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sábado, 2 de febrero de 2013

La espiritualidad revolucionaria…en la encrucijada latinoamericana


Autor/a: Carmelo Álvarez
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01/02/2013

Carmelo Álvarez, misionero y profesor de la historia del cristianismo. Es conferencista y asesor teológico como consultor en educación teológica en Latinoamérica y el Caribe, nombrado por la Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Cristian (Discipulos de Cristo) y la "Iglesia Unida de Cristo" en Estados Unidos.

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He seguido de cerca los eventos en Chile este fin de semana. Hemos hecho historia en más de un sentido. ¿Quién hubiera imaginado el traspaso de un presidente conservador, empresario multimillonario entregando la presidencia pro-tempore de la CELAC a Raúl Castro, revolucionario, presidente de Cuba? El dato se manipula en la prensa burguesa tratando de proyectar que esto no “significa nada” y que (como los gringos no estuvieron), “no se vale”. Pero el momento es de trascendental importancia.

Entonces, aparece Hugo Chávez presidiendo todo desde Cuba, con el beneplácito de Sebastián Piñera. Así las cosas, transitamos por un nuevo sendero jamás vivido en nuestro continente. Por más de 500 años nos dijeron que “no somos”, y debemos rechazar todo intento de desenfocar el verdadero significado histórico de este avance latinoamericano y caribeño. Somos y seremos, estamos aprendiendo.

Quisiera referirme a la implicación espiritual de todo esto. Podrá sonar extraño para los y las no-creyentes, pero lo que deseo es ir más allá de lo meramente religioso. Aquí nos vamos a enfocar en el terreno de la espiritualidad revolucionaria, la que siempre ha inspirado a los seres humanos que abrazaron un proyecto histórico de liberación con sus pueblos. Pueden llamarse Simón Bolívar, José Martí, Antonio Maceo, José Artigas, Bernardo O’Higgins, Segundo Ruiz Belvis, Manuelita Sanz, Fidel Castro, Hugo Chávez, entre otros y otras. Lo fundamental aquí es la causa que abrazaron, sus razones y la entrega de vida que las acompaña. Una espiritualidad que tiene fuerza moral y ética, entrega y pasión; destino y horizonte.

Ubiquemos a Fidel, nuestro comandante caribeño. Toda su lucha y proyecto ha estado marcada por una profunda convicción espiritual: liberar a un pueblo, ser ejemplo para otros, entregar la vida por ello aunque se sufra y se pueda morir. Recuerdo mis días de estudiante en la Universidad de Puerto Rico para escuchar los discursos de Fidel Castro con nuestros radios de onda corta. ¡Y le creímos!

Los cálculos de los que no ven más allá del milagro es que Fidel hace rato debiera haber desaparecido del planeta. No sólo le desearon la muerte, conspiraron para intentar matarlo mil veces. Estuvo enfermo…y pareciera que todo es milagro porque no debiera estar acercándose a los 90 agostos.

Esa ruta del milagro es fascinante. Chávez relata de sus conversaciones con Fidel y concluyeron que existe una “llamarada”, metáfora excepcional para decir que una luz los ha alumbrado y los alumbra. Hugo Chávez dice con profunda convicción que “uno siempre ha vivido del milagro”, “yo sigo aferrado a ese milagro”, “yo estoy aferrado a Cristo”. Y una madrugada conversando con Fidel me dijo, “yo le vi frente a frente esos ojos luminosos a la Madre Teresa, que jamás olvidaré”. Y tengo testigos.

En los avatares de estos procesos y luchas, los que somos creyentes desde una fe religiosa pensamos que no es solo magia. Es un milagro marcado por la más serena y convincente presencia del Misterio. Yo respeto a los y las que no profesan una fe religiosa. Pero reclamo, con alguna convicción moral, espiritual y política, que no es posible luchar…y tener una energía vital, sin una espiritualidad revolucionaria. Es saberse acompañado de una fuerza que impulsa y sostiene.

Alguna vez en La Habana conversé por varias horas con Don Mario Benedetti, ese uruguayo universal y tan espiritual. Me leyó algunos de sus poemas. Compartimos sobre creencias e increencias. Esa noche me compartió un poema extraordinario (y Don Mario creía que él no era creyente), “Un padrenuestro latinoamericano”. Y cito el final de aquel poema teológico:

"No nos dejes caer en la tentación de olvidar o vender este pasado o arrendar una sola hectárea de su olvido. Ahora que es la hora de saber quiénes somos y han de cruzar el río el dólar y su amor contra reembolso. Arráncanos del alma el último mendigo y líbranos de todo mal de conciencia. Amén".

¡Que oración tan diáfana y actual!

Mis comandantes de la paz y del espíritu, fuerza en la hora de las definiciones. Hugo Chávez, espero estrechar su mano una vez más en Venezuela. Levántese, lo necesitamos. Fidel, el absuelto por la historia, salud y más salud. Nos veremos en Cuba, la revolucionaria, la de José Martí y de todos nosotros y nosotras. Siga enseñando desde esa reserva intelectual y reflexiva que le define y proyecta. Aún sus enemigos se lo agradecen.

Gracias a ambos por luchar por este proyecto histórico latinoamericano y caribeño, y los desafíos que tenemos por delante.

¡Hasta la victoria siempre! ¡Viviremos y venceremos!



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