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jueves, 20 de agosto de 2009

¿QUÉ SON LOS DONES ESPIRITUALES?

CENTRO ON LINE DE JUAN WESLEY


No hay nada en el servicio práctico cristiano que sea de mayor importancia que el reconocimiento y el uso de los dones del Espíritu. Aun cuando muchos cristianos han ma­nifestado tenerlos y los han usado a través de los siglos, sólo en años recientes la iglesia ha puesto más atención en este aspecto del ministerio del Espíritu Santo.
Como ha sucedido con otros temas doctrinales, hemos llegado a reconocer la importancia de los dones espirituales debido a las confusiones y equivocaciones que han surgido respecto a ellos. Se ha dado tal importancia a ciertos dones, hasta rayar en un franco fanatismo. Empero, hay abundan­tes pasajes bíblicos que es menester estudiar y enseñar. Las tinieblas jamás han sido expulsadas por una paliza, sino por la entrada de la luz.
I. El Significado de Carismata
En el Nuevo Testamento hay una palabra que denota los dones espirituales; es carismata, de la que se deriva el adjetivo carismático. En el griego antiguo caris es la palabra que se utiliza para decir “gracia”. En el griego clásico sig­nificaba “hermosura, encanto, atracción” y por extensión “favor, bondad”, y en el caso del recipiente, “gratitud”.
Cuando los escritores del Nuevo Testamento adoptaron la palabra caris, la emplearon para describir el amor espon­táneo, hermoso y no merecido de Dios que obra por Cristo Jesús. Caris o “gracia” tal como dice A. M. Hunter, “signifi­ca en primer lugar, el amor gratuito y perdonador de Dios en Cristo para los pecadores, y en segundo, implica la opera­ción de ese amor en la vida de los cristianos.”
Carisma, nombre sustantivo en forma singular que tiene sus raíces en caris, significa literalmente “don de gra­cia”. Representa todas las dotaciones espirituales poseídas por los creyentes en varios grados y formas. Este sentido, por supuesto, se aleja bastante del uso popular de “carisma” para describir lo encantador, lo atractivo, o lo simpático de algún personaje público o alguna estrella del cine.
Carismata, la forma plural de carisma significa “dones de gracia”. Las carismata se definen como “donaciones con­feridas divinamente”. “Carismático” describe a personas o movimientos que manifiestan y hacen hincapié en los dones de Dios por medio de su Santo Espíritu.
Las palabras carisma y carismata ocurren 17 veces en el Nuevo Testamento, 16 veces en los escritos del apóstol Pablo y una en 1 Pedro 4:10-11. La extensión de los dones de gracia es amplísima. Se identifican 20 habilidades o dones. Debe notarse, sin embargo, que esta lista no pretende de ninguna manera ser un catálogo completo de todas las maneras con que el Santo Espíritu capacita a su pueblo.
II. Clases de Dones
La lista que Pablo ofrece de los dones del Espíritu puede dividirse en dos grupos: “los dones generales” y “los dones de servicio”.
1. Los dones generales
Según el uso que el Nuevo Testamento da al término, “carismático” puede aplicarse a todos los creyentes, porque hay dos carismata o dones conferidos a todos los que reciben a Cristo como su Salvador personal.
a. El primer don (carisma) es la justificación. Pablo escribió en Romanos 5:15-16: “Pero el don (carisma) no fue como la trasgresión; porque si por la trasgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don (carisma) de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación.” ¡Qué regalo espiritual más precioso el que Dios nos ha dado a todos: el perdón de nuestros pecados y la reconciliación para con El!
b. El segundo don universal para los cristianos es la vida eterna. En Romanos 6:23 leemos: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva (carisma) de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
Estos son los dos dones indispensables. Si alguno carece de los dones de la justificación y la vida eterna, puede llamarse cristiano pero el hecho es que no pertenece a Cristo (véase Romanos 8:9). Pero Pablo menciona otros cuatro do­nes (carismata) generales adicionales.
c. El ministerio del Apóstol mismo, primero en forma personal y después por la palabra escrita, es un don espiri­tual. “Porque deseo veros, para comunicaros algún don (ca­risma) espiritual, a fin de que seáis confirmados” (Roma­nos 1:11).
d. Las manifestaciones de la misericordia de Dios para con su pueblo son dones (carismata). Con este punto de vista Pablo escribió: “Porque irrevocables son los dones (carismata) y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:29).
e. Una cierta condición y circunstancia de la vida es presentada como una de las carisrnata en un don de Dios que se menciona en 1 Corintios 7:7: “Quisiera más bien que todos los hombres fueran como yo; pero cada uno tiene su propio don (carismata) de Dios, uno a la verdad de un modo, y otros de otro.”
f. La oración contestada es un don (carisma) indis­pensable para la obra de Dios (2 Corintios 1:11).
2. Los dones para el servicio
Los dones para un servicio especial son los que general­mente describimos como regalos o dones espirituales. Estos han causado marcado interés en los últimos años y a eso obedece que dediquemos el resto de este libro a ellos.
