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viernes, 22 de noviembre de 2013

FORMADOS POR LA INFORMALIDAD

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DEL 2013 – “El COMERCIO”
Ante una derecha tradicional en el Perú, es necesario forjar una Izquierda Unida, como proyecto grande y protagónico y con mejores proyecciones de una Izquierda en América Latina, sin viejos esquemas de centro izquierda, sino centrarse en un programa lo suficientemente amplio acorde con la diversidad cultural y étnica de nuestra patria,
Una clase media formada en la informalidad vive, por definición, al margen del Estado
Uno de los resultados más impactantes de la revolución económica que ha tenido el Perú en los últimos 20 años ha sido el surgimiento de una clase media emergente en las principales ciudades del país y en algunos sectores rurales. Se trata de millones de peruanos que antes tenían solo lo justo para sobrevivir, pero que hoy pueden destinar una parte cada vez más grande de sus ingresos a formas de ahorro como la autoconstrucción y a rubros como la educación, la salud y el entretenimiento.
Hay un debate acerca del tamaño exacto de esta clase media –si comprende ya a la mayoría del país o no– y sobre su solidez, pero no cabe duda de que se trata de un fenómeno en expansión que está transformando el paisaje social y económico del Perú, y que retroalimenta al propio crecimiento económico.
En condiciones normales, la aparición de esta clase media tendría que tener consecuencias positivas también para nuestra democracia. Las clases medias suelen valorar más las instituciones, dar vida a los partidos y, en general, tener un interés mayor en esa cosa pública que sustentan con sus impuestos.
Hoy mas que nunca es necesario denunciar la dependencia y las estructuras injustas, contar con una tradición de lucha, proyecto político articulado al cambio, valorar a nuestros mártires, experiencia de lucha política, y contar con gente muy capaz ética y profesionalmente.
Es urgente llamar a las fuerzas decentes, a los jóvenes, a los intelectuales, a frentes regionales y amazónicos para construir una sola alternativa política y construir un programa que haga un gobierno decente, e iniciar un proceso de regeneración moral, inseparable de la construcción de una nueva cultura política y ética, que la permanencia del neoliberalismo impide.
Frente a la corrupción y la delincuencia el pueblo debe unirse e Iniciar una revolución en la educación, con un mayor énfasis en la educación cívica y política, pero sobre todo en valores, impulsando un trabajo en las masas y convertirlas en ciudadanos con voz y palabra.
Está a la orden la reforma del Estado y liderazgos para construir legitimidad política, mediante medidas de corto plazo, presentar y examinar argumentos en torno al bien público o a las normas que rigen la vida social.
Cuando el ciudadano tiene un pésimo concepto de los políticos, es necesario escuchar el clamor de unidad y de cambios y reconocer la capacidad de las élites políticas, como una necesidad para fiscalizar a las autoridades en torno a su desempeño en la función pública.
Reconstruir el tejido social en el Perú implica participar en las discusiones y actividades ciudadanas, como un derecho o un deber, de quienes conforman una comunidad política en un sentido estricto. Pero también significa construir una ética fundada en el respeto a la persona, en la solidaridad y la fraternidad, en el patriotismo, en el culto por el trabajo y la dignidad humana, en la honestidad y la transparencia.
El ciudadano necesita tesis renovadas y propuestas de cambio real, de inclusión de todos en los quehaceres del espacio público formando o revitalizando partidos, y actuando desde las instituciones sociales, y tener claridad que por la izquierda no deben ir dos, tres o cuatro candidatos, sino sólo un candidato, lo contrario es fracaso.
En las acciones políticas se debe poner por delante el programa, sólo así se puede entender la política en su sentido más noble, como ética social, para no agotarse en el escenario inmediato y constituirse como parte de un proyecto histórico de unidad y renovación, cuya mesa de trabajo para una agenda país: un Proyecto Nacional, con iniciativas legales, acciones y compromisos concretos.
Las elecciones 2,014-2016, debe demandar a los dirigentes una unión sincera y honesta, y no seguir a personas sino al proyecto, tomar conciencia de las patologías que amenazan a la política: el caudillismo y la corrupción.
