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domingo, 8 de marzo de 2015

ZOLLA: LIBERALISMO CLÁSICO

HISTORIA  RECIENTE DEL PERÚ
Hace casi medio siglo, en 1963 –-para no ir más atrás– el Arq. Fernando Belaúnde fue elegido Presidente del Perú. Inició un Gobierno de izquierda democrática, que fracasó en medio de revueltas campesinas por promesas incumplidas, protestas en los “pueblos jóvenes” (barrios marginales de migrantes internos con falta de empleos y viviendas), brotes guerrilleros y denuncias nacionalistas de “entreguismo”.
Con el golpe del Gral. Juan Velasco en 1968, continuó el ciclo de estatismo de izquierda: “Reforma agraria”, empresas privadas “nacionalizadas”, fundación de nuevas empresas estatales, y confiscación de medios de prensa, todo ello en medio de un agresivo discurso nacionalista y militarista. La aguda crisis económica y la insatisfacción popular provocaron alguna moderación, primero con el Gral. Francisco Morales como sucesor de Velasco en 1975, y luego con el retorno de Belaúnde en 1980. Sin embargo la
Diez
años después, las elecciones de 1985 llevaron al APRA al Gobierno, con Alan García, tras la renuncia del socialista Alfonso Barrantes a la segunda vuelta. Aún con mayoría en ambas Cámaras del Parlamento, las medidas populistas provocaron tremenda crisis otra vez: hiperinflación con brutal y súbito empobrecimiento, y el colapso de los servicios públicos. Arreció la agitación terrorista de la izquierda virulenta. El Presidente anunció en Julio de 1987 la estatización de la banca, provocando gran pánico en el sector financiero, la prensa, la opinión pública y el mundo. Debió dimitir de la jefatura de su partido, en medio de fuertes rumores de renuncia anticipada a la Presidencia o golpe militar, y de un estallido popular por la crisis de abastecimientos y los grandes escándalos de corrupción en las esferas oficiales.
Surgió el Movimiento Libertad con la bandera del “Liberalismo”. Pero no fue Liberalismo Clásico sino el “Consenso de Washington” y sus políticas “macroeconómicas”, recomendado por el FMI y el Banco Mundial, para resolver de forma menos irracional los problemas del estatismo, del Estado gordo, obeso; mas no los problemas de la gente, sobre todo de la gente desnutrida y famélica.
Entre otras medidas y políticas este “Neo” o seudo-liberalismo promueve p. ej. alentar a las multinacionales a invertir en el Perú, mas no a las empresas peruanas, que tal parece no deben crecer ni desarrollarse, y seguir PYMes para siempre; elevar impuestos e ingresos fiscales en vez de reducirlos; sancionar más leyes reglamentaristas en vez de derogarlas; y firmar unos tratados de “Libre Comercio” con el Gobierno de EEUU, que no son tales, pues para gozar del libre comercio de verdad no se requiere tratado alguno con gobierno alguno siguiendo los gobiernos a cargo del comercio, sino eliminar aranceles y demás medidas obstruccionistas (mal llamadas “proteccionistas”), y nada más.
Con Alberto Fujimori se inició en los ‘90s un ciclo de ese estatismo mercantilista de derechas, mal llamado “Neo” liberalismo, y se siguió ininterrumpidamente hasta hoy. Más que a las virtudes intrínsecas del “modelo”, a sus 20 años de continuidad se debe un cierto progreso del Perú, que es evidente. Pero que es asimismo insuficiente: no alcanza para todos, y esto también es innegable. La pobreza persiste; y aún la miseria. Por eso ganó las elecciones el Cnel. Ollanta Humala, representante actual del estatismo militarista de izquierdas.
Estos 50 años han mostrado que: 1) El estatismo es incapaz de servir y dar satisfacción a las grandes mayorías populares. 2) Sea democrático o autoritario, el mercantilismo no sirve, porque privilegia a unos pocos grupos económicos, y no alcanza a generar desarrollo para todos, sin mencionar la corrupción que le es inherente. 3) Pero el socialismo, democrático o autoritario, también privilegia a unos pocos grupos políticos, burocráticos, sindicales y académicos, y a los empresarios amigos del Gobierno, y a los militares si son ellos los que mandan. Es todavía peor que el mercantilismo porque hunde y destruye a la clase media, empeorando así la condición de los más pobres. Y la corrupción no desaparece, ya que es inherente a toda forma de estatismo, sea de derecha o de izquierda. 4) Observando las experiencias del mundo, aprendemos que las alegaciones contra el capitalismo no son válidas.
Con 9,6 millones de km2, China empareja con EEUU por ser el tercer país del globo en extensión, tras Rusia y Canadá. Es el país más grande del Este de Asia; y el más poblado del mundo, con más de 1.300 millones de habitantes, un quinto de la humanidad.
Los desastrosos años del “Gran Salto Adelante” (1958) y de la “Gran Revolución Cultural Proletaria” (1966) fueron de muchas miserias: cooperativización compulsiva, persecuciones, violencias y crueles guerras internas, aislamiento del mundo, hambrunas gigantescas, y terribles represiones de los Guardias Rojos. A la muerte de Mao en 1976 siguió una tormentosa lucha por el poder, de la cual emergió Deng Xiao Ping, el nuevo caudillo y “hombre fuerte”, en 1981, con su política de “un país dos sistemas”
Desde entonces, en menos de 30 años (¡!) China se hizo una potencia económica, la tercera del mundo por su PIB. Pero su riqueza es aún muy baja en promedio, pese al enriquecimiento de la creciente clase media emergente, que impulsa el progreso en las ciudades, regiones y zonas especiales que se gobiernan bajo reglas casi capitalistas. La apertura iniciada en esas áreas costeras les ha permitido un despegue vertiginoso, creciendo al 10 % o más. Aún las regiones interiores, predominantemente rurales e inmersas en el pleno comunismo, se han beneficiado de este progreso, del cual participan con tasas más modestas, en torno al 7 No obstante este despegue a dos marchas abre una brecha entre los dos países, el de la costa y el interior, como no puede ser de otro modo; ¡pero al menos los chinos (y nosotros) podemos saber a ciencia cierta cuál sistema funciona y cuál no sirve!
