hacia el poder. En nombre de una causa colectiva, busca en realidad su interés personal.

El verdadero militante -como Jesús, Gandhi, Che Guevara- es un servidor, dispuesto a dar la propia vida para que otros tengan vida. No se siente humillado por no estar en el poder, ni orgulloso por estarlo. El no se confunde a sí mismo con la función que ocupa.


7. Aliméntese con la tradición de la izquierda.

Es preciso oración para cultivar la fe, cariño para nutrir el amor de la pareja, y "volver a las fuentes" para mantener encendida la mística de la militancia. Conozca la historia de la izquierda, lea (auto) biografías como el "Diario del Che en Bolivia", y novelas como "La Madre" de Gorki, o "Las uvas de la ira" de Steinbeck.


8. Prefiera el riesgo de equivocarse con los pobres, a la pretensión de acertar sin ellos.

Convivir con los pobres no es fácil. Primero suele darse una tendencia a idealizarlos. Luego se descubre que entre ellos se dan los mismos vicios que en las demás capas sociales. Ellos no son mejores ni peores que los demás seres humanos. La diferencia es que son pobres, o sea, personas privadas injusta e involuntariamente de los bienes esenciales de la vida digna. Por eso es por lo que estamos a su lado. Por una cuestión de justicia.

Un militante de izquierda jamás negocia los derechos de los pobres y sabe aprender con ellos.


9. Defienda siempre al oprimido, aunque aparentemente no tenga razón.

Son tantos los sufrimientos de los pobres del mundo que no se puede esperar de ellos actitudes que tampoco siempre aparecen en la vida de quienes tuvieron una educación refinada.

En todos los sectores de la sociedad hay gente corrompida y bandidos. La diferencia es que, en la élite, la corrupción se hace con la protección de la ley y los bandidos son defendidos mediante mecanismos económicos sofisticados, que permiten que un especulador lleve una nación entera a la ruina.

La vida es el don mayor de Dios. La existencia de la pobreza clama al cielo. No espere jamás ser comprendido por quien favorece la opresión de los pobres.


10. Haga de la oración un antídoto contra la alienación.

Orar es dejarse cuestionar por el Espíritu de Dios. Muchas veces dejamos de rezar para no oír el llamado divino que exige nuestra conversión, o sea, el cambio de rumbo en la vida. Hablamos como militantes y vivimos como burgueses, acomodados, o en la fácil posición de jueces de quien lucha.


CRISIS DE IGLESIA CATÓLICA

Joseph Ratzinger –ahora el papa Benedicto XVI– y yo fuimos los teólogos más jóvenes en el Concilio Vaticano II de 1962 a 1965. Ahora somos los mayores y los únicos que seguimos en plena actividad. Siempre entendí que mi trabajo de teólogo estaba al servicio de la Iglesia Católica Romana. Por ello, con ocasión del quinto aniversario de la elección del papa Benedicto XVI, hago este llamado en una carta abierta. Al hacerlo, estoy motivado por mi profundo interés por la Iglesia, que ahora se encuentra en la peor crisis de credibilidad desde la reforma protestante. Por favor, disculpen el formato de una carta abierta; lamentablemente, no tengo otra manera de llegar a ustedes.

Mis esperanzas y las de los católicos que esperan que el Papa encuentre su manera de promover una renovación de la Iglesia y un acercamiento ecuménico en el espíritu del Concilio Vaticano II no han sido, lamentablemente, satisfechas. Su pontificado ha dejado pasar más oportunidades de las que ha tomado: se perdieron las oportunidades de acercamiento con las iglesias protestantes, de la reconciliación a largo plazo con los judíos, del diálogo con los musulmanes en una atmósfera de confianza mutua, de reconciliarse con los colonizados pueblos indígenas de América Latina y de dar asistencia al pueblo de África en su lucha contra el sida. Se perdió, también, la oportunidad de hacer que el espíritu del Concilio Vaticano II sea la brújula de toda la Iglesia Católica.