Si los partidos necesitan una regeneración moral, deben incluir a más jóvenes y mujeres y representantes de las regiones, sacudirse de los lastres sectarios y burocráticos; y, mirar con amplitud el horizonte, descansando en un proyecto de país
La izquierda en el Perú puede salir adelante, si logra superar el papel puramente oposicionista para convertirse en alternativa clara ante el pueblo para solucionar los grandes problemas nacionales. Ello implica desarrollar la educación y el respeto de los valores ciudadanos, haciendo posible la vigencia de una sociedad igualitaria y orientada al bien común.
Todo para la izquierda en el Perú significa: Poner en práctica métodos y acciones nuevos, solidaridad con los más pobres, consistencia y proyección a los espacios unitarios que se están construyendo en el campo popular, construcción amplia y profunda unidad de los diversos sectores que se oponen al neoliberalismo y aspiran a una patria nueva; que se resume en la edificación de un espacio claramente antiimperialista, democrático y socialista.
Nunca descartar el peligro permanente del autoritarismo y la corrupción en la política., para ello la nueva izquierda que pretenda enfrentar al neoliberalismo tiene que respetar la tradición, cultura e historia de nuestros pueblos, mediante la conjunción de ideas, propuestas y elaboración intelectual.
La izquierda no puede asumir propuestas de horizonte más estrecho, ni tampoco debe tener estructuras rígidas, debiendo alcanzar resultados prácticos ante el pueblo para superar la fragmentación y el divisionismo, que conlleve construir espacios de formación de líderes
Es urgente generar mesas de elaboración y debate programático, y abordar de manera coordinada la lucha política, incluida la lucha electoral, entre otros, para ello debe articularse y marchar en una sola dirección, para alcanzar no sólo un objetivo electoral, sino permanecer por mucho más tiempo en el espacio y las mentes colectivas.
Sin embargo, nuestro columnista Carlos Meléndez ha apuntado agudamente esta semana que el anterior no parece ser el caso de nuestra clase media emergente, la que sería esencialmente informal, antipolítica y antiinstitucionalista. Una clase media, por tanto, de la que no se podría esperar que sea “motor de desarrollo”.
En nuestra opinión, lo que dice Meléndez tiene mucho de verdad. Ciertamente, posee respaldo empírico en numerosas encuestas de opinión (algunas de las cuales él menciona). Pero tiene también perfecto sentido teórico. Una clase media formada en la informalidad es una clase media que, por definición, vive al margen del Estado –en realidad, huyendo de él– y de la que no se puede esperar, por tanto, compromiso con la cosa pública ni mayor interés en participar, por medio de sus representantes, en ella. Es decir, todo lo contrario de una “ciudadanía” real.
Veámoslo con un ejemplo. Una de las principales tareas de los aludidos representantes es exigir rendiciones de cuentas a los gobiernos. ¿Pero, qué tanto interés puede tener en estas cuentas quien no ha hecho los pagos a los que estas se refieren? El solo hecho de no pagar impuestos ya genera una relación de esencial desconexión con el Estado. Una relación que, dicho sea de paso, se reproduce también en el ámbito local: esta misma semana hemos visto cómo el alcalde de Comas se quejaba de que no puede recoger la basura porque el 70% de sus vecinos no paga arbitrios. Por otro lado, como sabemos, salvo en los distritos centrales de Lima, en el Perú son pocos los que pagan Impuesto Predial.
Ahora bien, si esta clase media “no puede ser motor de desarrollo” –ni, por cierto, de democracia– porque es refractaria al Estado a causa de su informalidad, vale la pena preguntarse: ¿quién es el culpable de esta informalidad?
LA RESPUESTA, LAMENTABLEMENTE, ESTÁ EN EL PROPIO ESTADO.
