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jueves, 5 de febrero de 2015

CLAUDIO ZOLLA: LIBERALISMO CLÁSICO

Claudio Zolla: "Los liberales somos los auténticos antisistema"

Textos: Mario Camoirano web@grupoepensa.pe |

Hace algunas semanas se presentó el libro La Gran Devolución, donde se condensa el manifiesto político del Movimiento Político Perú Nuevo, el primer intento serio por poner en la agenda nacional una auténtica reforma liberal. Claudio Zolla, presidente de dicha agrupación y coautor del libro, nos expone de manera simple los ejes de su pensamiento.
Correo: Hoy hay consenso en que se requiere más presencia del Estado para superar la inequidad y alcanzar la "inclusión social". ¿Por qué sostienen que ese no es el camino correcto?
Claudio Zolla: Un Estado más grande empobrece a la gente, porque nos quita libertades. En una ocasión conocí a una señora originaria de Tarapoto que se gana la vida vendiendo sánguches. Le pregunté por qué no vendía tacacho con cecina y me dijo que la municipalidad se lo prohibía. Es un ejemplo sencillo de cómo el Estado puede impedirle a cualquiera de nosotros prosperar en aquello en que más podríamos destacar. Yo tengo un proyecto inmobiliario en las playas de Cañete que desde hace cuatro años no puedo terminar de vender por todos los problemas burocráticos vinculados a la independización de lotes. No creo que haya un solo peruano que no haya querido iniciar un emprendimiento para salir de la pobreza o mejorar su situación económica que no se haya enfrentado a ese muro de la pobreza que son las regulaciones estatales. El otro día no pude pagar el colegio de mis hijos porque primero había que pagar impuestos. ¿Eso es justicia?
C: ¿Pero acaso se podría manejar la sociedad sin Estado?
CZ: Esa sería la propuesta de un anarco-capitalista. Nosotros seguimos el liberalismo clásico, que propone un gobierno limitado. En el Perú y en América Latina hemos padecido, desde la Independencia, toda clase de regímenes políticos y económicos, con muchos nombres pero un factor en común: el estatismo. El único sistema que nunca hemos probado es el liberalismo, donde el Estado se encarga solo de las funciones que le son propias. Cuando el poder se entromete en la esfera privada, desatendiendo sus fines propios, termina sometido a intereses particulares. Los gobiernos sin límites suelen reconocer una larga lista de derechos: al empleo, a la educación, a la salud, a la vivienda, ¡al agua!, como se ha propuesto hace poco; que no son derechos humanos sino una lista de lavandería de bienes y servicios que para que el Estado se los pueda otorgar a unos pocos debe despojar a otros de lo suyo. Los gobiernos sin límites se arrogan una larga lista de funciones que, para cumplirlas, requieren a su vez de una larga lista de potestades y atribuciones que terminan por ahogar la libertad individual y estrangular a los mercados. Como se puede apreciar, los liberales somos los auténticos antisistema.
C: ¿Cuáles serían las funciones que sí le corresponderían a un gobierno limitado?
CZ: Un gobierno limitado es el que se dedica a defender los tres derechos inalienables de los seres humanos, que son la vida, la libertad y la propiedad. Esos derechos son los únicos que nos hacen iguales a los seres humanos.
C: ¿Igualdad?
CZ: La igualdad del liberalismo es la igualdad ante la ley, que debe ser pareja para todos. No es igualdad de resultados, pues sería injusto. Lo justo es que reciba más quien más trabaja, más se empeña y es más prudente en sus decisiones. Para todo eso lo único que necesitamos del Estado, y que hoy no nos da, es seguridad, justicia e infraestructura.
C: ¿Este no es acaso el discurso de toda la vida de la derecha?
CZ: Hace algunas décadas, si a alguien lo acusaban de homosexual, debía negarlo enfáticamente, pues estaba mal visto. Hoy, quien hace semejante pregunta es mal visto, porque la homosexualidad ha sido socialmente aceptada. ¿Por qué ser de derecha o capitalista está mal visto? Porque la izquierda acusó a la derecha y al capitalismo de inmorales. Nosotros no le tenemos miedo a que nos digan de derecha, siempre que nos distingan de los mercantilistas o de los mal llamados neoliberales. Los socialistas dominan el juego político porque le han metido a la gente que ser de izquierda es una causa buena, donde se defiende a los pobres de la voracidad de los ricos. Para comenzar a cambiar las cosas, hay que tumbarse ese mito.
C: ¿Y cómo vender la idea de que sin Estado que te dé todo lo que te falta vas a prosperar?
CZ: Bueno, sin duda que los marxistas han hecho bien su trabajo. Entre las ideas diseminadas por el sistema educativo y las promesas de los demagogos, como el gas barato o el seguro oncológico gratuito, los tienen en la nube. Nosotros, como políticos nuevos, vamos a decirle la verdad a la gente. No "nuestra verdad" sino la que está en la Biblia, donde consta que Dios rechazó al estatismo. Cuando el pueblo de Israel le pide al juez Samuel que les dé un rey como las demás naciones, este les advierte lo que ocurrirá: "Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá (Samuel 8:15 -16)". Cuando en mis labores pastorales recorro Pamplona y me pongo a mirar alrededor, me doy cuenta de que tantas décadas de asistencialismo no han servido para nada. No se trata ni de darles pescado ni de darles cañas de pescar. Se trata de dejarlos pescar. De cortar los privilegios mercantilistas y darles acceso a la propiedad.
C: Pongamos un ejemplo concreto. ¿Qué opinan los liberales de la reforma educativa que hoy se discute?
CZ: Esto es como servir el mismo plato de tallarines con otro tipo de salsa. Estas son peleas entre grupos de poder. ¿Cuál es el principio? El padre debe dar la educación a los hijos. Eso significa que la educación debe ser privada, no estatal. Si el presupuesto actual del sector Educación se dividiera entre el número total de estudiantes, te alcanza para entregar un bono de S/.300 mensuales a todos para que los padres pobres elijan el colegio que quieran. Es un cambio de mentalidad.
C: ¿Y los peruanos están dispuestos a cambiar de mentalidad?
CZ: Los agitadores políticos solo están interesados en salir en la foto y ser congresistas. A los pobres sí les interesa que les digan la verdad. De lo contrario no estarían tan descontentos con Humala. Si los peruanos quieren ser prósperos, tienen que asumir los principios de la libertad.


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