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miércoles, 30 de septiembre de 2015

EVANGÉLICOS Y POLÍTICA. ¿QUÉ HACER?

Esperamos que los diez puntos que siguen puedan ofrecer alguna orientación, para hacer más fecundo nuestro aporte político a los países que habitamos.
A lo largo y ancho del continente, los cristianos evangélicos viven momentos de agitación, confusión, tentación y manipulación en su relación con la vida política. Este hecho se ve acentuado en tiempos de elecciones, cuando las coaliciones políticas están ansiosas de conseguir apoyo de un sector social numeroso, y cuando los creyentes se ven tentados a precisamente usarse a sí mismos como moneda de cambio. A los procesos eleccionarios que viven muchos de nuestros países, se une el hecho de que atravesamos grandes cambios culturales: los desafíos de hoy son muy distintos del tiempo en el que la Guerra Fría dictaba las coordenadas políticas y en que la oposición al catolicismo romano parecía para algunos evangélicos una suficiente hoja de ruta. Estos cambios y la desorientación que traen, así como el bochornoso actuar de muchos creyentes en política,  pueden llevar a que muchos evangélicos pierdan todo interés por la misma. Pero no es eso lo que queremos. Esperamos, por el contrario, que los diez puntos que siguen (y los links que ahí encontrarán a artículos donde hemos desarrollado más los diversos puntos) puedan ofrecer alguna orientación, para hacer más fecundo nuestro aporte político a los países que habitamos. No se trata aquí de ofrecer lineamientos para un movimiento político, sino más bien de recordar criterios que cristianos de variadas tendencias políticas debieran tener en cuenta a la hora de actuar políticamente.
1. Preocupémonos. Está muy bien que en la órbita de nuestras preocupaciones se encuentre la actividad política, cuya naturaleza es atender al bien de los hombres; no a todo bien del hombre, pero sí del hombre completo. El cristianismo no es una secta gnóstica que busque retirarse del mundo, sino que implica responsabilidad por un mundo caído pero creado como bueno. La actividad política no tiene como fin intrínseco el redimirlo, y es bueno tener un claro control de nuestras expectativas sobre la misma. Pero dicho control de expectativas no debe hacernos olvidar que en este mundo somos tanto peregrinos como ciudadanos. Busquemos el bien de la ciudad.
2. Seamos atrevidos y cuidadosos. Esas cualidades no suelen ir de la mano, pero debemos cultivarlas. Debemos ser atrevidos, pues solo tiene sentido participar si se va a enriquecer la vida pública con algo más que frases hechas. Tal enriquecimiento muchas veces pasa por sostener posiciones culturalmente impopulares, por instalar en la discusión temas que a pocos han importado. Pero debemos ser cuidadosos: también las creencias firmes pueden y deben ser planteadas de un modo que no nos haga parte de la política convertida en espectáculo. Hay que atreverse sin ser “atrevido”, pues demasiados creyentes tienden a confundir arrojo y valentía con impertinencia y desatino. Con eso se pone en juego no sólo la credibilidad de sus propias convicciones políticas, sino también la credibilidad del conjunto del testimonio cristiano. El cristianismo no entra a la arena pública a negociar sus convicciones, en el sentido de considerarlas transables a cambio de algo; pero la vida pública sí es un espacio de deliberación y orientación de los participantes al mutuo entendimiento. Quien no quiere el cuidado que eso implica, tampoco debe querer el atrevimiento.
3. Cultivemos independencia de juicio. La caza del voto evangélico nos hace participar de un sistema de clientelismo y mercado electoral que daña tanto a la iglesia como a la vida pública. Cierto complejo de inferioridad lleva con facilidad a que busquemos reconocimiento, volviéndonos presa fácil de ofertas que por lo de más constituyen migajas. ¿Por cuánto tiempo tendremos que seguir viendo iglesias interesadas en “promesas de x al mundo evangélico”? Poco importa si se cumplen o no, lo que importa es cómo perdemos de vista el bien común, cómo nos convertimos en grupo de interés, cómo confundimos el ser ciudadanos con ser grupo de lobby. Si no se deja esto de lado, las iglesias seguirán siendo para los políticos como la amante despreciable que se busca sólo para el momento. ¿Cómo corregir eso? No hay nada como saber que ya tenemos un Soberano, cuyo dominio no se limita a los resultados de una elección democrática y del cual somos embajadores. Estar satisfechos con la aceptación ante Dios es el primer paso para liberarse de esa búsqueda de reconocimiento. Con esa independencia se podrá desarrollar una mirada crítica ante tantos programas y partidos que circunstancialmente pueden acercarse al cristianismo, pero que no pueden constituir nuestra lealtad última. Solo si la independencia nace de tal raíz, nos podremos liberar del vicioso esfuerzo por mostrar independencia mediante una actitud puramente disidente. En esa actitud de mera disidencia, después de todo, confluyen tanto evangélicos de una izquierda puramente antisistema como evangélicos de un conservadurismo de solas negaciones (“no al aborto”, “no al matrimonio homosexual”).
4. Que nuestra independencia se arraigue en la tradición cristiana de reflexión social. La sola independencia no ilumina a nadie, el mero intento por ser “propositivo” tampoco. Necesitamos estar arraigados. Podemos requerir independencia de los estereotipados discursos de centro, derecha e izquierda, pero requerimos como contraparte arraigarnos en la larga tradición cristiana de reflexión social, capaz de pensar el orden político desde sus propias categorías. Vale la pena recordar el papel práctico desempeñado por cristianos en grandes acontecimientos de la historia, pero esos relatos deben ser complementadas por el conocimiento de la propia tradición de reflexión social. Hay un canon de pensamiento social cristiano, y parte de nuestra tarea política e intelectual es revivir y actualizar dicho canon. Hay cosas que los evangélicos podemos aprender de la tradición católica, pero los nombres de Agustín y Melanchthon, de Altusio y Kuyper, de Bonhoeffer y Paul Ramsey, y tantos otros, deben ser parte de un repertorio que renueve nuestras mentes.