En 2006 se revisaron los números del PIB, subestimado en cifras anteriores. Conforme a ese reajuste, China en promedio, y sin contar Hong Kong ni Macao, adelantó a Italia en PIB y luego a Francia e Inglaterra. El PIB total es de U$S 2.228.862 millones, y la tasa de crecimiento es del 11,3 %. Y en marzo de 2007, la Asamblea Popular reconoció el derecho a la propiedad privada para todos mediante ley, por primera vez en la historia china, luego de 13 años de encendidos debates. La medida no afectó, sin embargo, al campo y las tierras de cultivo aún colectivizadas y cedidas en usufructo por el Estado a los campesinos.
Por eso la estructura económica de China no está muy equilibrada. La agricultura aporta el 10 % del PIB pero acoge al 43 % de la población activa, lo que implica una productividad muy baja. Hay contrastes notables. En ciudades como Hong Kong y Macao se practica algo muy parecido al capitalismo liberal, ya que fueron descolonizadas recientemente con estas condiciones. Y asimismo en las Zonas Económicas Especiales, creadas en 1980. Fueron primero las ciudades de Shenzhen, Zhuhai y Shantou en la provincia de Guangdong; y Xiamen en la de Fujian. Salvo Xiamen, eran pequeñas y cercanas a Hong Kong, Cantón y Macao. Pero en 1984 se amplió en sistema a otras 14 ciudades, y en 1988 a la isla de Hainan, ya no una ciudad sino todo un territorio. En 1990 se extendió al distrito rural de Pudong, en Shanghai, modelo que se va adoptando en otras ciudades.

DIAGNÓSTICO
Veamos ahora el Diagnóstico (II) y luego las Cinco Reformas para un Perú Nuevo (III), y por último la Carta de Navegación (IV), y su Hoja de Ruta (V) para salir del estatismo e ingresar en la senda del progreso real, verdadero, y de la riqueza y oportunidades para todos.
En las encuestas del Perú –como en el resto de Latinoamérica— a la cabeza de los problemas casi siempre figuran el crimen, la inseguridad y la corrupción, respuestas anotadas con mayor frecuencia por la gente a esta pregunta. También aparecen, aunque menos destacados, otros problemas relacionados con las funciones propias del Estado: deficiencias en las obras públicas, y en los Tribunales. Y otros relacionados con fallas en los partidos políticos y la democracia en general. O sea: problemas en el orden político, en primer lugar (1).
También destacan en sondeos y encuestas la pobreza y la miseria, así como la falta de empleo, carestía de la vida, inflación e insuficiencia de los ingresos, y otros problemas de orden económico, en segundo lugar (2). Y en tercer lugar las pocas oportunidades educativas, y el deterioro en la enseñanza (3); luego la carencia de servicios médicos (4); y por último lo magro de las jubilaciones y pensiones (5).
Las Cinco Reformas para un Perú Nuevo (III) van respectivamente a resolver estas cinco series de problemas, una a una: la Reforma Política (1), Económica (2), educativa (3), de los servicios médicos (4) y de las jubilaciones y pensiones (5). Las Cinco Reformas son el remedio a nuestros males. Pero es imposible entenderlas si primero no entendemos bien cuáles son las raíces de nuestras enfermedades políticas, económicas y sociales, que están en nuestra cultura. Y esta explicación requiere algunas páginas, si nos disculpan por favor, muchas gracias por su atención.
La causa de todos los problemas es una y sola: estatismo; o la invasión de las esferas privadas y el secuestro de las instituciones particulares por el Estado, con la consecuente desatención por los Gobiernos de las funciones estatales propias. Tanto en Perú como en Latinoamérica llevamos 600 años de estatismo, 400 como colonias, y unos 200 como países independientes. No conocemos otro sistema. En los últimos 50 años los peruanos cambiamos del estatismo mercantilista al socialista, con algunos timonazos al “Neo” liberalismo, que de liberal tiene poco o nada, y de vuelta al socialismo, civil o militar.
Entre nosotros, el estatismo y su hija inseparable, la corrupción, remontan a la época del Almirante Colón y su vástago Don Diego; y asimismo la pobreza, también producto del estatismo. Esos tres (y el nepotismo) son los problemas de “primera generación” (problemas G1), que la Independencia no resolvió, y quedaron pendientes hasta hoy.
Después, a las Repúblicas ya independizadas nos llegaron los problemas de “segunda generación” (problemas G2, a sumarse a los ya existentes): la incapacidad de levantar instituciones públicas sólidas y eficientes en la esfera estatal, p. ej. jueces y tribunales imparciales, honestos y diligentes; y la incapacidad de sostener empresas privadas crecidas y fuertes, e instituciones civiles privadas no dependientes de los gobiernos.
Y a todos estos problemas no resueltos, se sumaron a mediados del s. XX los de “tercera generación” (problemas G3): fallas graves en economía, finanzas, banca, educación, servicios médicos y previsionales, etc., sin contar la polución ambiental, frente a las que nada puede hacer el Estado, incapaz también para frenar la criminalidad desbordada. Todos estos problemas siguen irresueltos, por haber dispuesto “soluciones” estatistas falsas y erróneas, e insistir siempre en el mismo tipo de políticas irracionales aún cuando es obvio que no alcanzan sus objetivos declarados, como p. ej. la “Guerra a la Pobreza” con medidas populistas que perpetúan la pobreza, o la Guerra a la Droga con políticas meramente represivas que han sido y son ostensiblemente ineficaces.
Todos estos problemas quedan pendientes y sin respuesta idónea, y se pasan de un gobierno al siguiente, de un ciclo al que viene, y de un siglo al otro.
Como si fueran pocos, con el s. XXI se nos vino encima una larga lista de nuevos problemas, “de cuarta generación” (G4), tan extensa y variopinta que es imposible exponerla aquí. Pero gracias a Dios todos estos son consecuencia de los fracasos en los problemas viejos y los modos de abordarlos, como p. ej. la violencia en todas sus formas y manifestaciones, dentro de la familia o fuera de ella; o bien son seudo-problemas, como p. ej. el de los “derechos homosexuales”, inventados por quienes no han resuelto los problemas reales para disimular sus continuos y reiterados fracasos, o para avanzar una agenda extraña.
