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lunes, 31 de enero de 2011

A LOS POLÍTICOS EVANGÉLICOS PERUANOS

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Por: Ubaldo Tejada Guerrero – Analista Globaljesusenaccion46@gmail.com

El proceso que han vivido la iglesia evangélica en Latinoamérica y el Caribe, está marcado por su inserción de ser expresión como iglesia de Cristo, y la búsqueda de su identidad latinoamericana y evangélica, que reconoce los aportes positivos de la sociedad y las culturas en las que hoy les toca vivir enfrentando a un mundo globalizado, que a mas de 500 años de la invasión y colonización, es un desafío misional fundamental, frente a Europa, EE.UU. y Asia (China).
Creemos que en Latinoamérica y el Caribe, poco a poco la iglesia evangélica, va ganando el derecho de ser expresión de las conciencias libres y justas que luchan por construir una sociedad más fraterna y humana, para ir construyendo espacios viables y lugares propicios para vivir la esperanza de que un mundo mejor es posible, un mundo inclusivo, un mundo justo.
Si alguna vez a cambiar nuestro Perú, debemos sentir hacia él, de la manera en el que el judío siente hacia Jerusalén (Salmos 137:5-6), así emitiremos un voto de conciencia y sabremos elegir.
El proceso electoral 2011, es otra experiencia para los políticos evangélicos peruanos, para demostrar que a pesar de la corrupción institucionalizada y del dominio del poder, los cristianos podemos vivir dentro de sus ambientes y servir a legítimas metas sin someternos a sus demandas incorrectas, que pretenden ejercer su autoridad final en nuestra vida espiritual.
Enfrentar a la corrupción en el Perú, no es fácil, mas cuando es institucionalizada en el Estado, pero la movilización de ideas y del pueblo, por el real cambio de esta injusta situación que afrontan los trabajadores y la nación, es un hecho incontrastable, que viene creciendo día a día.
Cuando estamos bajo autoridad de Dios, tenemos libertad interior de todas la demandas idólatras, esté libre albedrío, que es nuestro derecho como creyentes, es real, está garantizado por Jesucristo y debemos experimentarla, ya sea seamos la cabeza de un partido político, un militante, o un empleado de empresa privada o pública o el miembro mas humilde de la iglesia o pastor.
El plano de la influencia espiritual para el cambio de estructuras de un país es tan importante como la guerra espiritual, y deben ir de la mano, porque sino llegamos a estar involucrados en el cambio de las estructuras, toda nuestra guerra espiritual será improductiva o aun contra productiva. Así podemos converger todos los ciudadanos de testimonio integral y amor al Perú.
La agenda electoral 2,011 tiene un punto central: el combate a la corrupción institucionalizada, y si los políticos evangélicos, entendemos que no sólo es una guerra de grandes propuestas, de grandes técnicos, sino fundamentalmente una guerra para mantener incólumes nuestra vida espiritual, para comprender que en la política está ligada a la moral, entenderemos que:
1. La vida en el espíritu, entiende que en política parece indecente hablar de Dios, pero lo que necesitamos hacer, es redescubrir que las esferas políticas y económicas, necesitan una responsabilidad moral para gobernar, que nace en el corazón de una persona que tenga familiaridad con la presencia de Dios, así las autoridades defenderán los derechos de todos y gobernarán a favor del pueblo, especialmente del ande y la selva.
2. La vida en el espíritu, entiende que una democracia plena tiene principios sólidos, entiende que gobierna a través de una sociedad de personas de carácter moral, que no violarán los principios constitucionales contra los más pequeños (niños, ancianos, discapacitados).
3. La vida en el espíritu, es luchar por obtener un espacio propio en el escenario eclesiástico, social, político y económico, por lo que el rechazo y la incomprensión aún de nuestros propios hermanos de fe, no debe llevarnos al aislamiento y a la apatía, que no debe paralizarnos para proclamar una propuesta veraz, que responda a las urgentes problemas que sufre nuestra patria, ello supone el anhelo de una bancada evangélica.
4. La vida en el espíritu, es reconocer la autoridad de Jesús, la autoridad para toda la creación, temporal como eterna, incluyendo las estructuras del Perú en manos de la corrupción. Esa autoridad y ese mensaje no ha cambiado: la regeneración del hombre.
5. Los dones que hemos recibido solamente pueden crecer y desarrollarse mediante la práctica. Dios espera un compromiso auténtico con los valores democráticos, una ética ciudadana intachable, un plan de gobierno y como lograrlo, compromiso con la justicia social, y una estrategia de campaña que hable de nuestra conducta, propósitos y modo respetuoso de tratar a los adversarios, dentro de una lucha de ideas, en el acompañamiento hacia una democracia plena, que los peruanos siguen esperando.

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