Es verdad que a poca gente le gusta pagar impuestos y, aún a menos, que le descuenten de sus salarios para las diversas contribuciones mandadas por la ley. Pero el afán de sacarle la vuelta a nuestras obligaciones civiles no alcanza a explicar los niveles de informalidad que nosotros tenemos (recordemos que el 60% de nuestro PBI se produce fuera de la formalidad). Y no alcanza a explicarlos porque los propios informales saben que, a partir de cierto nivel de actividad, el costo de la informalidad es no poder seguir creciendo por no poder acceder al crédito, importar o exportar, ni usar varias otras facilidades del sistema formal.
En cambio, sí explica bien nuestros niveles de informalidad el que, siendo un país de pequeñas y microempresas, tengamos uno de los veinte regímenes laborales más rígidos del planeta y un impuesto a la renta empresarial–por solo nombrar un ejemplo tributario– que está 10 puntos porcentuales por encima del promedio de los 34 países más desarrollados del mundo (agrupados en la OECD). Así como que tengamos el puesto 128 de 144 países en la categoría de “peso de las regulaciones burocráticas” del Reporte Global de Competitividad.
En suma, cuando se dice que el Estado tiene que simplificar trámites y bajar los costos de la formalidad no se está hablando solo de retirar trabas para la generación de riqueza. Se está hablando también de parar la máquina con la que hoy, al generar incesantemente anticiudadanos, el Estado socava la democracia y el desarrollo que, de otra forma, el futuro sí nos prometería.
La pirámide social desapareció. En su más reciente libro, Rolando Arellano postula que lo que existe hoy es un rombo social, con una clase media tradicional que se ha debilitado y sectores populares emergentes que se han consolidado y ya tienen 50% de la riqueza del país. Ante una sociedad más igualitaria, Arellano propone usar un enfoque alternativo para entender mejor la sociedad peruana: los estilos de vida. Hablar solo de ricos y pobres en un nuevo Perú ya no es suficiente.
Según Arellano Marketing, estos son los que conforman la nueva clase media, que representan al 39% de la población. La clase media tradicional, de acuerdo al estudio, es el 18% del país y percibe ingresos por S/. 2,070.
La nueva clase media peruana está conformada por nueve millones de ciudadanos que tienen un ingreso promedio de S/. 1,850, informó hoy la consultoraArellano Marketing al difundir un estudio realizado en 14 ciudades del país.
De acuerdo a esa investigación, el 57% de los peruanos pertenecen a la clase media en general, pero el 39% de la población pertenece a la nueva clase media mientras que el 18% a la clase media tradicional.
El gerente general de la firma, Rolando Arellano, explicó que la nueva clase media es un segmento influenciado por procesos migratorios, que difiere con las tendencias económicas y hábitos de consumo de la clase media tradicional.
Indicó que estas personas no han adquirido las costumbres propias de la clase media tradicional, como apostar por un trabajo dependiente o una carrera universitaria.
Son personas que no han heredado una casa porque sus familiares cercanos proceden de una ciudad distinta. Por lo tanto, no tienen historia con la ciudad en la que habitan actualmente, comentó.
Detalló que los ingresos declarados por los ciudadanos de esa nueva clase media son de alrededor de S/. 1,850, mientras que los de la clase media tradicional es de S/. 2,070.
Se trata de 5.4 millones de peruanos, de un total de nueve millones. Exactamente la misma proporción tiene un trabajo dependiente en el caso de quienes conforman la clase media tradicional, indicó Arellano Marketing.
El 60% de la población que conforma lanueva clase media o emergente, compuesta por nueve millones de peruanos, tiene un trabajo independiente, informó hoy el gerente general de la consultora Arellano Marketing, Rolando Arellano.
Explicó que la nueva clase media, a diferencia de la tradicional, apuesta más por el autoempleo, tener más de una fuente de ingresos y por mayores emprendimientos personales.
“Hemos identificado dos diferencias marcadas. Un 60% de la nueva clase media suele tener un trabajo independiente, mientras que el 60% de la clase media tradicional tiene un trabajo dependiente”, afirmó el ejecutivo.