Todos los sistemas y países son “capitalistas” porque en toda economía el capital es un factor clave; la pregunta es ¿Quiénes son los propietarios y gerentes del capital, y en consecuencia cómo funciona? Hay un capitalismo liberal que permite crear riqueza para todos; pero no lo tenemos. Y hay un capitalismo estatista, que tenemos en dos grandes variedades: mercantilismo y socialismo; bajo el primero se permite crear cierta medida de riqueza sólo para ciertas minorías, y bajo el socialismo esa escasa riqueza se “redistribuye” a los bolsillos de otras minorías.
El estatismo de derechas y el de izquierdas se complementan y acuerdan amistosamente, siempre, aunque bajo la mesa. El primero defiende principalmente intereses económicos; y el segundo, intereses políticos en esencia. En el Parlamento las oligarquías económicas y políticas intercambian improperios entre sí, ante los micrófonos y las cámaras, y a veces hasta puñetazos. No obstante a la hora de votar, lo que intercambian son sus respectivos votos, por las leyes mercantilistas y socialistas que les garantizan a unas y otras sus respectivos privilegios.
1) A las oligarquías económicas, las leyes “proteccionistas” les mantienen “sus” mercados cerrados a la competencia, como cotos de caza exclusivos, al abrigo de toda intromisión externa o interna, y les permiten obtener grandes ganancias a pesar de ser ineficientes.
Así pueden sus empresas seguir operando pese a las enormes magnitudes de sus costos, en términos comparativos y de precios relativos. Inmunes a la competencia (y por ende impunes) pueden cómodamente mantener atrasadas tecnologías, obsoletos sistemas gerenciales, administrativos o mercadológicos, inidóneos métodos de inventarios, menos que óptimas estructuras
financieras etc. Porque “sus” leyes les garantizan nichos monopolistas y oligopolistas que les relevan de la obligación de soportar la competencia libre. ¿Quiénes pagan las consecuencias? Sus clientes y consumidores, sus trabajadores y empleados, y muchos de sus microempresarios proveedores. Todos ellos tienen que internalizar o absorber los costos de todas sus ineficiencias e in-competencias. Resultados: empobrecimiento general.
2) Entonces llegan las oligarquías políticas, burocráticas y sindicales socialistas o populistas de izquierda, con sus “leyes sociales” para los pobres (y laborales y gremiales), que parecen todas muy bonitas en el papel, pero no resuelven nada, y en cambio lo agravan todo: distorsionan los incentivos para el trabajo, el ahorro, la inversión y la creación de riqueza; someten al arbitrio del Estado la educación, la medicina, y toda la cultura y la vida en general; abultan la burocracia y el Presupuesto Fiscal; y crean una cultura de adicción y dependencia de los “Programas sociales”.
“Los ricos estamos completos”, dice la derecha mercantilista, defensora del “capitalismo de amigotes”, no del capitalismo liberal. Y las izquierdas responden: “Pero con tan buenas leyes sociales, que dan al pueblo educación, salud, etc., ¿Quién querría ser rico?” Así es como las izquierdas votan por las leyes mercantilistas a cambio del apoyo a las leyes socialistas por las derechas; ¡y felices ellos! Le llaman también “Economía Mixta”.
No es novedad. Lo hicieron los patricios y los hermanos Gracos y su reforma agraria en Roma, y hundieron la República; lo hicieron laboristas y conservadores en Inglaterra al fin de la II GM, y hundieron la industria británica; lo hicieron en EEUU los hermanos Kennedy con el “complejo militar-industrial”, y sentaron las bases para la gran crisis del s. XXI, de la que hoy todavía los estadounidenses no pueden salir; lo hicieron los europeos occidentales cuando los conservadores copiaron de los socialdemócratas el mal llamado “Estado de Bienestar”, y entre ambos convirtieron los “milagros” económicos de posguerra en la “Euroesclerosis”.
La Derecha va a seguir perdiendo mientras siga empeñada en la defensa de privilegios para minorías oligárquicas, en la vía mercantilista, en vez de libertades para todos, en la vía liberal. Porque la Izquierda tiene una oferta política y electoralmente más atractiva: privilegios para las mayorías, disfrazados de “derechos”. Con esa promesa conquista el poder; y después, cuando se revela como una demagogia de imposible cumplimiento, ya es muy tarde.
Absorbiendo funciones privadas unas tras otra, al calor de las sucesivas reediciones y ampliaciones del “Pacto Social”. Funciones que no le corresponden por su naturaleza. P. ej. en lo económico, el Estado ha asumido la propiedad de empresas, bancos y otros activos como el subsuelo, o bien la dirección y control de la economía, las finanzas y los negocios privados. Es propietario o inversionista, o gerente general, o promotor y proveedor de insumos; o es todo a la vez y a un tiempo. Y asimismo en la educación, servicios de salud, y cajas de jubilaciones y pensiones, el Estado ha tomado el papel de maestro y profesor, médico y enfermero, y administrador de fondos para retiros e imprevistos.
El estatismo no funciona porque el Estado es antes que nada para hacer defensa y justicia, aplicando la fuerza. Por eso sus rasgos esenciales son p. ej. el orden jerárquico en lugar del orden consensual (acuerdos) o democrático (mayoría de votos); la uniformidad en vez de la variedad, diversidad o pluralismo, y la competencia; la formalidad y hasta solemnidad en vez de la informalidad; y la disciplina vertical en lugar de la disciplina horizontal como en los mercados. Estas son sus características esenciales o connaturales, y son funcionales al uso de la fuerza, por ello sirven muy bien en el ejército, la policía, la burocracia y los jueces y tribunales, en la diplomacia o la colección de impuestos. Pero no sirven para nada y mucho estorban en actividades como los negocios, la educación, la medicina o los planes de retiro, que no requieren para nada el uso de la coacción o la fuerza física.
La invasión de estas esferas privadas por el Estado es una usurpación de funciones que por su naturaleza corresponden al sector privado y sus instituciones: los mercados libres, y las empresas privadas que son capaces de producir y distribuir todos estos bienes y servicios de forma mucho más eficiente, justa y económica que los Gobiernos, con una sola condición: que éstos atiendan bien sus tres funciones, lo cual hoy no hacen.