Este último punto, respetados obispos, es el más serio de todos. Una y otra vez, este Papa agregó calificativos a los textos conciliares y los interpretó contra el espíritu de los padres conciliares:

◦Regresó a los obispos de la tradicionalista Sociedad de Pío X a la Iglesia sin condiciones previas;
◦Promueve la medieval Misa Tridentina por todos los medios posibles;
◦Rechaza poner en marcha el acercamiento con la Iglesia Anglicana, que fue presentada en documentos ecuménicos oficiales por la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana;
◦Ha reforzado de manera activa las fuerzas anticonciliares en la Iglesia, designando a funcionarios reaccionarios en puestos clave en la curia y designando obispos reaccionarios en todo el mundo.

Y, ahora, sobre estas crisis aparecen escándalos gritados al cielo: la revelación de que clérigos abusaron de miles de niños y adolescentes en todo el mundo. Para hacer las cosas peor, el manejo de estos casos dio a lugar a una crisis de liderazgo sin precedentes y al colapso de la confianza en el liderazgo de la Iglesia. Las consecuencias de la reputación de la Iglesia Católica son desastrosas. Importantes líderes del clero ya lo han admitido. Varios inocentes y comprometidos pastores y educadores están sufriendo el estigma de sospecha que ahora cubre a la Iglesia.

Ustedes, obispos, deben enfrentar la pregunta: ¿Qué le pasará a nuestra Iglesia y a sus diócesis en el futuro? No es mi intención bosquejar un nuevo programa de reforma. Solo quiero hacerles seis propuestas que, estoy seguro, son apoyadas por millones de católicos que no tienen voz en la situación actual.

No se queden callados: Haciéndolo frente a tan serios agravios, se contaminan con la culpa. Cuando crean que algunas leyes, directivas y medidas son contraproducentes, deben decirlo en público. ¡No envíe a Roma muestras de su devoción sino haga un llamado a la reforma!

Empiecen la reforma: Muchos en la Iglesia y en el episcopado se quejan de Roma, pero no hacen nada. Ya sean obispos, sacerdotes o laicos, todos pueden hacer algo para renovar la Iglesia en su propio círculo de influencia. Muchos de los grandes logros que han ocurrido en parroquias individuales y en la Iglesia en general deben su origen a la iniciativa de un individuo o de un pequeño grupo. Como obispos, deben promover y apoyar esas iniciativas, y –en especial, por la situación actual– deben responder a las justas quejas de los fieles.

Actúen en un modo colegiado: Contra la persistente oposición de la Curia, el Concilio Vaticano II decretó la colegiatura del Papa y los obispos. En la era postconciliar, sin embargo, el Papa y la Curia han ignorado este decreto. Apenas dos años después del concilio, el papa Paulo VI publicó su encíclica defendiendo la controvertida ley de celibato sin consultarle a los obispos en lo absoluto. Desde entonces, la política y el magisterio papal han seguido actuando de esa antigua e incolegiada manera. Es por ello que no deben actuar solos, sino más bien en comunidad con otros obispos y con los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia.

La obediencia incondicional se debe solo a Dios: Aunque en su consagración episcopal tomaron un juramento de obediencia incondicional al Papa, ustedes saben que la obediencia incondicional nunca se debe a una autoridad humana; esta es solo para Dios. Por eso no deben sentirse limitados por su juramento para decir la verdad sobre la crisis actual que está enfrentando la Iglesia, sus diócesis y sus países. Presionar a las autoridades romanas con el espíritu de la fraternidad cristiana es permisible e, incluso, necesario cuando ellas fallan en cumplir con el Evangelio y su misión.