5. Desarrollemos alianzas sabias. Formar partidos políticos evangélicos llevará a perpetuar nuestra incapacidad de interactuar de modo productivo con quienes poseen creencias distintas. Busquemos en lugar de eso participar de la vida política gestando alianzas sabias, participando en los múltiples canales o contribuyendo con otros a la creación y acrecentamiento de dichos canales. En el siglo XIX muchas veces buscábamos aliarnos con la masonería en búsqueda de mayores libertades públicas para los no católicos. Hoy puede haber una creciente búsqueda de alianza con católicos en defensa de la familia o la vida. Circunstancias históricas específicas pueden hacer más sabio lo uno o lo otro, o bien otros tipos muy distintos de trabajo conjunto. Pero tengamos presente que alianzas sabias son alianzas en las que uno se une más que por la sola existencia de un adversario en común y en las que se es capaz de preservar cierta independencia. Preservar la propia identidad en medio de las alianzas, y en medio de un contexto plural, depende de una conciencia particularmente clara de las propias posiciones.
6. Representemos programas coherentes. ¿De qué hablan los políticos evangélicos? Reducir su discurso a cualquier tipo de “agenda valórica” es olvidar que todas nuestras acciones están cargadas de valor, que nuestro actuar completo debe ser objeto de examen. Es importante lo que está ocurriendo con la desintegración de la vida familiar. Es importante y alarmante la persistencia de la pobreza extrema. Avergoncémonos por las muchas veces que levantamos moral social y moral sexual como alternativas y aprendamos a mostrar cómo se relacionan recíprocamente fenómenos como ésos. El cristianismo no contiene un programa económico ni una política pública para reactivar las familias, pero sí constituye una visión integral que dignifica a la persona, la familia y a las restantes instituciones en que nos desenvolvemos en el mundo. Si no se tiene un programa que trasciende las peticiones puntuales, siempre será mejor callar y esperar.
7. Hablemos de lo que sepamos. La fe puede proveer un marco general de orientación y puede dar luz sobre cosas que no deben escapar a nuestra preocupación. Es sano, por lo de más, que la preocupación moral del creyente contribuya a poner límite a la transformación de la política en actividad puramente técnica. Pero también la política y la deliberación pública requieren competencias específicas: el callar puede significar cobardía o indiferencia, pero muchas veces puede ser también una muestra de honestidad intelectual. Hay en el mundo evangélico una urgente necesidad de disciplina respecto de esto: tal como el enarbolar banderas en contra del aborto implica estar familiarizados con cierta información sobre la vida humana, reivindicar la lucha contra la pobreza obliga a familiarizarse con nociones básicas de economía. No es éste mal lugar para recordar también la necesidad de que los pastores retrocedan respecto de la actividad política: no porque personalmente deban ser apolíticos, sino por el cuidado de la unidad de la iglesia que está a su cargo y por el carácter representativo e inerrante que muchas veces se atribuye a sus opiniones. Tienen una gran labor ayudando a que en sus iglesias se comprenda el carácter omniabarcante del cristianismo, pero debemos acabar con el clericalismo protestante y dejar este trabajo en manos de los laicos.
8. Tengamos mentalidad de largo plazo. La vida política requiere saber responder a urgencias, y tanto más en países inestables y precarios como muchas veces son los nuestros, en los que muchas veces un cambio de gobierno basta para que todo pueda cambiar (para bien o mal). Pero el mundo evangélico ha puesto una confianza desmesurada en lo que puede hacer en este campo, desatendiendo tareas culturales de largo plazo en las que se gestan cambios mucho más profundos. Así, muchas veces caemos en histeria respecto de cambios políticos inminentes, siendo que éstos descansan sobre un cambio cultural más profundo, que se ha producido en parte por nuestro propio silencio o inactividad. Excesivamente orientados a cambios radicales e inmediatos, lanzamos advertencias respecto de cambios que, si abrimos bien los ojos, ya tuvieron lugar. Si recuperamos el equilibrio entre nuestras preocupaciones políticas y nuestras preocupaciones culturales, también la esperanza y amor con que enfrentemos cada tarea cambiarán. Pero no nos engañemos respecto de las exigentes condiciones para el cambio cultural.
9. Fortalezcamos la vida institucional. Hay una exacerbada tendencia evangélica a pensar en términos de lo que ocurre con las vidas individuales, olvidando el modo en que la vida humana se configura por instituciones. Ciertamente las instituciones se desmoronan cuando fallan las personas. Pero la contraparte no es menos cierta: de modo silencioso las instituciones fuertes son capaces de sostenernos en medio de nuestra mediocridad individual. El mundo evangélico, con su énfasis en la salvación individual y una espiritualidad personalista, manifiesta un preocupante descuido por las institucionesincluyendo la iglesia-, y tiene mucho que aprender en este sentido. Recuperemos la valorización de las instituciones, asumamos responsabilidad por las instituciones en las que nos encontramos involucrados. La familia, la escuela y la iglesia están lejos de ser hoy las únicas instituciones que forman nuestro carácter: la cultura del espectáculo y la entretención, de los negocios y el trabajo, son esferas en que hay necesidad de que desarrollemos una amplia imaginación institucional.
10. Comprendamos nuestro lugar en una sociedad plural. Nuestra sociedad está compuesta por personas que adhieren a múltiples creencias y filosofías. Como uno de esos grupos –y uno que rara vez ha estado entre los poderosos-, tenemos el deber de esforzarnos por entender a los restantes, fomentar el diálogo informado y respetuoso, diálogo que es compatible con tener convicciones firmes. Al enfrentar nociones como las de tolerancia o pluralismo, tenemos mucho que hacer en términos de ni rechazar tales proyectos, ni asumir acríticamente cualquier comprensión que circule de los mismos. Tenemos mucho que aprender en el uso de un lenguaje que resulte transparente para nuestros conciudadanos no creyentes, tal como ellos pueden tener algo que aprender respecto de la legitimidad de la manifestación pública de las creencias. Es cuestión de amor al prójimo salir de la propia subcultura y realizar un mayor trabajo de traducción; y cuando el diálogo con el secularismo parece cerrarse, recordemos que es responsabilidad nuestra mantener abiertas las condicinoes para su reapertura. Recuperemos la capacidad para defender de modo simultáneo el carácter no confesional de nuestros estados y el positivo papel público que puede desempeñar la religión. Recordemos, por último, que la existencia de un papel público de la religión sin que por eso se tenga un estado confesional, pasa precisamente por no identificar lo público con lo estatal, por tener una rica vida pública que nace de la sociedad civil misma.

