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sábado, 6 de junio de 2015

VOLVER AL PRIMER AMOR

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Por: Sandra Gastañudí Torres.

“Dios reina, enemistémonos de una vez por todas con el mundo, sólo así podremos cumplir con el rol profético de la iglesia de denunciar todo tipo de injusticia y práctica de corrupción, estamos llamados a levantar la voz pero ya no individualmente si no como Iglesia como hermanos, porque en la multitud de concejo está la sabiduría”.

Realmente hay un reto grande para la Iglesia Peruana de hoy, la situación en el País es tal que los padres de la Iglesia cuestionarían la existencia de ella en ésta época.

Históricamente la Iglesia evangélica ha sido forjadora de una cultura de valores, teniendo el fundamento bíblico, desde la enseñanza a los niños en las escuelas dominicales hasta la enseñanza en el púlpito, se forma el carácter cristiano de las personas .Igualmente ha cultivado la enseñanza de valores patrios: respeto, obediencia y oración por las autoridades, se honra el himno nacional la bandera etc. Ha tenido injerencia en aspectos económicos y sociales levantado su voz profética, cuándo de abusos y atropellos se daban.
Sin embargo con el tiempo todo éste quehacer y desempeño ha ido menguando, parece que el aceite escaseo y nadie quiere ir a comprar…la iglesia está perdiendo su sabor, el resultado la corrupción ha penetrado incluso en ella.
Se dice que para buscar soluciones hay que visualizar las causas. Como miembro de una iglesia local y sin tener mayores estudios teológicos, mi humilde opinión al respecto es que adolecemos de:
1.      No tener unidad, cada uno busca lo suyo,  si se unen se hace con cálculo para ver cuál es el rédito a obtener.
2.      El egoísmo reina, la iglesia  ya no quiere sostener a los pastores y hay pastores que sólo se mueven si la ofrenda es conveniente.
3.      La iglesia está buscando la amistad con el mundo, ya no se levanta la voz profética, (o es muy tenue que ahora sólo susurra), para denunciar y exhortar a los líderes, autoridades y poderosos. Todo lo contrario, se busca congraciarse con los gobernantes de turno y amar los primeros lugares. Si por alguna suerte alguien denuncia la corrupción, se llega al extremo de aliarse con el corrupto no dando crédito al denunciante, increíble pero cierto.  


Es muy lamentable nuestra situación, debemos volver al primer amor, tenemos que  arrepentirnos, volver a la fuente de vida y salvación. Dejemos todo egoísmo, Dios reina, enemistémonos de una vez por todas con el mundo, sólo así podremos cumplir con el rol profético de la iglesia de denunciar todo tipo de injusticia y práctica de corrupción, estamos llamados a levantar la voz pero ya no individualmente si no como Iglesia como hermanos, porque en la multitud de consejo está la sabiduría.

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