Al usurpar funciones privadas, el Estado se recarga de tareas, y de poderes, derechos y facultades, que ejerce mediante reglamentos y controles arbitrarios, y muchas veces caprichosos. También se recarga de gastos, que atiende con los recursos procedentes de los muchos y altos impuestos, del crédito, y de la inflación de moneda. Y desatiende las funciones genuinamente públicas. Y algo peor: obstaculiza, prohíbe, encarece o impide que las familias, escuelas, empresas, iglesias, medios de prensa, asociaciones benéficas y otras entidades privadas logren sus fines de servicio. Las escuelas y consultorios médicos son “empresas” también; y “el sector privado” no se compone sólo de empresas comerciales sino también de familias, iglesias, clubes sociales, asociaciones civiles y una amplia gama de entidades privadas que cumplen distintos fines y muy diversas funciones propias específicas, con sus medios igualmente propios específicos.
Porque existe una cultura antiliberal que le brinda legitimidad ideológica. Son principios, normas y anti-valores contrarios al mercado y al capitalismo, a la libre competencia, al ejercicio de la individualidad, a la libre empresa y a la iniciativa personal, al lucro y al comercio.
Esa cultura estatista trae tres mensajes. 1) El discurso mercantilista, dice que “debemos proteger la producción nacional” y aislarnos del mundo exterior, pues la globalización no es buena. 2) El discurso populista y socialista, dice que el capitalismo explota al trabajador y al consumidor, contamina la naturaleza, discrimina y “excluye” a los pobres, las mujeres, los indígenas, los negros (o los cholos), los “gays”, etc. etc. 3) El discurso combinado del contubernio social-mercanilista, que exalta el colectivismo, la burocracia reguladora, el “control de la economía” por la la Nomenklatura (burocracia), y alaba los programas estatales paternalistas y “maternalistas”, que crean adicción y Estado-dependencia.
Esta cultura genera un ambiente cerrado y artificial, en beneficio exclusivo de las oligarquías económicas y políticas, que negocian sus respectivos privilegios en perjuicio de aquellos mismos a quienes dicen defender: los más débiles.
La perversa cultura estatista y anti-liberal se transmite a través de muchas vías o canales de difusión masiva: 1) las universidades y la educación pública controlada por el Estado, proporcionan las teorías y la mitología que justifican el estatismo; 2) los políticos estatistas la repiten; 3) la prensa les hace coro; 4) el Congreso aplica puntualmente las recomendaciones de las universidades, y las convierte en leyes, cuyo carácter sacrosanto nadie cuestiona; 5) la cultura popular las rehace en letras de canciones, novelas y libretos de radio y TV, y en noticias, artículos y comentarios de prensa; 6) el púlpito de iglesias y templos bendice al estatismo con los santos óleos de la moral y la religión.
Misología es aversión al pensar racional y lógico; Anomia es ausencia de normas reconocidas como válidas más o menos universalmente, producto del anti-nomianismo, o aversión a las normas y reglas. La primera es causa de la segunda, porque no aprendemos a reconocer y distinguir entre normas justas e inicuas, éticas e inmorales, de provecho y dañinas, buenas y malas (y peores); así no se puede convivir porque hay forma de acordar reglas básicas de convivencia. Para tener discernimiento es indispensable el uso de la razón, a fin de llegar al conocimiento de la verdad. Vivimos inmersos en una cultura profundamente anti-racional y anti-nomianista.
La mayoría no admite normas universales. “Cada quien tiene su propia ética”, se dice. Es cierto; y por eso estamos así. La gente carece de “principios y valores” porque no piensa ni quiere pensar. “No tiene tiempo” dice, y es verdad. Inconsultamente es exigida por el sistema a gastar horas y días en exceso para mero subsistir. Agitada y agotada por el trabajo cotidiano con los interminables viajes a sus labores y de retorno a sus hogares, la inmensa mayoría carece de tiempo, paz mental e información a la mano para investigar y documentarse acerca de su condición, y la forma de salir. Así es como la masa de gente que más disfrutaría de su Liberación, se aferra a sus cadenas con empeño digno de mejor causa, ideologizada por el estatismo, que cruelmente le recorta y quita las libertades y los recursos necesarios para liberarse, entre ellos el tiempo.
Tampoco buscan tiempo muchos que a la opresión del estatismo añaden las esclavitudes de las drogas, el alcoholismo, el pansexualismo y otros escapismos: horóscopos, telenovelas, libritos de “autoayuda” con la filosofía hueca de la “autoestima” y el Pensamiento Positivo, interminables cursos de posgrado para producir especialistas desempleados, religiones místicas como la seudocristiana “teología de la prosperidad”, y obsesiones colectivas como el fútbol, ligado al chauvinismo patriotero. Todas fomentadas por el estatismo, mayor o menormente, de mil formas directas y/o indirectas.
La opinión pública dispersa su atención en irrelevantes minucias, llevada y traída de nariz de un escándalo a otro de corrupción. La vida política gira en torno a quién robó o malversó dinero en tal o cual oficina estatal. Pero ¿qué es la “lucha anticorrupción”? Una farsa montada por los políticos estatistas más hábiles, expertos en desaparecer trazos sin no dejar pistas, para deshacerse de los más torpes, incapaces de borrar las huellas.
Sin embargo la cultura estatista crea la imagen de que la riqueza es una suma fija, una Gran Torta, siendo el Estado el Gran Repartidor, de la cual las porciones son determinados de antemano para cada quien según su condición, sea en efectivo como en los “Planes Sociales”, o en especie como en “la educación y la salud”, las jubilaciones etc. Por ello cada caso de “corrupción” se ve como un mordisco antes de tiempo o fuera de orden, que deja menos cantidad para el resto, que se hunde en decepción, frustración, amargura y crispación.
Para colmo de males, en un clima de fuerte relativismo, hostil al pensamiento claro y riguroso, todos los partidos sin excepción se han acogido a la falsa tesis de la “muerte de las ideologías” y enterrado sus viejas doctrinas. Caudillismo siempre tuvimos, en lugar de instituciones sólidas, pero ahora es peor: los partidos son meras maquinarias electorales personalistas para negocios turbios a la sombra del estatismo. Los medios de prensa pretenden asumir roles propios de los partidos políticos; pero no pueden.