El mundo evangélico latinoamericano enfrenta el desafío de distinguirse no sólo de quienes promueven un “Estado laico” muchas veces confundido entre actitudes de neutralidad y hostilidad, sino también de aquellos cristianos que ven el Estado y la sociedad como una pertenencia suya a recuperar. Tal exaltada retórica daña de modo profundo tanto el testimonio cristiano como la convivencia social. Una sociedad democrática como la que habitamos, y que es ejemplo para otras regiones en desarrollo del mundo, no es algo a ser rechazado, sino sabiamente cultivado. Esperamos que los diez puntos precedentes muestren que eso se puede hacer con integridad cristiana, sin dividir políticamente la iglesia, sin identificar el cristianismo con algún proyecto político concreto, haciendo aportes genuinos al bien común.

¿Cómo se usa la fuerza mundial del Vaticano y por qué los discursos papales parecen intrascendentes?




1. El Papa Francisco llamó a los países ricos a compartir su riqueza y denunció el derroche, el consumo excesivo y la distribución desigual de la riqueza. Señaló ante delegados de 170 países de la ONU que “Duele constatar además que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la prioridad del mercado y por la preminencia de la ganancia, que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera”. Se comenta que el Papa argentino ha vuelto la defensa de los pobres un eje central de su papado, “atacando al sistema económico global como insensible”. Aplaudo su llamado contra el capitalismo, pero parece intrascendente.

2. En el discurso tiene razón el papa Francisco, pero siempre son consejos que se lleva el viento porque a los capitalistas sólo les producen risa. Dice el Papa: los países ricos no solo “deben compartir”; yo digo que deberían ser “obligados a distribuir sus riquezas”; el mercado capitalista y la explotación que propicia, debe ser desintegrado para acabar con la desnutrición y el hambre de la inmensa mayoría de la población mundial. El papa ataca el sistema global capitalista y eso es correcto, pero entre tanto el Estado Vaticano mantiene fuertes alianzas o nexos con los sectores más poderosos del capitalismo mundial. El Papa es -como Obama, Merkel, Peres, Cameron- una simple figura al servicio del poder real del Vaticano.

3. El Papa –como todos los primeros ministros o presidentes en el mundo- es un político. No puede pronunciar un discurso o lanzar una idea sin la autorización de quienes mandan realmente. Tras el Papa hay poderosos bancos (¿puede olvidarse al Banco Ambrosiano y la gigantesca corrupción que incubó?), enormes riquezas, gigantescos negocios, que no pueden denunciarse por ninguna autoridad de la Iglesia. ¿Puede alguien imaginarse cuántos secretos se guardan en todas las catedrales e iglesias del mundo para evitar la desaparición de la clientela creyente? Por ello la Iglesia y el capitalismo tienen que marchar estrechamente unidos porque son dos lados de la misma moneda. Así que las críticas del papa Francisco a la desigual distribución de la riqueza y a la economía del mercado y el consumismo sólo dan risa.

4. Los Papas son los políticos más destacados del catolicismo elegidos por las poderosas fuerzas económicas y estratégicas mundiales para cumplir una función importante. ¿Quién no recuerda los arreglos de los papas Pío XI y Pío XII con Hitler en 1939 y adelante? Lo que jamás olvidaré -porque lo viví con intensidad en los años ochenta- fue la combinación o alianza de fuerzas de los presidentes Ronald Reagan y Margaret Thatcher, con el Papa Juan Pablo II, para hacer trizas al llamado socialismo que –aunque capitalismo de Estado, totalmente falso y de caricatura- desarrollaba cierta competencia con el imperio de los EEUU y en la política mundial. Tras el Papa se registró el impulso del Vaticano.

5. Todos los Papas y altos jerarcas de la iglesia, para no perder su clientela, siempre lanzan discursos aparentemente al servicio de los pobres, aunque el Vaticano como fuerza mundial no deje de estar aliado con EEUU y los siete países más poderosos. Los he seguido con el fin de conocer los fuertes intereses del Vaticano en el mundo por lo menos desde aquel León XIII de fines del XIX dio a conocer su Rerun Novarum y con más detenimiento desde Juan XXIII (1959-63) que convocó al Concilio Vaticano II. Desde hace 55 años he combatido contra las religiones occidentales que conozco, contra sus altos representantes, pero nunca a los fieles seguidores -que respeto- porque no hacen mal a nadie.

