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miércoles, 16 de marzo de 2011

¿QUÉ QUEREMOS LOS PERUANOS?

Pensamientos a propòsito de “El Sueño del Celta”

Miércoles 16 de Marzo del 2,011
Elecciones presidenciales: ¿què queremos los peruanos?


No hay nada màs grato que ser inspirado y tener esperanza nuevamente luego de largos tiempos de desierto espiritual, moral, intelectual. Encontrar en medio del hastìo de tanta bulla mediàtica y promesa politica una vertiente de pensamiento pletòrico de nobleza hacia el ser humano y una luz para alumbrar el horizonte. Eso es lo que otorga El sueño del Celta, obra cuajada y contundente de un autor en esplèndida madurez a quienes tienen hambre de ideas reales, hambre de motivos autènticos que rompan la monotonìa del pensamiento post-moderno, sin principio ni idea de consecuencia, y su lenguaje polìtico superficial y sin sustancia. Al concluir la lectura queda un pensamiento en forma de interrogante: ¿cuàntos Roger Casement -el personaje protagónico del libro de Mario Vargas Llosa- màs podràn ser reconocidos en tierras y campos ajenos pero veràn, una vez que ha emergido la conciencia de su propia condiciòn, su sueño de libertad propia y de su pueblo sepultado por el entorno de mediocridad e intereses mezquinos? Y ya entrando de lleno en temas nuestros: ¿cuàntos baguazos màs vamos a necesitar para despertar de una realidad de pesadilla que nos està tomando ya siglos y emerger a un verdadero sueño de libertad nacional?

La historia de Roger Casement, idealista y soñador, quien cobra conciencia acerca de su propia falta de libertad y la condiciòn de su Irlanda de origen mientras lucha por las libertades de pueblos lejanos, puede perfectamente, y especialmente porque el autor es un peruano, y parte de la historia de “El Sueño del Celta” de desenvuelve en tierras de la amazonìa peruana, servir como metáfora para los peruanos, ahora expectantes ante las elecciones, y en bùsqueda de verdaderas soluciones a nuestra realidad social. El hecho de que las propuestas de los partidos polìticos no parecen distinguirse unas de otras -al menos en lo que concierne a las de los partidos considerados como los màs fuertes en esta contenda- deberìa llevarnos a la plena conciencia de nuestra condiciòn de sociedad que recièn y apenas se dibuja como tal. El lenguaje polìtico lleno de alusiones a la pobreza extrema –ante una poblaciòn que no necesita pobreza extrema para estar descontenta por lo insuficiente de la economía, la creciente inseguridad, las brechas sociales que afectan a casi todos-, las promesas de un Estado que harà milagros, el hecho de que aunque no son iguales, las propuestas se parecen demasiado pero no logran convencer por falta de contundencia y claridad, todo ello nos habla de la ausencia de un yo peruano colectivo que se defina como uno en lo que es somos y lo que queremos. La falta de claridad se debe precisamente a la falta de nitidez de nuestra conciencia colectiva, y esta recièn se està percibiendo y dibujando, pide inclusión social y débilmente protesta confundida ante una inversiòn capitalista que se necesita sì, pero que aùn se muestra egoísta e injusta.

Tenemos varios “capítulos” de los planes de gobierno de nuestros candidatos en donde podemos observar esa necesidad de que la conciencia colectiva surja. Està en primer lugar la mención, en sòlo algùn que otro plan de gobierno, de los derechos de las comunidades nativas, especialmente de la amazonìa y de la sierra. Mientras que la afirmación de esos derechos es enfàtica y ha merecido amplio desarrollo, y el tema ha estado constantemente en nuestros diarios en los ùltimos años, el mismo no logra hacer vibrar las cuerdas del alma peruana en pleno; es parte del yo nacional que al fin se percibe pero no lo suficiente: Comunidades nativas, antes ajenas, exòticas, “subdesarrolladas”, lejanas, sumidas en el abandono por sus propios hermanos, en paradòjica pobreza –no olvidemos que mientras nuestra riquìsima mina de oro està siendo conveniente y exitosamente explotada, esta se encuentra en Cajamarca, uno de los departamentos màs pobres del Perù- por las que aùn no alzamos la voz y decimos “inversiòn, sì, pero en sociedad con los peruanos”. Porque ellos somos nosotros, deberìamos querer lo que las mineras, las multinacionales tiene por la fuerza que hacer allà en Alaska o en Europa: Compartir la propiedad de la corporación en acciones, capacitar y emplear nativos al 100%, pagar buenos sueldos, aceptar la fiscalización en medidas medioambientales… etc, etc. Y no sòlo todo aquello. ¿Por què no dedicar el canon a promover la empresa local tan necesaria para un esquema econòmico pujante y saludable, en vez de esperar indefinidamente a que surjan proyectos estatales? Nuestro yo peruano necesita tambièn librarse de las fòrmulas estatistas que la era de la post-guerra europea nos trajo como secuela.