Y la clase media confundida cree que el mal son los partidos en lugar del estatismo. No aparta tiempo para conocer las doctrinas ni los sistemas de Economía Política; las diferencias entre ellos, y a quiénes cada uno aprovecha o perjudica. No puede estudiar la Biblia seriamente ni su positivo impacto en Occidente, ni investigar las ciudades libres medievales, o la influencia de la Reforma Protestante en el norte de Europa y en EEUU. Encima de eso, quienes han pasado por una Universidad tienen la cabeza repleta de información falsificada, y además de tiempo, carece también de paciencia y humildad suficiente como para desaprender.
¿Qué hacer?
Fines y objetivos
Vimos que en el Perú como en Latinoamérica tenemos cinco clases de problemas acumulados y postergados, presentes en todas las encuestas: 1) judiciales, gubernativos y políticos; 2) económicos y financieros; 3) educativos; 4) en la atención médica y hospitalaria, y 5) en las jubilaciones y pensiones. Son como cinco grandes plagas bíblicas.
Requerimos en consecuencia: 1) Un sistema político, gubernativo y judicial que funcione, eficiente y de costo razonable; 2) trabajo, ahorro, inversiones, moneda sana e ingresos suficientes, en el marco de una economía expansiva, con mercados abiertos y prosperidad para todos; 3) educación de calidad, accesible para todos; 4) atención médica digna, y al alcance de los enfermos, discapacitados y accidentados, y 5) jubilaciones y pensiones decentes.
Como en el “Éxodo” bíblico, nuestra propuesta es “La Salida” del estatismo y sus plagas endémicas, a través de las Cinco Reformas: 1) La Reforma del Gobierno y la política, imprescindible y urgente; 2) La Reforma de la Economía, igualmente necesaria. Y sus tres complementos en el orden social: 3) La Reforma en la Educación, 4) en los Servicios Médicos, y 5) Jubilaciones y Pensiones.
Derogar las Leyes Malas
Todo sistema de Economía Política –-mercantilista, socialista, mixto o capitalista liberal– encarna en el conjunto de las leyes que lo consagran, las que componen el entero Digesto Legislativo de un país. Las estatistas son las leyes malas, contrarias al trabajo, al ahorro y a las inversiones, a la iniciativa y desarrollo empresariales, a la libre competencia, incluso muchas contrarias al sentido elemental de la justicia y al sentido común.
La Reforma del Estado abarca el área política y de los partidos; la reforma económica comprende la agricultura, industria, comercio, transporte y servicios, y asimismo la moneda, banca y finanzas, y afecta positivamente a todos los negocios en general; y para el plano social proponemos las reformas en educación, atención médica, y cajas de jubilaciones y pensiones. Se describen en el documento “Acción de Gobierno”.
¿Cómo se hacen las Cinco Reformas? Primeramente un vocero, agente o actor ideológico y político debe poner el tema en la agenda pública. Después de eso, un fuerte movimiento de opinión debe tomar forma y estructura, relegitimando moralmente el comercio, la empresa, las ganancias, la actividad económica y el capitalismo; y también la actividad política y los partidos, cuando se dirigen a fines nobles. Y por fin una sólida mayoría de congresistas tiene que derogar los cientos de leyes que hacen legal el estatismo. Porque como se explica en el documento “Acción de Gobierno”, un país se Gobierna desde el Congreso, y desde el Ejecutivo sólo un Estado. Es un hecho de la vida.
República y Estado de Derecho
Proponemos un verdadero Estado de Derecho para el Perú, y eso es más que Democracia: es lo que se llama una “República”; así puede entenderse la meta, objetivo y fin último del Plan Político y de la Acción de Gobierno que presentamos a tu consideración: una República para el Perú.
Derecho es la materia relativa a la Justicia; y “Estado de Derecho” es un Estado donde reina la Justicia. No es lo mismo que un mero Estado “de Legalidad”, donde las más grandes injusticias, iniquidades, disparates y aberraciones jurídicas se cometen a diario, revestidas todas de formalidades y aún solemnidades legales. “Justicia” es reconocer a cada quien lo suyo y nada más que lo suyo, comenzando por las esferas respectivas del Estado y la sociedad civil.
División de poderes
Un “Estado de Derecho” no debe usurpar poderes, funciones, actividades, libertades ni recursos que son de la sociedad civil. Entre ambos debe haber una división de poderes, y no sólo entre ramas u órganos del Estado. El pensamiento liberal entiende la “división de poderes” de modo amplio: antes que nada como una división de poderes, competencias, prerrogativas y responsabilidades entre el Estado y la sociedad civil:
1)       Por un lado las instituciones voluntarias en las esferas privadas: familias, empresas, escuelas e iglesias, etc., organizadas estas en forma descentralizada, en libre, abierta y sana competencia dentro de cada ámbito. 2) Por otro lado las instituciones estatales, en la esfera de lo público, divididas de modo vertical, organizadas jerárquicamente en un orden federal, comenzando por los gobiernos municipales, el nivel superior y de más importancia, de allí a los niveles regionales intermedios, y por último al nivel central de cada nación.
2)      
Y en todo nivel y no sólo en el central, divididas las instituciones estatales de modo horizontal, entre los órganos o ramas del poder del Estado republicano: el poder parlamentario o deliberante y de control, el judicial, y el ejecutivo.
Se reconocen entonces cuatro esferas privadas de primera importancia: familia, empresa, escuela e iglesia, instancias anteriores y por ende no inferiores al Estado, sino iguales en soberanía, basadas en la primacía del individuo sobre el colectivo, en la propiedad privada, en la competencia libre, y en los arreglos voluntarios expresados en los contratos.
Un primer principio cardinal del liberalismo clásico es que las relaciones entre personas e instituciones privadas se rigen por normas establecidas en sus contratos y sociedades, de los cuales son sus propietarios; y las leyes y autoridades estatales encargadas de velar por su cumplimiento intervienen solamente en casos de violencia, coacción y/o fraude. Lo cual significa dar prioridad al contrato sobre la ley como fuente del Derecho, en todos excepto en tales casos. Y en cuanto a la “división de poderes” a nivel nacional se reconocen tres órganos o ramas del poder estatal, comenzando por el Congreso.