6. La realidad es que muchos discursos papales suenan bien; se parecen a los discursos de los políticos que hablan de democracia, justicia y libertad como engañabobos con el fin de ganar votos electorales. La realidad es que la relación iglesia-Estado cambió mucho en México y en el mundo a partir de la implantación del neoliberalismo a principios de los años 80. En México, antes de las visitas papales que se iniciaron en octubre de 1978 –cuando el país no establecía relaciones formales con el Vaticano- las relaciones Iglesia-Estado se mantenían con cierta frialdad; pero después de 1990, cuando Salinas reabrió las relaciones diplomáticas, la inmensa mayoría de los políticos no dejan de santiguarse y de hacer caravanas a los “ministros de Dios” por aquello de los votos electorales que la iglesia controla muy bien.

7. Los altos jerarcas de iglesia –como todos los políticos- jamás hablarán mal de los pobres; al contrario, siempre estarán pidiéndole a Dios protección para ellos y todas sus familias. Y dado que la iglesia no aconseja la liberación en la tierra, sino hasta el cielo al encontrar al Salvador, nunca buscarán liberarlos de la miseria y la explotación que aquí sufren. Por eso los discursos papales son intrascendentes sin importar si es papa latinoamericano, italiano o polaco. No dejarán de ser simples líderes al servicio del poder. ¿Acaso el negro Obama tuvo algún signo de distinción para favorecer a los explotados y oprimidos del mundo? o, por lo contrario, fue simplemente un gobernante yanqui más que ha encabezado guerras de intervención contra los pueblos que luchan por liberarse.

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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martes, 29 de septiembre de 2015

ORACIÓN POR EL PERÚ

Resultado de imagen para FOTO DE ANA RONCAL VILLANUEVA
de:Ana Roncal anaroncalv@gmail.com
para:Ana Roncal Villanueva
Cco:jesusenaccion46@gmail.com
fecha:29 de septiembre de 2015, 7:03
asunto:Oración por el Perú
Saludos a todos desde el País Vasco

Han sido meses durante los cuales casi no he tenido tiempo de pensar en el Perú, pero desde aquí, de diversos modos, puedo escuchar y percibir la inmensa confusión y el caos que reinan, y el proceso de retroceso que vive el Perú en estos días.  Por un lado escucho noticias en los medios y Perú ha dejado de ser un referente de avance, modernización y mejoría en Latinoamérica, mientras Colombia y México lo son más que nunca. Mi oración y lectura de Palabra por Perú me tomó nuevamente todo el día de ayer, como sucedìa antes de vivir aquí. Hoy, varios jóvenes peruanos me escriben desorientados  e indignados por lo que ven..... entre los cristianos.

Creo que lo primero que es tangible es el hecho de que grandes sectores de la iglesia -incluidas sus intituciones educativas y otros- no no sólo no ha pasado por el proceso de quiebre  que les permita dejar la manera dualista y mística de entender la Palabra de Dios, sino que, aún peor, hay corrupción, acomodo humano, carencia de ética, la cual lleva a la mediocridad y la falta de impacto y  autoridad en la sociedad. 

Mi oración es por tanto que Dios obre según su Palabra (Salmo 11) porque El está mirando a cada uno, todo eso.... innombrable, y que sus siervos justos quienes guardan el camino de la rectitud se levanten con voz firme a denunciar las maneras corruptas en instituciones "cristianas".   Isaías 43.8: Que Dios saque al pueblo confuso, el que se siente impotente, y pueda entender lo que El puede hacer por la  obediencia de los suyos (Is. 43. 18-19). Que la voz de Dios se levante en el Perú por medio de sus profetas, los que no se han corrompido, y que la iglesia se aglutine alrededor del liderazgo de los justos a presionar por los cambios en las estructuras de nuestro país. 

Y mi canción de marinera por mi Perú me acompaña estos dìas.  