Según un estudio de esa consultora realizado en 14 ciudades de Perú, al tener altos niveles de informalidad en el país, es normal que los ciudadanos apuesten por un trabajo independiente y que éste les permite obtener un alto poder adquisitivo.
El estudio señala también que un 18% de los ciudadanos que integran la nueva clase media apuesta por un negocio propio o son empresarios.
“Hasta se podría decir que uno de cada cinco ciudadanos tiene una bodega, un taller o una empresa más grande que genera empleo y les permite tener mayor poder económico”, comentó.
Indicó que la principal actividad de estos empresarios está relacionada a negocios del rubro comercio, y que los integrantes de esta nueva clase emergente consideran que no se debe descuidar el ritmo de trabajo a fin de alcanzar mayor progreso económico.
La consultora adelantó hoy el estudio Planificar 2013 – 2014, “Crecer con los que Crecen: Oportunidades de negocios en la Nueva Clase Media”, que se detallará en un evento previsto para el 11 de setiembre.

Las cifras de la informalidad lo demuestran: fenómenos de causa como:
-       La crisis de la estructura agraria, -
-       Las migraciones.
-       La hiperinflación.
-       El crecimiento de la economía informal.
-       El crecimiento de las provincias.
Ellos han configurado un nuevo Perú, donde los niveles socioeconómicos C y D, las clases medias y bajas, tienen 62% de la población y concentran 50% de la riqueza. No ver oportunidades en estos grupos sociales es para Arellano miopía pura.
El economista peruano e investigador de la Universidad Autónoma de México destacó que se haya quebrado el corto techo de vidrio que tenía la clase media para ascender hace tres décadas. Lamentó, sin embargo, que pese a ello los jóvenes no ingresen a la política.
“No hay igualdad en el Perú, pero la subjetividad camina hacia la igualdad: la gente que está dipuesta a pensarse igual es mayor a la que había en los años setenta”. Ese fue el análisis del economista peruano Óscar Ugarteche durante su visita a Lima: “En el pasado, el Perú era como dos países distintos: la República Aristocrática y el resto. Era absurdo e invivible”.
Dándose una pausa en sus menesteres como catedrático e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico (UNAM), Ugarteche recordó que hace treinta años “la emergencia de la clase media tenía un techo de vidrio muy corto”. “No había más espacio. En cambio, ahora sí”.
Y esa situación “le da a los jóvenes de hoy un horizonte totalmente distinto”. Pero lamentó que se haya ganado en ciudadanía, pero no en número de jóvenes en política.
“El futuro de la gente que tiene 25 años es un futuro distinto. El futuro del siglo XXI se hace sobre la base de un país que no tiene analfabetos. Sobre la base de un Perú que está más o menos homogéneamente capitalista. Ahora es más posible hablar de temas redistributivos y de estado de bienestar”, dijo en una conferencia en el Instituto Raúl Porras Barrenechea.
Pero no quiso caer en el exceso de optimismo. “Solo somos un país un poquito más igual y más moderno de lo que éramos en la década de 1970. En el tema gay no se ha avanzado nada. En el tema de las mujeres se ha avanzado un montón. En el tema racial se ha avanzado un poco. Y en el tema religioso nos hemos ido para atrás”.
Educación sin excelencia
Ni qué decir de la educación. “Si bien la calidad de 
las universidades se han ido para atrás, yo diría que hay muchas más universidades y está mucho más masificada la educación. Lo que se ha perdido en excelencia se ha ganado en masa. Ahora lo que hay que hacer es recuperar la excelencia de la masa”, recomendó Ugarteche.
Mencionó a México como un ejemplo a seguir en masificar la excelencia educativa, y dijo que la solución no está en las universidades privadas, sino en enfocarse en el desarrollo del estudiante. Pero para lograr cambios de este tipo, hace falta una mayor ciudadanía.
“¿Por qué hay mejores cosas en otros países? Porque hay más ciudadanos con participación. A más ciudadanos, más gente con conciencia de derecho, más control, más defensa de los derechos humanos, más actuación de la opinión pública, menos corrupción, menos esa cosa impune que es tan gruesa en el Perú”.


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