Trabajen por soluciones regionales: El Vaticano suele hacer oídos sordos a las bien fundadas demandas del episcopado, los sacerdotes y los laicos. Esta es razón suficiente para buscar sabias soluciones regionales. Como están bien al tanto, el rol del celibato –una herencia de la Edad Media– representa un problema particular delicado. En el contexto de los escándalos de abusos del clero de hoy, el celibato ha sido puesto en duda. Contra el deseo expreso de Roma, el cambio se ve apenas posible, pero esto no es razón para la resignación. Conferencias episcopales individuales pueden tomar la delantera con soluciones regionales. Sería mejor, sin embargo, buscar una solución para toda la Iglesia. Por ello:

Convoquen un concilio: Así como el logro de la reforma litúrgica, de la libertad de clero, del ecumenismo y del diálogo interreligioso necesitaron un concilio ecuménico, ahora se necesita un concilio para solucionar los problemas que se intensifican dramáticamente y que piden una reforma. En el siglo previo a la reforma protestante, el Concilio de Constanza decretó que los concilios debían efectuarse cada cinco años. Pero la curia romana logró evadir esta regla exitosamente. Por ello, depende de ustedes presionar para que se llame a un concilio o, al menos, una asamblea representativa de obispos.

Con la Iglesia en una profunda crisis, este es mi llamado, venerables obispos: pongan en uso la autoridad episcopal que fue reafirmada por el Concilio Vaticano II. En esta situación urgente, los ojos del mundo giran hacia ustedes. Innumerables personas han perdido su confianza en la Iglesia Católica. Solo reconociendo abierta y honestamente estos problemas y resolviéndolos y realizando reformas, la confianza puede ser recuperada. Con todo respeto, les pido que hagan su parte en el apostólico “sin miedo’ (Hechos 4: 29,31). Den a sus fieles signos de esperanza y estímulo y den a nuestra Iglesia la brújula para su futura dirección.

Con cálidos saludos en la comunidad de la fe cristiana,
Hans Küng

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10/04/10 - Vaticano: "Ratzinger no impidió expulsión de cura pedófilo"

Inglaterra: buscarán la detención del Papa durante su visita
Algunos intelectuales británicos impulsan esta pretensión por su presunto encubrimiento de casos de pederastia en la Iglesia.

Dos científicos británicos buscarán la detención del papa Benedicto XVI por “crímenes contra la humanidad” durante su próxima visita al Reino Unido, luego de que algunas acusaciones apuntan a que él ayudó a encubrir abusos de curas pedófilos.

El científico Richard Dawkins y el periodista Christopher Hitchens tienen intención de entablar las acciones necesarias ante la justicia británica y la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya, indicó el abogado del primero, Mark Stephens, al diario The Guardian.

Stephens agregó que quería obligar al Papa, que debe visitar Gran Bretaña del 16 al 19 de septiembre próximos, a explicarse sobre “cómo parece que antepuso la reputación de la Iglesia católica al bienestar de los niños”.

Aunque algunos especialistas en derecho Internacional dicen que esto no prosperaría porque el Papa goza de inmunidad “en tanto que jefe de Estado”, el abogado de los dos intelectuales argumenta que el Vaticano no es un Estado propiamente dicho, por lo que el que el Papa no tiene este beneficio.

El Papa “no está por encima de la ley”, agregó Hitchens en la prensa británica. “La ocultación institucionalizada de violaciones de niños es un crimen en todas las legislaciones, sean cuales sean”.

De otro lado, el Vaticano publicó hoy una guía en Internet para gestionar las acusaciones de abusos, en un esfuerzo más por desviar las críticas a su respuesta al escándalo.

jueves, 15 de abril de 2010

HOMENAJE AL DR.OBIDIO RUBIO MERCEDES

CARTA DE FELICITACIÓN DEL "NÚCLEO POLÍTICO EVANGÉLICO DE LA LIBERTAD-PERÚ"
"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento" OSEAS 4:6

El "Núcleo Político Evangélico de La Libertad-Perú", felicita al Dr. Obidio Rubio Mercedes, por su triunfo, como nuevo Decano Nacional del "Colegio de Matemáticos del Perú", que al igual que el obtenido por el Dr.José Antonio Ñique de la Puente, fortalecen el campo popular profesional, en la búsqueda de una nueva sociedad diferente al capitalismo salvaje neoliberal.
Paz y Bien hermano Obidio.