domingo, 27 de septiembre de 2015

LLAMADO NACIONAL AL VOTO NULO EL 2,016 EN PERÚ

¡SI VOTAS, BÓTALOS!
voto
A consecuencia de casi 25 años de neoliberalismo, el abandono del pueblo por parte del Estado, la creciente corrupción, el narcotráfico, los narcopartidos y su intromisión en el Estado, el remate de nuestros recursos naturales, los crímenes ambientales, la creciente inseguridad y violencia, la imposición a la voracidad de los mercados e intereses de los grupos de poder ajenos al país; generaron la frustración, incredulidad, apatía política, quiebra moral y escepticismo de la gente por los políticos y sus partidos de derecha, izquierda y centro; EL VOTO NULO ES EL PRIMER PASO PARA RECUPERAR Y ORGANIZAR LA ESPERANZA DE CAMBIO EN EL PAÍSimpulsado por ciudadanos de todas las edades, principalmente jóvenes que participamos en la lucha por la Derogatoria de la Ley 30288, “Ley Pulpin”, derrotando al gobierno, a toda la clase política tradicional y sus partidos que defendían a la CONFIEP e intereses económicos de un cavernario empresariado que intentó someter a los jóvenes a condiciones de semi-esclavitud laboral.
Pero también provenimos de los nuevos espacios, movimientos y respuestas autónomas, como la irrupción victoriosa de la juventud contra la Repartija, de la rebelión amazónica y el Baguazo, del despertar y resistencia andina, del Conga no Va, de la lucha Antitaurina y Animalista, del rechazo y condena a la Homofobia, de la respuesta social contra la TV Basura, de los movimientos artísticos urbanos y contraculturales (como el Hip Hop, Rock and Roll, Fusión, Andino-Amazónico, etc.) y, recientemente en el rechazo al proyecto Tía María, entre otros.
Rompemos con la idea del “mal menor” o de elegir entre “el Cáncer o el Sida” como único voto posible el 2016 y hacemos un llamado a la gente de los pueblos, barrios, calles y organizaciones de los de abajo, a los genuinos protagonistas de las luchas sociales, a los verdaderos generadores de la riqueza y servicios en el país, para convocarnos de manera autónoma a la construcción de una Nueva Agenda Política Nacional, que empieza con esta campaña por el VOTO NULO 2016, cuyos ejes sean la defensa de la vida, la afirmación de la paz y la soberanía de los pueblos.
COMITÉ PROMOTOR VOTO NULO 2016
Lima, 18 de julio del 2015.
A.- RESÚMEN DE LAS CONCLUSIONES:
1) ¿POR QUÉ VOTO NULO 2016? (Resumen ¿Cómo llegamos al Voto Nulo?)
Porque… 
a) Es un voto de protesta.
b) Es el auténtico voto digno.
c) No nos representa ningún partido ni político que forma parte de este juego electoral ya que ninguno es opción de auténtico cambio y ruptura con el status quo.
d) Rechazamos el voto por el “Mal Menor” o elegir entre el “Cáncer o el Sida” como única opción de voto posible.
e) Fue nefasta la experiencia de las viejas y nuevas generaciones que abogaron por el “mal menor” y los “outsider”.
f) No creemos más en postulaciones ni discursos, sean de derecha, izquierda o centro porque no nos representan.
g) Es un voto que desnuda la democracia de los narcoindultos, la impunidad y los lobbies.
h) Es un rechazo al sistema de partidos, al sistema económico, a la corrupción generalizada, a las reglas de juego del poder del dinero.
i) Rechazo a quienes hacen partidos políticos como trampolín de pillos, corruptos, oportunistas.
j) Rechazamos las mentiras de las promesas electorales.
k) Votar por los mismos de siempre no es voto responsable.
l) Votar por la derecha y el centro con “rostro humano” es ser inhumano.
m) Votar por la izquierda peruana es cambiar algo para no cambiar nada, es una experiencia agotada, hoy irrelevante. Es un Voto desperdiciado.
n) Ningún “Outsider” será solución, ya que terminan siendo funcionales al poder económico de turno.
o) No queremos legalizar a los NarcoCandidatos, NarcoPartidos, ni testaferros de empresas corruptas y destructoras del medio ambiente.
p) Rechazamos el clientelaje (compra de puestos electorales) de los partidos políticos, para luego utilizar el Estado, hacer negocios y recuperar la inversión.
q) Las llamadas derechas e izquierdas en las últimas décadas han evolucionado nefasta y perniciosamente. Las derechas asumen políticas abiertamente destructivas a la Pachamama y a todas sus especies; y las izquierdas solo quieren hacer políticas redistributivas y de gestión pública del status quo sin medidas de ruptura.

2) ¿QUÉ QUEREMOS? (Resumen)
a) Sentar precedente en el terreno electoral para desnudar a esta democracia corrupta adicta a la destrucción y el dinero y demostrar que toda esta clase política no nos representa.
b) ROMPER EL PACTO DE LA CORRUPCIÓN de quienes gobiernan y postulan en las elecciones en el Perú.
c) Construir la esperanza de cambio para crear una nueva Agenda Política Nacional impulsada por la juventud y toda la ciudadanía.
d) Promover una NUEVA CONSTITUCIÓN, que termine con el neoliberalismo y el sistema político-económico de corrupción.
e) Cambiar el Sistema Político/Económico Nacional echando fuera a narco-partidos, testaferros, lobistas y corruptos de toda la clase política.
f) Tener real poder de decisión y no solo ser consultados (traicionados) cada cinco años.
g) Contribuir a desmontar la corrupción generalizada.
h) Evitar la creciente ola de VIOLENCIA e inseguridad ciudadana que se acrecentará con los narcocandidatos en el poder.
i) Contribuir a PROMOVER Y APRENDER DE LAS NUEVAS LUCHAS JUVENILES en nuestra época como son la lucha animalista, antitaurina, vegetariana, ecologista, feminista, de igualdad de género, arte urbano, expresiones contraculturales y TODA lucha que recree el cuestionamiento en mejora de la sociedad.
j) Fomentar la conciencia para construir valores solidarios de respeto a la Pachamama, a nuestros hermanos animales y a la vida universal.
k) Que los poderosos sientan la fuerza y voluntad del pueblo.
l) Eliminar la reelección inmediata de congresistas, y terminar con el sueldo vitalicio para los ex presidentes.

3) ¿CÓMO PARTICIPAREMOS EN LAS ELECCIONES? (Resumen)
a) Desde las URNAS haciendo valer nuestro derecho a VOTAR NULO como rechazo ciudadano al pacto de la corrupción que inunda estas elecciones Presidenciales y Congresales 2016 que pretende continuar en lo mismo.
b) Organizándonos de todas las formas posibles, en todos los lugares y rincones del país, respetando las autonomías, la autogestión, la espontaneidad y promoviendo la horizontalidad como nueva alternativa de organización social.
c) Pacíficamente, rechazando todo tipo de violencia, nuestra lucha será en el corazón mismo del sistema electoral.
d) Evitando que la ciudadanía sea víctima de la voracidad de los políticos mafiosos de costumbre mediante la participación electoral vía VOTO NULO, entendiendo que el terreno electoral es también un espacio de lucha  ya que compromete a todos los peruanos. Librándonos de actitudes puristas, individualistas e intolerantes.
e) Realizando mítines, pintas, murales, volanteos, perifoneo, conversatorios, conferencias, intervenciones y todo el despliegue que esté a nuestro alcance en barrios, distritos y pueblos de todo el país.
f) Desde las redes sociales y toda forma de medios de comunicación.
g) Con todas las artes y culturas.