El Parlamento
Un Congreso no es para hacer leyes sobre materias que han de regirse por normas contractuales, sino principalmente para autorizar los impuestos y los gastos del Estado, y para controlar el Ejecutivo, principalmente a través del Presupuesto Fiscal y su ejecución.
Una vez establecido ese principio esencial sobre la función primordial del Congreso en un Estado de Derecho, son aspectos secundarios si el régimen gubernativo es Parlamentarista, Presidencialista o de tipo mixto; si hay o no un rey coronado como en Inglaterra, Holanda, Bélgica o España, o sólo un Presidente; si hay una sola Cámara, o dos o aún tres; o si los diputados representantes a la o las Cámaras se escogen por lista o de otra forma. Son todas estas cuestiones prudenciales, a decidir según el caso y conveniencia, no hay principios generales de validez absoluta o universal.
Es obvio que también es secundario si hay muchos partidos o solamente dos; los partidos son instituciones voluntarias y privadas, enteramente separadas del Estado, que no debe autorizar o legitimar a los partidos, gobernarlos, controlarlos ni subsidiarlos.
El Poder Judicial
Es el órgano del Estado que se encarga de administrar la justicia pública, tratando con la violencia y el fraude en las relaciones entre las personas e instituciones. Para resolver sobre derechos y no sobre intereses, sobre los cuales resuelven los mercados.
Pero dentro de las cuatro esferas privadas hay también administración de justicia, en calidad de fuero voluntario, como p. ej la autoridad de los padres en la familia; las cortes arbitrales en el comercio; los tribunales examinadores en la educación y de calificación en profesiones como la medicina; y los regímenes disciplinarios en iglesias y congregaciones religiosas. La administración privada de justicia que existe incluso hoy, es un reconocimiento a la soberanía de estas esferas.
1) Principio cardinal es la justicia llamada restaurativa o compensatoria, según el modelo bíblico: centrada en la víctima y no en el victimario. No es para castigo del culpable, como en la justicia meramente punitiva; ni para su “regeneración”, como en la justicia humanista; el objetivo es obligar al transgresor a reparar el daño causado, en tanto sea esto posible, de preferencia restaurando a su víctima a la condición anterior al crimen, o dando compensación justa cuando esto no es posible.
2) Segundo principio es la justicia “preventiva”: si hay fundadas razones para suponer “peligrosidad”, es decir: reincidencia probable, entonces y sólo entonces se pone en la cárcel al victimario, en resguardo de las víctimas eventuales o potenciales, pero sin que cese su obligación de restaurar o compensar a las víctimas actuales, y sin cargar sus gastos a los contribuyentes, para lo cual la cárcel ha de ser antes que nada un lugar de trabajo productivo.
Una vez establecido estos principios esenciales sobre la función judicial, cabe considerar prioridades entre las llamadas fuentes del Derecho: la ley, la jurisprudencia de jueces y tribunales, la doctrina de los tratadistas, la costumbre establecida, etc. Hay al respecto estos dos sistemas: 1) El anglosajón que otorga mayor libertad al juez, y por ende más importancia al precedente judicial establecido con firmeza en sentencias anteriores, y asimismo a la doctrina de los autores, y a la costumbre, según las interpretaciones de los jueces. 2) El continental europeo que da menor libertad al juez, y más peso a la ley.
Para el liberalismo clásico es esta otra cuestión prudencial, siempre y cuando la ley sea norma o pauta de justicia objetiva limitada a su función, que es la protección de los únicos derechos humanos legítimos: a la vida, libertad y propiedades de las personas. La ley no es para entrometerse en asuntos privados donde no hay violencia o coacción ni fraude. La mal llamada justicia “social” (la verdadera justicia lo es) es una gran injusticia porque implica quitar a unos por la fuerza, para supuestamente dar a otros, tomando su parte de león el intermediario político.
 El Poder Ejecutivo
Es el órgano que existe sólo para: 1) proveer a los ciudadanos de defensa nacional mediante las Fuerzas Armadas, y 2) representación en el exterior mediante las funciones diplomática y consular; 3) proveer seguridad a personas y bienes mediante la policía; 4) pagar sueldos y salarios a los jueces y funcionarios de la justicia pública; 5) encargarse de las obras públicas de infraestructura, contratando y pagando a las empresas constructoras y de mantenimiento; y 6) recolectar los impuestos autorizados a estos fines. Todo bajo la mirada atenta y vigilante del Congreso.
En una República hay lugar para siete agencias, departamentos o Ministerios: 1) Defensa nacional, para la seguridad y defensa de la nación. 2) Interior, para la seguridad y defensa de sus residentes. 3) Relaciones Diplomáticas y Consulares, para ayudar a los nacionales a superar trámites burocráticos en el exterior y no para firmar acuerdos burocráticos con Gobiernos estatistas y organismos inter-estatistas, que después convierten en “leyes” inconsultas y abusivas. 4) Justicia, para pagar a las cortes y a los jueces. 5) Obras Públicas o de Infraestructura, para la construcción y mantenimiento de las autopistas, caminos, puentes, embalses, puertos y aeropuertos y otras similares. 6) Ayuda Social, para la administración de bonos o cupones para costear la educación, atención médica y planes jubilatorios y de pensiones a los más pobres, en la etapa de transición, identificando por visitas y encuestas a los beneficiarios elegibles; y luego para el reembolso en dinero a las empresas e instituciones educativas, de salud y previsionales libremente escogidas por sus titulares. 7) Hacienda Pública, para la administración del Tesoro. No hay lugar para un Banco Central.
A los ciudadanos y a las familias caben las decisiones sobre su economía, su educación, su religión, su cultura y su ética. Por tanto en un orden liberal no hay lugar para “Ministerios” abusivos, siniestros o ridículos (y siempre costosos) tales como Producción, Planificación, Trabajo, Empleo, “Solidaridad” (o Bienestar Social), Economía y Finanzas, Agricultura, Pesca, Energía, Petróleo, Minería, Comercio e Industria, Comercio Exterior, Turismo, Deporte, Religión, Culto, Educación, Cultura, Universidades, “Principios y Valores”, Arquitectura y Bellas Artes, Ciencia y Tecnología, Transporte y Comunicaciones, Vivienda, Construcción, etc., ni Información, Prensa, Salud, Diversiones, Matrimonio, Familia, Mujer, Varón, Niño, Anciano, etc.