Ubaldo Tejada Guerrero.
http://www.nucleopolitico.tk



CARTA DEL HERMANO OBIDIO RUBIO MERCEDES
Estimado Hermanos:
Hago llegar mi mas sincero saludo y a la vez invitarlos a la cermonia de transferencia de cargo del COLEGIO DE MATEMATICOS DEL PERU - COMAP, que se llevara a cabo el dia Viernes 16 de Abril del presente en el local del Colegio de Ingenieros del Peru, Av. Arequipa 4947- Distritio de Miraflores a las 18.00 horas.

Que Dios los Bendiga a todos Ustedes

Dr. Obidio Rubio Mercedes
Decano Nacional Electo

NÚCLEO POLÍTICO EVANGÉLICO DE LA LIBERTAD-PERÚ
"Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento"

domingo, 11 de abril de 2010

IGLESIA CATÓLICA OFICIAL

Iglesia Católica oficial: ¿Hasta cuándo?
Rodrigo Montoya Rojas
[Publicado en la Primera 11/04/10 en su columna "Navegar río arriba"]

Acaba de terminar la “semana santa” con su tradición de fe católica cada vez menor, los viajes turísticos de jóvenes que llegan a Ayacucho -por ejemplo- a divertirse, beber y pasarla en grande, mientras las procesiones avanzan entre flores, Música y devoción. Me cuentan los amigos que en la última semana hubo poco turismo y muchas borracheras, no sólo de los que llegan de fuera sino también de ayacuchanos (as) nativos. El alcohol ocupa todos los espacios posibles, gracias la extraordinaria crisis de civilización que vive el mundo.

La tradición de la Semana Santa cayó como un agua de rosas benditas a la jerarquía católica que trataba de callar y ocultar el escándalo mundial producido por curas pedófilos en Estados Unidos e Irlanda, principalmente, y la complicidad del Papa actual, según el New York Times. ¿Imaginan lectoras y lectores lo que significa que la Iglesia Católica norteamericana ha gastado hasta ahora tres mil millones de dólares para tratar de ocultar los delitos sexuales de sus curas? Juan Luis Cipriani pidió la cabeza del ministro Óscar Ugarte por autorizar otra vez la distribución de la píldora del día siguiente. Ugarte tiene razón porque esa píldora no es abortiva. Lo respaldan la Organización Mundial de la salud y otras instituciones médicas. Por debajo de todo está el derecho de las mujeres para disponer de sus cuerpos y tener los embarazos que quieran. ¿Qué se cree el arzobispo de Lima para pedir la cabeza de un ministro? Se siente dueño de la verdad que le habría sido “revelada” por su dios. Ya los tiempos pasaron para seguir creyendo en esos cuentos.

Acabamos de tener dos días feriados, (jueves y viernes) que junto a los de junio (29), noviembre (1) y diciembre (8 y 25) suman seis al año. No existe feriado alguno para la espiritualidad andino-amazónica (Apus y Pachamama), tampoco para otras religiones, y menos para los no creyentes. Como en tiempos de Pizarro, dicen que aquí la “única” religión y, además, “verdadera”, es la católica. Se trata de un monumental abuso católico con la complicidad del Estado y sus gobiernos.

¿Qué hacer? Está aún pendiente un largo proceso para conseguir que el estado peruano sea laico en el cabal sentido de la palabra. De dos cosas una: podría haber un feriado al año en el que cada una de las religiones existentes en el país haga las celebraciones que quieran para sus dioses o, ninguno y que los festejos se hagan en privado. Si el gobierno quiere promover el turismo interno, que lo haga abiertamente, con dos feriados previos a un fin de semana sin vinculación alguna con el calendario católico. Con las dos propuestas el país ganaría en sinceridad y quedaría atrás la colonial hipocresía de Iglesia Católica. ¿No sería mejor que los católicos celebren sus fiestas en familia y sin borracheras y dobleces? ¿Sería posible imaginar que haya en Perú un grupo de congresistas capaces de presentar proyectos de ley para abrirle un camino a estas dos propuestas?