B.- DESARROLLO DE LAS CONCLUSIONES:

1.- ¿CÓMO LLEGAMOS AL VOTO NULO

a.- 25 AÑOS DEL VOTO POR EL “MAL MENOR”.
Desde la elección de Fujimori (1990), muchos ciudadanos venimos votando por el “MAL MENOR” (incluso para la izquierda peruana, Fujimori fue su “mal menor” y votaron por él). Lo mismo ocurrió con Toledo (2001) y traicionó, después se reeligió Alan García (2006) y mintió; y por último Ollanta (2011) y traicionó. AHORA EL 2016, ¿OTRA VEZ?
b.- LAS MENTIRAS DE LOS DISCURSOS 
Los partidos y candidatos no nos representan. Todos se maquillan: Los de izquierda hablan como la derecha “minería responsable”, los de derecha dicen ser “socialistas” y los de centro usan un discurso tradicional de campaña de “auxilios” a la Educación, la agricultura, la Salud, el Empleo, etc, y algunos hasta mencionan el cambio de Constitución; sin embargo, terminan siendo solo promesas de campaña, para olvidarse una vez en el poder.
Otros caprichosos afirman que “es mejor que un candidato que provenga de las clases altas” porque “no necesitara robar”, pues la historia peruana ha demostrado con creces lo contrario.
c.- CANDIDATOS QUE NO NOS REPRESENTAN 
Porque el sistema electoral ha hecho posible que participen candidatos que no NOS REPRESENTAN ni en palacio ni en el congreso. Los candidatos elegidos han preferido continuar con las políticas neoliberales de destrucción de la naturaleza, precarización del empleo, favoreciendo intereses foráneos y contubernios que forman parte de la corrupción.
Y en esta fiebre electoral, tampoco debemos olvidar el “arribismo” de muchos candidatos que postulan con el único afán de salir beneficiados económicamente llegando a ocupar un cargo público. Candidatos que buscan servirse en vez de servir.
d.- NINGUN “OUTSIDER” SERÁ SOLUCIÓN 
Porque los outsider terminan siendo funcionales al poder de turno, haciendo más de lo mismo, ahora son pre-fabricados, bien maquillados por los medios de comunicación (TV BASURA), que ya han aprendido que si ponen a alguien como “el más peligroso”, cual demonio; la gente votara más por él.
e.- VOTAR POR ALGUIEN NO ES VOTO RESPONSABLE 
Queremos ROMPER ESE PACTO DE LA CORRUPCIÓN de quienes gobiernan y postulan en las elecciones en el Perú, que legalizan a narcocandidatos y a los testaferros del empresariado corrupto y destructor del medio ambiente. Sería un error Votar por alguno por su “cara bonita”, aquí no cuenta si es hombre o mujer, si es cholo, negro, mulato, criollo, o gay, o proaborto, o católico, o evangélico, etc. Creemos que esas condiciones no garantizan que cambiaran nada en el sistema político actual. Pues ello, tampoco nos da certeza de su conducta ÉTICA ya que, tras las diversas denuncias, vemos que la gran mayoría de postulantes electorales están involucrados con la corrupción.
f.- VOTAR POR LA IZQUIERDA ES NO CAMBIAR NADA. ES VOTO DESPERDICIADO 
En los últimos 30 años los escaños de la izquierda siempre se han orientado en apoyo al “mal menor” más no a cuestionar los fundamentos del sistema político que permite el ascenso al poder a personajes vinculados a la corrupción. Sabotea, paraliza, quiere sustituir la participación social y solo sale a las demandas cuando ya están en pleno estallido social, no para impulsar la victoria sino para “representarlas”. Y para colmo una vez en la lucha social, suelen suplantar a los auténticos gestores de estas luchas. La izquierda peruana (la tradicional y la nueva) no están por cambiar de raíz las cosas sino para convivir con ella y continuar con sus viejas prácticas de acaparamiento.
Es por ello, que desde hace mucho la izquierda peruana no representa el sentir de las mayorías, por lo que votar por la izquierda significa lograr menos del 1% de intención de voto a nivel nacional. Por lo cual se vuelve voto irresponsable. Vamos a tumbar el sistema VOTANDO NULO, no votando por la partidocracia de izquierda.
g.- VOTAR POR LA DERECHA ES SER INHUMANO Y PRO DESTRUCCIÓN 
Pues los mismos que han llevado a la crisis política económica peruana son la derecha: Fujimori, Toledo, García, Ollanta, por lo cual la derecha peruana viene gobernando desde hace 30 años, poniendo “outsider” y candidatos “maquillados” que finalmente nos traicionan.
Y claro la derecha no comienza con Fujimori, sino desde la fundación de la república del Perú. Son estos gobiernos los que han instalado la corrupción en el poder e implementado políticas de destrucción a todo nivel. Sí, a todos sus nuevos herederos daremos un golpe ético.
h.- CLIENTELAJE (compra de puestos electorales) de los partidos políticos 
El sistema de partidos permite la práctica de la compra de escaños electorales, haciendo posible que los únicos postulantes sean quienes más dinero aporten. Así quien tenga los primeros números de escaños suelen ser los que más dinero pongan al partido. Esto se llama CLIENTELISMO, porque los partidos se ofrecen al mejor postor al que más dinero le aporte. Perpetuando con ello la corrupción del sistema de elecciones peruano.
i.- TESTAFERROS Y NARCOTRAFICANTES 
Los testaferros provienen de corruptas empresas mineras, ahora narcotraficantes. Ya que en los últimos años se viene descubriendo una gran intromisión de narcotraficantes, sectores pro-mineros e intereses transnacionales que están financiando a muchos de los candidatos usándolos de testaferros para sus intereses económicos, armando su bancada mercenaria de congresistas.
j.- CORRUPCIÓN Y FUTURO NARCOESTADO 
De los últimos flagelos, el más peligroso es el sector de los NARCOCANDIDATOS, pues al igual que en otros países, nos están llevando al NARCOESTADO tipo México, al reino de las BALAS, imperio de las DROGAS y el SICARIATO como fuente de empleo juvenil. Este sector es el que tiene más dinero para colocar a sus representantes.
k.- VOTO VOLUNTARIO 
Estamos siendo obligados a ir a votar so pena de multa, por ello votamos por costumbre, no porque creamos realmente en algo mejor. Creemos que el Voto Voluntario es un voto de conciencia política de la población y lo promoveremos.
l.- ES UNA LUCHA ÉTICA 
Porque queremos una sociedad donde primen los valores de respeto y hermandad antes que del dinero. Creemos que para romper el círculo vicioso de la corrupción debemos llevar la lucha ética a la vida diaria en el hogar hasta cualquier tipo de cargo público o privado con mayor responsabilidad y fiscalización para toda función pública.
h.- ES UNA LUCHA PACÍFICA 
Es una propuesta pacífica, no es para quemar ánforas ni generar violencia, sino que es una lucha en el mismo corazón del sistema electoral. Demostrando que sus propias herramientas pueden ser quebradas. Somos pacifistas pero la paz es un terreno de lucha.
[*] Nota Importante: 
Este llamado y el conjunto del documento han sido elaborados y discutidos reunión tras reunión, iniciando un 6 junio y proseguidos a través desde un Comité Promotor. Este COMITÉ PROMOTOR ha sido integrado por activistas autónomos provenientes de colectivos contra/culturales, sindicatos, zonas, universidades, lucha animalista, antitaurinos y luchas varias. Así como miembros de los espacios como: MOVIMIENTO MAS CHANKAS, ROCK LIBERADO, OTRO MUNDO ES POSIBLE Y ACCIÓN POR EL PLANETA.
Lima, 18 de julio del 2015.
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sábado, 26 de septiembre de 2015