III. Dones y Talentos para Servir
Los dones del Espíritu para el servicio son aquellas ha­bilidades y capacidades que Dios da a su pueblo para que éste pueda servirle adecuadamente. H. Orton Wiley define así los dones espirituales: “Son los medios y los poderes divinamente ordenados, con los cuales Cristo dota a su igle­sia para facilitarle la realización máxima de su tarea terre­nal.”2
“Los dones del Espíritu, entonces”, escribe Wiley, “son dotaciones sobrenaturales para el servicio determinados por el tipo de servicio o el oficio que tiene que realizarse.”3
Una de las más grandes denominaciones nombró una comisión especial para estudiar la obra del Espíritu Santo. Al terminar, informó que “las carisrnata pueden definirse como dotaciones y capacidades necesarias para la edificación y el servicio de la iglesia, ofrecidos por el Espíritu Santo a sus miembros, en virtud de los cuales, son fortalecidos para utili­zar sus dotes naturales en el servicio de la iglesia, o son provistos de nuevas habilidades o poderes para este pro­pósito.”
Es necesario distinguir entre los dones del Espíritu San­to y los talentos naturales o los “dones” implícitos en el carácter o la personalidad del individuo, aunque sí existe una estrecha relación entre ellos. Los dones espirituales funcio­nan a través de las facultades naturales, porque el Espíritu Santo canaliza su poder vitalizante en los dones que nos da.
Aun cuando el Espíritu da los dones espirituales, el aprovechamiento práctico que hagamos de ellos está sujeto a su desarrollo. Es rarísimo que un don surja plenamente desarrollado. Es menester descubrir y desarrollar los dones espirituales, tal como lo hacemos con los naturales. En Romanos 12:6-8, Pablo indica que los dones deben utilizarse conscientemente “según la gracia que nos es dada... con­forme a la medida de la fe... con liberalidad... con solicitud… y con alegría”. De la misma manera que los talentos naturales se perfeccionan y se mejoran por medio de la instrucción y la práctica, los dones espirituales ad­quieren mayor efectividad a medida que los vamos desarro­llando por medio del uso fiel de ellos.
Los verdaderos dones espirituales difieren de los talen­tos naturales porque éstos últimos pueden ser desarrollados y utilizados únicamente para la satisfacción propia. Pueden ser sumamente egoístas. Los dones del Espíritu en cambio es­tán relacionados con “la vida corporal” de la iglesia.5 Re­presentan la contribución individual de cada cristiano a la vi­da de la comunidad cristiana a la que pertenece.
Esto no quiere decir que los dones espirituales no sean una fuente de profunda satisfacción para el individuo. Ade­más de que contribuyen al bien y la vida corporal de la iglesia, la mayordomía correcta de los dones espirituales tiene un efecto en quien posee los dones. El creyente que utiliza sus dones no sólo sirve de bendición a otros, sino que él mismo es bendecido.
Así como el uso de los talentos naturales es una fuente de máxima satisfacción, el descubrimiento y el uso de los dones espirituales es una fuente de abundante y profundo gozo. El corazón cristiano siente la más grande satisfacción al desarrollar sus dones, en cooperación con el Espíritu Santo para ser usado por Dios.
IV. Todos los Cristianos Tienen Dones
Además de los dones generales (carisrnata) de la justifi­cación y la vida eterna (Romanos 5:15-16; 6:23), cada cris­tiano tiene cuando menos un don para servicio. Esto es lo que Pablo y Pedro declaran. Pablo dice de los miembros in­dividuales de la iglesia: “De manera que, teniendo diferen­tes dones, según la gracia que nos es dada” (Romanos 12:6) y añade: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7). Prosigue dicien­do, “cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).
Dondequiera que haya cristianos ociosos en la obra del cuerpo de Cristo —la iglesia— es porque no han descubierto ni usado sus dones espirituales. No hay creyente que carezca por lo menos de un don para servicio. Esto constituye una parte de ser cristiano en el sentido del Nuevo Testamento.
Por otro lado hay que declarar que siempre que hay una tarea importante en la iglesia local sin hacerse, eso significa que alguna persona no está usando los dones que Dios le ha dado. La iglesia en general sufre hoy un serio “problema de desempleo”. No es que demasiada gente busque trabajo, sino que hay demasiado trabajo en espera de gente que lo haga. En dondequiera que se encuentra este problema, tanto la iglesia como sus miembros individuales están empobre­cidos y raquíticos.
Una clara implicación de Romanos 12:3-8 y 1 Corintios 12:12-26 (en donde vemos los dones en e1 contexto de la vida del cuerpo), es que cada congregación local cuenta con sufi­cientes personas con los dones necesarios para llevar a cabo todo lo que le corresponde hacer en el reino de Dios. Cada función real del cuerpo de Cristo tiene su miembro corres­pondiente para ejecutarla, y cada miembro tiene una tarea que desempeñar.
Uno de los grandes problemas de la iglesia en todas par­tes es que hay un gran número de creyentes cuyos dones espirituales están latentes, sin ser reconocidos, o sin ser usa­dos. Los dones, tal como los talentos, pueden permanecer enterrados por años —listos a surgir en cuanto se manifiesten nuevas necesidades. Es tan importante descubrir y desarro­llar los dones espirituales como los talentos naturales. La iglesia nunca llegará a estar completa ni a ser adecuada hasta que un número creciente de sus miembros desempeñen un papel más activo en la obra, por medio del uso de sus dones tan singulares y tan irreemplazables.