Proponemos avanzar hacia el capitalismo liberal desde las ciudades y regiones, comenzando por las áreas geográficas cuyos residentes escojan este sistema para vivir y convivir. En las regiones escogidas, tendrán un período de vacación legal las leyes malas, entre ellas las que nos imponen estos “ministerios” y sus inicuas decisiones, que nada tienen que ver con la genuina acción pública, en el interés público o general. Por consiguiente en las zonas no estatistas desaparece la jurisdicción e imperio de estas oficinas burocráticas.
 La Democracia
Hoy en día se entiende por Democracia el sistema por el cual los funcionarios son electos por el voto popular, con sufragio “activo” (derecho al voto) universal; es decir: cualquiera puede votar, sin discriminaciones de género alguno. Sin restricciones.
No siempre fue de ese modo: antes se consideraba poco democrático que quienes más aportaban al Tesoro Público tuvieran igual voto que quienes menos contribuían o no aportaban nada, y por esta muy atendible razón de justicia contributiva, el voto se calificaba por la contribución impositiva de cada quien. Esta discriminación fue posible cuando los impuestos eran directos; pero se acabó con la introducción de los gravámenes indirectos. También se veía poco democrático que tuviesen voto los ignorantes analfabetos, fácilmente manipulables, pero como en otros casos, este hecho sirvió de pretexto para usurpar el Estado el rol de educador. O se pensaba poco democrático que tuviesen voto los funcionarios y empleados públicos, por el obvio conflicto de intereses, y se impuso una restricción; pero se terminó cuando los Estados usurparon funciones económicas, educativas, médicas y de asistencia, y contrataron numerosos ejércitos de gerentes y ejecutivos, maestros y profesores, médicos, enfermeras y un sinfín de gente.
Y lo que es más: antes se consideraba que Democracia era el sistema no discriminatorio en el sufragio “pasivo” (derecho a ser elegido); esto es, sin restricciones ni consideraciones exclusivistas en cuanto a posiciones de nacimiento, riqueza u otras por el estilo.
Pero no obstante, incluso ahora, bajo el estatismo, hay restricciones y por eso no existe la democracia total o “pura”. Ciertas autoridades no son electas democráticamente por el voto popular, como por ej. mandos de las fuerzas militares y policiales, funcionarios diplomáticos y consulares, y magistrados judiciales; debe notarse que según el liberalismo clásico estos son los cargos propiamente “públicos”. Estos puestos son ahora reservados para ser cubiertos por capacidades, méritos y antecedentes; no por elección y sufragio del pueblo. Ocurre hoy lo mismo con cargos impropiamente públicos, tales como Directores de Escuelas, Colegios, Universidades y Hospitales estatales. Hay restricciones.
Para los liberales clásicos la Democracia se desnaturaliza por completo con el estatismo, sea este socialista o mercantilista; y por ello deben decretarse ciertas restricciones al ejercicio del voto. No es de Justicia que las mayorías puedan imponer la fuerza del número con su voto, e incrementar los impuestos y por tanto el Tesoro Fiscal, y/o aumentar las facultades de los funcionarios en la concesión de privilegios a sectores específicos, sean minoritarios o mayoritarios, no importa su peso cuantitativo. En el primer caso es a costa del contribuyente de impuestos; en el segundo es a costa del consumidor, del comerciante o del productor en los mercados. Así la democracia se hace un robo por poder, equivalente a un asalto a mano armada y en gavilla.
Así como hay incluso ahora ciertas restricciones en el sufragio pasivo, debe haberlas también en el sufragio activo. Es de Justicia. No deberían votar los funcionarios públicos, ni los que reciben empleos, contratos o favores de los Gobiernos; por ej. los beneficiarios de las tres series de cupones (“vouchers”) que nosotros proponemos para los más pobres en educación, salud y previsión.
Municipalismo y federalismo
Una República incluye un Estado más liviano y ágil, menos totalitario, autoritario, y mucho más económico; es decir, con mucho menores cargas reglamentarias y tributarias. Pero que es federal en su configuración y constitución.
Cabe entonces la pregunta: ¿qué pasaría en una República si los ciudadanos de ciertos Municipios y aún ciertas regiones siguen orientaciones anti-liberales, y en consecuencia prefieren y escogen para sus gobiernos locales un modelo típicamente estatista, con todos sus Ministerios, reglamentaciones e impuestos, mucho más reglamentarista y más costoso?
En tal caso la respuesta es: no pasaría nada, pues ellos solamente lo soportarían y lo pagarían, en sus circunscripciones locales; pero no los demás, que no estarían obligados a la fuerza, les guste o no, como ahora.
La que cabe entonces es la otra pregunta, opuesta: ¿qué pasaría si bajo la Constitución actual, los ciudadanos de ciertos Municipios y aún ciertas regiones de una República siguen orientaciones liberales, y deciden escoger para su gobiernos locales un modelo o sistema menos estatista, menos reglamentarista y menos costoso? Hoy no sería esto ni siquiera posible; pero debería serlo, si somos liberales y democráticos de verdad. Y la respuesta debería ser esta: no pasaría nada; simplemente ellos lo disfrutarían y pagarían lo justo; pero no los demás.
A ese federalismo llamamos “la vía china” de transición al capitalismo liberal.
¿Gradualidad o shock?
Sin duda: gradualidad. Son demasiados los intereses creados a favor del estatismo, de todos sus privilegios mercantilistas para grandes empresas y grupos económicos, y de todos sus privilegios burocráticos y corporativos para los partidos, ONGs y grupos políticos, profesionales y sindicales. No queda otra opción que la gradualidad, considerando lo enquistado del sistema, lo condicionado de los cerebros, y la permanente guerra sin cuartel contra el capitalismo liberal, mediante ofensivas combinadas culturales, ideológicas, religiosas y políticas, en varios frentes.
Pero hay dos tipos de gradualidad, en el tiempo y en el espacio. Gradualidad en el tiempo significa dosificar gradualmente las medidas a tomar, paso a paso, conforma a un programa único para todo el país, en todo el territorio nacional. Gradualidad en el espacio, en los territorios de vigencia, significa aplicarlas todas a fondo y de modo simultáneo, pero primero en unas ciertas ciudades, territorios o regiones, y en otras zonas después.