SOY UN EVANGÉLICO CATÓLICO PENTECOSTAL


POR: JUAN STAM
Cuando mi esposa Doris y yo llegamos a Basileia en 1961, conocimos un grupo de españoles, mayormente de la iglesia reformada, que habían comenzado un estudio bíblico y estaban orando que Dios les enviara un pastor de habla española. Respondimos entusiasmados, pero había un pequeño problema. El consistorio de la iglesia reformada, con toda razón, quería saber de qué iglesia era yo. Mi respuesta fue, “soy pastor de la Asociación de Iglesias Bíblicas Costarricenses”, conocida como la “AIBC”. Todavía veo la confusión en el rostro del pastor reformado, y siento la mía a tratar de aclararle qué era mi afiliación eclesiástica. Una semana después el pastor me buscó de nuevo y me dijo que el consistorio no lograba entender eso de la AIBC y que por favor se lo volviera a aclarar. Afortunadamente, todo se resolvió y tuvimos una experiencia pastoral inolvidable.
En esta vida humana, es importante tener una identidad, y una identidad que otros puedan reconocer. Da mucha seguridad poder decir, “Yo soy presbiteriano” o “soy pentecostal” o alguna otra afiliación respetada. Es un poco inquietante llevar una identidad no reconocida. Pero también nuestra identidad nos puede limitar. Por ejemplo, “soy presbiteriano y gracias a Dios no soy bautista” o “soy un anglicano respetable y decoroso y no como esos pentecostales escandalosos” (o “soy pentecostal y no como esos anglicanos fríos y espiritualmente muertos”). La iglesia es una sola, y no debo ser lo que soy contra lo que son otros, sino junto con ellos y ellas en la gran comunidad de fe.
(1) Yo soy evangélico y lo soy con toda la convicción de mi ser. Para mí, esa palabra está escrita sobre mi corazón y mente en letras de oro. “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios…” Pero no lo soy en el sentido de los “conservative evangelicals” de los Estados Unidos, ni exactamente en el uso latinoamericano como simple equivalente virtual de “protestante”. Soy evangélico porque me ha alcanzado la gracia de Dios y esa gracia es el fundamento firme de mi existencia. Bien nos decía Karl Barth que al fin y al cabo, toda la fe evangélica se reduce a dos palabras: Gracia como clave a la teología y Gratitud como base y motivación de la ética. En las palabras conmovedoras de la Confesión de Heidelberg, las tres cosas que necesito saber son cuán grande es mi pecado, cuán grande es la gracia de Dios y cuán grande debe ser mi gratitud. (Como evangélico que soy, esas viejas confesiones no dejan de conmoverme con profunda emoción).
Para mí, teología evangélica significa dos cosas fundamentales: Teología de la gracia de Dios y Teología de la Palabra de Dios. Ser evangélico significa una relación especial con la Palabra de Dios, tanto como Palabra encarnado en Cristo, Palabra inspirada en las escrituras (testimonio a la Palabra encarnada) y Palabra proclamada en la predicación y el testimonio. Ser evangélico significa para mí un gran amor y una pasión por las escrituras, por supuesto sin pretender tener monopolio de la fidelidad bíblica. Siempre he insistido en que todo trabajo teológico tiene que estar bien fundamentado en exégesis cuidadosa del texto bíblico, explícita o implícitamente, o no es un buen trabajo teológico. Por eso me impresiona mucho la afirmación de Barth en el prólogo al primer tomo de su Dogmática de la Iglesia, que no podía seguir fundamentando su teología en la existencia, como había hecho, sino sólo en la Palabra de Dios.
(2) Pero sorpresa, ¡Por ser evangélico, no dejo de ser católico! La palabra “católico” se deriva de la combinación de dos palabras griegas, “kata” (según) y “holos” (el todo) para dar el sentido de “según el todo; universal”. Los padres de la iglesia hablaban de la iglesia universal como hê ekklêsia katolikê y las “epístolas generales” como “epístolas católicas”. Otro término parecido es oikoumenê, y su adjetivo correspondiente, oikoumenikos, que se refieren a la totalidad del mundo habitado. Así de nuevo, la iglesia universal, en todo el orbe, es por su naturaleza “la iglesia ecuménica”. No reconocerlo sería desconocer la unidad de la iglesia en el cuerpo de Cristo.
En la tradición cristiana, tanto católica como reformado, la iglesia se identificaba por ciertas “notas” clásicas, como “la iglesia una, santa, apostólica y católica”. ¡Por supuesto! Como evangélico, creo lo mismo, interpretado en sentido bíblico. Cristo tiene un solo Cuerpo y una sola Esposa; la iglesia es una. La iglesia es “sin mancha ni arruga” en Cristo y está llamada por Dios; es santa. La iglesia está fundada sobre los apóstoles como testigos designados por Cristo (Hech 1; 1 Cor 15) y está llamada a ser fiel a ese testimonio; de esa manera, la iglesia es también apostólica. (La iglesia es apostólica cuando es bíblica, no cuando pretende tener apóstoles hoy). Y la iglesia de Cristo es una sola en todo el mundo habitado, o sea, es también católica y ecuménica. Mi corazón evangélico y pentecostal puede gritar “¡Amen!”
El problema no es con el adjetivo “católica” sino con otro que se añade, que es “romana”. Ese es un adjetivo geográfico muy específico y limitante, y podría interpretarse como opuesto a “católico” como universal e inclusivo. De hecho, en amplios sectores de la iglesia católico-romana ha habido, desde inicios del siglo veinte, importantes movimientos hacia un catolicismo más bíblico, evangélico y ecuménico, ¡y por ende más católico! Tengo entre los libros de mi biblioteca uno que se titula, “Hacia una iglesia católica más evangélica”. Y recuerdo un sacerdote católico que participó en un encuentro en Europa, que confesó a nuestro grupo,
“Pido a Dios cada día que mi iglesia sea menos romana y más evangélica”.