Esa conciencia de que las comunidades nativas es nosotros, y de que la propiedad de los nativos no sòlo deberìa reducirse a un pedazo inerme de terreno, sino de todos los beneficios de la explotaciòn de nuestros recursos – porque no se trata de recursos del Estado-, nos facilitarìa percibir què candidatos tienen la voluntad polìtica – que es en realidad un impulso moral nacido en sentir patriòtico- de traer no sòlo inversionistas, sino en desplegar toda la habilidad de negociaciòn polìtica necesaria para lograr esquemas de inversiòn no sòlo exitosos sino justos. Si se puede hacer en Alaska[1], bien se puede hacer en otras partes del mundo, y es por ello que el economista Hernando de Soto tuvo la idea de traer a representantes de las comunidades nativas de Norteamérica al Perù en los momentos màs àlgidos de los problemas surgidos en la amazonìa. El alma peruana, fragmentada en clases sociales y etnias despreciadas, necesita ser reunida en una y levantarse a clamar y reclamar con la fuerza que sòlo la plena conciencia del yo colectivo es capaz de lograr. Pero hoy por hoy, algunos partidos polìticos pueden aùn darse el lujo de ignorar el tema. Y en los diarios de Lima aùn podemos ver còmo, el mismo dìa, una minera anuncia que todo està bien y que tiene “las mejores intenciones de sacar adelante a la Oroya” mientras dos pàginas màs allà se informa de la deudas ambientales sin conciliar de la misma minera[2]. Nuestra comprensión de lo que ofrecen los partidos crecerà a la par de nuestra indignación ante lo que nos deberìa ofender como peruanos. Aquì estamos aùn ajenos como en el Perù que “El Sueño del Celta” describe, el Perù, y la Amazonìa de hace un siglo.

Igualmente sucede son las promesas de creación de empleo, cuyas cifras a veces alcanzan dimensiones de “Las Mil y Una Noches”. El ofrecimiento tiene en realidad, el mismo marco que el de las comunidades nativas, y su sola mención deberìa llevarnos a pensar en la calidad de vida y el tipo de horizonte que los peruanos queremos para nosotros mismos. No es lo mismo crear uno o dos millones de “puestos de trabajo” que crear las condiciones necesarias para lograr una calidad de vida plena y digna, lograda por la iniciativa y el esfuerzo personal –facilitado por una ley y un Estado que abracen el anhelo de todos los peruanos-, lo cual conlleva al respeto y autoestima nacionales. A plena conciencia, analizar las propuestas debe llevarnos a distinguir quiènes estàn diciendo que continuaremos “gozando” de las bondades del empleo de corporaciones multinacionales, y que debemos dar la bienvenida a tales empresas porque crean muchos “puestos de trabajo” a doce o màs horas diarias de jornada, sueldos mìnimos y estilos de vida estupidizantes y realmente, obstaculizantes de la autosuperaciòn, de las oportunidades continuadas de educación y mejoras no sòlo laborales, sino en general de una calidad de vida plena. Ya las “bondades” del capitalismo han sido rotundamente demostradas en los ùltimos años por las sociedades en donde ese esquema se reprodujo explosivamente creando sociedades “industrializadas” e inhumanas, inclinadas al consumismo y destinadas tambièn al fracaso y conducente al derrumbe de la sociedad. La crisis mundial que todos hemos vivido en los ùltimos años deberìa ser un freno a tales ofrecimientos de multiplicaciòn de puestos de trabajo sin discernimiento de la calidad e indignidad humana que promueven.

Los planes de gobierno de los partidos en la actualidad son en realidad el reflejo de una sociedad que busca soluciones aùn entre sombras. Y lo que no està todavía nìtido es el sentido de quiènes somos los peruanos como un todo nacional. Como un cuerpo adormecido, ciertas partes aùn no son concientes del dolor y la necesidad en cada uno de sus miembros, èstos no nos hacen vibrar, ni nos indigna el que no se les atienda debidamente. Recièn naciendo a una cultura polìtica realmente participativa, la sociedad peruana debe pasar del largo sueño a la plena conciencia de su identidad. Entonces los “planes de gobierno” seràn realmente propuestas, no sòlo un conjunto de “soluciones pragmàticas para la pobreza”, todas parecidas, y seràn realmente discernibles.


Ana Roncal Villanueva


[1] Rowan & Bailey. ¿Por què no hay perros Rojos en Bolivia? Tiempos del Mundo Jueves 4 de Agosto del 2,005.
[2] Ver problemas con la Minera Doe Run en Huancayo. Diario 16. Jueves 17 de Febrero del 2,011

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