La primera no sirvió. En los 90 lo aprendimos en Latinoamérica y en la URSS, en Europa del Este y en Asia: son demasiadas y muy pesadas las trabas y obstáculos para el ahorro, la inversión y la contratación voluntaria, la libre empresa y la competencia abierta. Puedes quitar algunos impuestos, o rebajar sus tasas algunos puntos; puedes derogar unos pocos reglamentos burocráticos; puedes remover ciertos privilegios a ciertos grupos o sectores, pero, ¿y todos los demás impuestos, reglamentaciones y privilegios? Siguen vigentes.
Para salir del estatismo entonces, las medidas aisladas no funcionan. Son anti-efectivas o contraproducentes, porque los malos resultados se atribuyen al capitalismo; así se genera opinión en contra, y las medidas aisladas en pro del libre mercado son revertidas al poco tiempo. Y volvemos a lo de antes. La segunda gradualidad es la que sirve, p. ej. en China.
Perú: “un país, dos sistemas”
El nuestro no es un país tan extenso ni poblado como la China, pero también tenemos un territorio muy diverso: costa, sierra y selva, con recursos naturales y económicos muy ricos y diversos. Y tenemos muchos de los mismos problemas que China en 1981: el excesivo estatismo, de izquierda sobre todo, inmensa burocracia, concentración o centralización del poder y la riqueza en la capital del país. Y además, una cultura estatista que ha permeado en la sociedad entera y sus distintas capas sociales, cualesquiera sean sus edades y niveles de ingresos, credo religioso, opinión política o afiliación partidista, edad, grado o especialidad de instrucción formal. (No decimos educación; eso es otra cosa.)
Por eso, como en China el año 1981, La Salida es tener “un país, dos sistemas”, de tal modo que con las experiencias piloto en determinadas ciudades o áreas, a niveles provinciales y municipales, las personas tengan una demostración palmaria y palpable de las diferencias, y puedan ver, y comparar unas ciudades con otras, unas regiones con otras. Así puedes ver con tus ojos las reales consecuencias buenas y malas del capitalismo liberal y del estatismo.
Pero la gente está desinformada, y malacostumbrada a pre-juzgar (juzgar sin conocer), ¿cómo le hacemos conocer la realidad? Mediante una campaña nacional de opinión (CNO) en todos los departamentos, provincias y municipios. Y luego, ¿cómo seleccionamos las zonas o ciudades especiales? Por encuesta nacional de opinión (ENO) en todos los departamentos, provincias y municipios.
La Devolución en la Agenda Pública: la campaña nacional de opinión
Los movimientos populistas y de izquierda crean y manipulan sentimientos de culpa y conmiseración hacia “los pobres” (o los “excluidos”) en la clase media; y de esta forma la secuestran psicológicamente y la hacen y mantienen prisionera. Para romper esas cadenas hay que mostrar a la gente cómo opera el perverso contubernio social-mercantilista: los Gobiernos estatistas conceden privilegios a los ricos para que no haya más ricos, y luego negocian la parte de riqueza que van a destinar “a los pobres” mediante la re-distribución estatal.
¡Qué engaño! ¡Qué estafa! La Salida para los pobres no es la dependencia de todos esos “programas sociales” adictivos, que les mantienen en permanente estado de sumisión infantil. La Salida es la libertad; y el trabajo productivo, el ahorro, la inversión inteligente, la propiedad privada y el capitalismo para todos (y no sólo para unos pocos), en un contexto de seguridad y justicia, principios, normas justas y valores morales.
El primer paso es poner en la Agenda pública este tema del Sistema vigente, el contubernio social-mercantilista, y el tema de la Devolución. Todos los escándalos, maniobras, dimes y diretes de los políticos y personajes estatistas que la prensa nos pone por delante, uno tras otro y día tras día sobre detalles secundarios, son las hojas y las ramas que nos impiden ver los árboles y el bosque. Para eso las agitan, para distraer nuestra atención.

1) Nosotros promovemos “la Devolución”: la devolución de todas las funciones, libertades y recursos usurpados por el Estado a la sociedad civil, mediante Las 5 Reformas, a concretar desde el Congreso, que es el verdadero poder, más aún que el Ejecutivo.
2) Para ese fin el Congreso nacional, secuestrado actualmente por una mayoría de congresistas estatistas, más o menos mercantilistas o socialistas, pero todos acomodaticios y sin principios (o mentirosos y ladrones), debe ser devuelto a la sociedad civil. Porque el Parlamento es el órgano natural por el cual la sociedad ejerce control sobre el Gobierno.
3) Mientras tanto hacemos la Campaña Nacional de Opinión, CNO, una campaña informativa en todo el Perú, sobre “los Tres Sistemas de Economía Política”: mercantilismo, socialismo, y capitalismo liberal; en especial sobre el sistema liberal clásico de Gobiernos limitados, mercados libres, e irrestricto respeto a la propiedad privada, que ha sido desde largo tiempo tan difamado, calumniado, mal entendido y pre-juzgado. Y sobre las Cinco Reformas, necesarias para llegar al buen sistema, en el corto plazo.
4) Un arma poderosa a favor del estatismo es la cultura popular que se le mete al corazón y a la mente del gran público como “entretenimiento” y hasta “educación”. No sólo textos escolares y de estudio; también filmes e historias, canciones, películas, noticieros y teleseries, tiras cómicas y programas de radio, hasta la publicidad comercial promueve, sostiene y refuerza unos falsos “principios y valores”. Casi siempre entregan una imagen muy distorsionada de la realidad política, económica y social, poniendo siempre como villanos al comerciante y a la empresa, a la iniciativa individual, a la libertad y a la propiedad privada; y como héroes a los burócratas y a los activistas del socialismo. Estas mismas armas tenemos que usar, pero apuntando para el lado contrario.
5) Luego de la Campaña Nacional de Opinión, CNO, la Encuesta Nacional de Opinión, ENO, es una encuesta nacional con información adicional y unas pocas preguntas centradas en la cuestión: “De los Tres Sistemas que ya conoces: mercantilismo, socialismo, y capitalismo liberal, ¿cuál prefieres para tu Municipio o Provincia?”




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