Creo que las iglesias evangélicas también tenemos mucho que aprender en cuanto a un amplio y generoso espíritu católico. Lo contrario de “católico” es “sectario” y no hay que analizar mucho para descubrir que algunas iglesias evangélicas son sectarias (aun cuando no sean “sectas” doctrinalmente). La catolicidad de la iglesia ecuménica significa empatía y solidaridad no sólo con todo lo cristiano sino con todo lo humano. Un poeta latino dijo, “Homo sum, nihil humanum a me alienum puto” (“Soy hombre; no considero ajeno nada humano”) Y mucho más, si somos cristianos. Por eso un padre de la iglesia (San Ireneo, si recuerdo bien) profundizó la expresión: “Christianus sum, nihil humanum mihi alienum est”.
Esto tiene mucho significado para la misión de la iglesia. Primero, porque la iglesia está llamada a hacernos más humanos, más sensibles, menos cerrados y prejuiciados. Segundo, porque esa identificación con la otra persona es el secreto de una evangelización auténtica. Don Kenneth Strachan, poco antes de su muerte, escribió un valioso libro, “El llamado ineludible”, en que señala que la base de nuestra evangelización debe ser la común humanidad que compartimos con todos y todas. Cuando es así, la evangelización hará más humanos tanto a los evangelizados como a los que evangelizan.
(3) También soy pentecostal. No concibo cómo puede haber cristianos que no sea pentecostales, si toda la iglesia nació en el día de Pentecostés y nació profética. Me parece una lamentable desviación semántica que el título de “pentecostal” se limita, muy estrechamente, a sólo un sector de la iglesia cristiana. Bíblicamente entendida, son pentecostales quienes (1) aceptan con gozo los dones del Espíritu Santo (Hechos 2:1-13), predican expositivamente la Palabra de Dios (Hch 2:14-41) y practican radicalmente, en una comunidad revolucionaria, las demandas del evangelio (Hch 2:42-47; 4:32-37). En ese sentido, toda la iglesia está llamada a ser pentecostal.
Gracias a Dios por el movimiento pentecostal contemporáneo y todo el bien que ha traído a la iglesia, liberándola de una mentalidad estática y cerrada. Personalmente, he sido muy edificado y bendecido por mis experiencias con este movimiento. Por supuesto, a veces han cometido errores y han caído en extremos. Creo que enfrentamos hoy una situación parecida a la de San Pablo. Por un lado, ante los tesalonicenses “anti-pentecostales”, Pablo los exhorta a no apagar al Espíritu y no menospreciar las profecías, pero a la vez a examinar todo (1 Tes 5:19-21). En cambio, con los corintios, que eran “ultra-pentecostales”, Pablo les exhorta a hacer todas las cosas en orden (1 Cor 14:27-31,40). El anti-pentecostalismo es estéril y no debe ser nuestra actitud, pero tampoco los extremismos del ultra-pentecostalismo.
Los dones del Espíritu Santo son diversos, y los reparte como él quiere (1 Cor 12:11). No hay un sólo don que define el pentecostalismo, sino el conjunto de carismas que imparte el Espíritu, que hemos de recibir con gozo y gratitud. Ser pentecostal significa vivir en la desbordante alegría del Señor y en la libertad que da el Espíritu.
Bueno, es por eso que me identifico como un evangélico católico pentecostal… y también menonita, también moravo, también metodista, y quiera Dios, sobre todo cristiano y humano.