¿Cómo llegamos a descubrir nuestros dones espiritua­les? Por lo general de la misma manera en que descubrimos nuestros talentos naturales: por la satisfacción que sentimos al tratar de usarlos. La persona con talento para el canto hallará placer en cantar. El que tiene talento natural de líder encontrará su realización en el liderazgo.
Nuestros dones espirituales —como los talentos— mu­chas veces pueden ser advertidos por otra persona antes que nosotros nos demos cuenta que los poseemos. A menudo uno se siente llamado a cierta tarea, ya sea por Dios, o por algún líder de la iglesia, antes de reconocer en nosotros mis­mos los dones espirituales necesarios para esa tarea. Estos surgen al asumir determinadas responsabilidades.
Dios ofrece los dones por su Espíritu no para esperar la admiración de los demás, ni para que la persona sea ensal­zada, sino para ser usados. Cada don lleva consigo la respon­sabilidad de su uso según la dirección de Dios.
El no tomar en cuenta los dones del Espíritu constituye un desprecio al Dador —cosa que ningún cristiano sincero quiere hacer. Por la iglesia, pero también para nuestra pro­pia satisfacción en el servicio cristiano, es importante que descubramos y utilicemos los dones que el Espíritu Santo nos ha dado.
V. Los Principios de la Distribución de los Dones
En el capítulo doce de 1 Corintios, Pablo presenta tres principios que rigen la distribución de los dones especiales que el Espíritu da para que sirvamos a Dios.
1. Todos los dones espirituales se dan por su valor o provecho. La medida del valor de cualquier don está dado por el grado en que sirve para beneficio de toda la iglesia (1 Co­rintios 12:7; 14:6, 19). Aun cuando se ha sustentado que ciertos dones del Espíritu tienen valor especial para el indi­viduo, éste no es el énfasis del Nuevo Testamento. Todos los dones espirituales tienen un solo propósito: edificar el cuerpo. En este sentido, todos son iguales. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7).
Todos los dones tienen valor puesto que contribuyen a la vida corporal (de la iglesia), pero no todos son de igual valor. En 1 Corintios 12:31, Pablo nos dirige a procurar “los dones mejores”. Es mucho mejor hablar a los hombres “para hacerlos crecer espiritualmente, para animarlos y para con­solarlos” que hablar en una lengua extraña (1 Corintios 14:1-3). No hay don por grande que sea que pueda compa­rarse con el valor excelente del amor, sin el cual todos los dones pierden su valor (1 Corintios 12:31-14:1).
2. Los diferentes dones se reparten de acuerdo con la voluntad soberana del Espíritu Santo (Romanos 12:6; 1 Co­rintios 12:11-18, 28, 30). Existe una estrecha relación entre los dones y las responsabilidades encomendadas a cada creyente. Mientras que cada cristiano tiene por lo menos un don, no todos tenemos el mismo don ni debemos esperar tenerlos todos. Por esta razón, ninguno de los dones, por bueno o fenomenal que parezca, puede aceptarse como evi­dencia del bautismo con el Espíritu, ni siquiera como evi­dencia de la espiritualidad en grado alguno. Es posible que cristianos inmaduros y hasta carnales posean abundancia de dones espirituales (1 Corintios 1:7; 3:1-3; etc.).
En relación a esto, Pablo hace especial hincapié en 1 Corintios 12:29-30. La forma de la oración en el Nuevo Testamento griego requiere una respuesta de “no” a cada pregunta. “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿to­dos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?” Tal vez la mejor traducción fuera la siguiente:
“No todos son apóstoles, ¿verdad?
No todos son profetas, ¿verdad?
No todos son maestros, ¿verdad?
No todos hacen milagros, ¿verdad?
No todos tienen dones de sanidad, ¿verdad?
No todos hablan en lenguas, ¿verdad?
No todos interpretan, ¿verdad?”
La única respuesta posible es: “No.”
3. La variedad de los dones espirituales tiene el propó­sito de unir y no de dividir a la iglesia (1 Corintios 12:14-27). Las personas con diferentes capacidades se necesitan mutua­mente para complementar la vida de toda la iglesia. La nota­ble comparación que hace Pablo de la iglesia con el cuerpo de Cristo presenta la verdad de su mensaje con inequívoca fuer­za. Los dones son muchos, el Espíritu es uno. Los diferentes miembros del cuerpo tienen una variedad de funciones, pero el cuerpo es un organismo integrado. “Sí todo el cuerpo fue­se ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.
“Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de voso­tros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más digna­mente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decoro­sos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (1 Corintios 12:17-25).
Sea cual fuere el significado que tengan las palabras de Pablo respecto a la modestia con quetratar a las partes que consideramos menos dignas, por analogía debemos recibir la advertencia contra lo que llamaríamos exhibicionismo respecto a cualquier don del Espíritu Santo.

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