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miércoles, 31 de octubre de 2012

¿ESTÁMOS PREPARADOS LOS EVANGÉLICOS PERUANOS PARA VIVIR EN LA DEMOCRACIA?

"La Justicia, es un Principio Evangélico y Profético no negociable"

Por: Ubaldo Tejada Guerrero – Analista Global

“El proceso que han vivido las iglesias evangélicas en Latinoamérica y el Caribe, está marcado por dos elementos fundamentales: su inserción y su identidad latinoamericana y caribeña”
(Carmelo E. Álvarez)

Por las características especiales de los peruanos (multicultural y multiétnico), donde existe en el siglo XXI una sociedad nacional emergente (migrante) y un Estado desbordado (obsoleto), es necesario analizar la participación de los evangélicos en el espacio público y proponer lineamientos, que nos permita plantear una agenda pendiente, primero sobre la participación de la comunidad evangélica en la vida social y política en términos, segundo de desarrollo de una reflexión política en perspectiva evangélica, tercero de la articulación de un discurso público, cuarto de su inserción en las organizaciones políticas y movimientos sociales, quinto el ejercicio de una ciudadanía consciente y responsable y sexto del compromiso ético en la acción política.


Bíblicamente, la perspectiva socioeconómica con el rescate de la propiedad (seguridad social y económica para todos) y la perspectiva ecológica con el descanso de la tierra (defensa del medio ambiente); en el año del jubileo del libro de Levítico, resaltan la verdad espiritual del reino de Dios que llegó al mundo con Jesucristo.


Esta muy claro que la vida en el Espíritu, no se alcanza mediante un ritual religioso, sino por el ejercicio de profundas relaciones humanas, resumidas en estas tres palabras: fe, esperanza y amor. La espiritualidad descubre, por tanto, a Dios en el amor, empatía, la misericordia, el respeto al que piensa diferente y el aprecio por todos los que aman a Dios y al ser humano, así la espiritualidad en tiempos de globalización, no es individualista, ni mucho menos motivo de división: es holística.

En la actualidad, en épocas de globalización, la mayor parte de los partidos han dejado de lado la ideología de sus raíces políticas, hablan en el fondo y en la forma los que sus votantes incondicionales quieren oír, y sólo están preocupados por alcanzar el poder para después aferrarse a él de una u otra forma. Para conseguir esto último entran en una desenfrenada carrera por ofrecer más que sus oponentes, prometiendo en vísperas de las elecciones todo lo que no fueron capaces de hacer desde el gobierno o proponer desde la oposición durante la anterior legislatura; al final resultan haciendo lo contrario a su propuesta o cambian en el camino.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS NECESARIAS


Los ciudadanos evangélicos peruanos, necesitan respuestas urgentes a preguntas como:

¿Qué factores explican la presencia de ciudadanos evangélicos en el espacio público?
¿Qué experiencias se han ido acumulando en este campo desde el punto de vista de los objetivos, motivaciones y preparación para la acción política?
¿Cuáles son las tareas pendientes de los actores políticos de confesión evangélica?
¿Qué debería hacer un cristiano al que se le pide disciplina de partido a la hora de votar sobre algo en lo que está convencido que su partido no lleva la razón o que es injusto y contrario a los intereses generales o a los principios de Dios?


Por lo general, y salvo raras excepciones, los políticos no cristianos o los cristianos nominales sólo denuncian los fallos o delitos de sus correligionarios movidos por rencores o intereses particulares egoístas, pero un cristiano verdadero debería denunciar siempre el mal, y no participar de él sencillamente por el deseo de hacer la voluntad de Dios (Ef 5.11).

POSICIONES EVANGÉLICAS SOBRE "POLÍTICA"

Lo cierto que en el campo protestante peruano, está tan dividido en política como en otros asuntos, no hay una posición unánime. Estamos convencidos de que en muchos lugares existen posiciones loables, establecidas al amparo de la Palabra de Dios y mantenidas desde la fe y el amor cristiano, pero quisiera subrayar aquellas que no me parecen adecuadas:


En primer lugar está la de aquellos que consideran que la “política es algo tan sucio y pecaminoso” que no se debe nombrar entre los cristianos. Quienes así piensan dejan a los cristianos sin los principios bíblicos adecuados que les permita cumplir de forma sabia y responsable con sus deberes cívicos, a riesgo que por falta de conocimiento perezca su pueblo.

En segundo lugar están los que "no quieren entrar en política" de forma declarada y abierta, porque consideran que es indecoroso hacer tal cosa. Las posiciones políticas previas de éstos evangélicos, que las tienen sin ningún tipo de duda, se presentan revestidas de una inexistente “neutralidad política” y de un lenguaje religioso “espiritualista” que termina influyendo en el voto del electorado dando la falsa imagen de que éste ha ejercido sus obligaciones cívicas mediante su propio discernimiento y responsabilidad cristiana.

En tercer lugar existen, en menor proporción, gracias a Dios, líderes evangélicos que están convencidos de que tienen que indicar a su grey cuál es el partido político al que han de votar si quieren ser buenos y fieles cristianos. Los púlpitos de estos ministros evangélicos se convierten durante las elecciones en espacios de captación de votos para un determinado partido político, y las congregaciones en votantes potenciales de los mismos, o finalmente de “te deums” a favor de Presidentes o de “cultos de acción de gracias” donde se da bendiciones a sus candidatos preferidos.

LOS PRÍNCIPIOS BÍBLICOS Y LA POLÍTICA

“La tierra no se venderá a perpetuidad, porque la tierra mía es; porque vosotros forasteros y extranjeros sois para conmigo” (Lv 25:23)


El principio de reconocimiento de los más capaces y preparados para liderar y presidir a la comunidad cristiana (Hch 6.1-7) (1 Tes 5.12-13) es igualmente válido y de aplicación a la elección de aquellos que han de gestionar y administrar a la comunidad civil. Según este principio, el cristiano debe elegir con su voto a aquellos que:

1) Que sean más capaces y estén mejor preparados para ejercer como gobernantes.


2) Que tengan unas propuestas políticas más justas y solidarias que las de sus oponentes.

“Además escoge tú de entre todo el pueblo, varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez” (Ex 18:21)

Obviamente desde el punto de vista cristiano cuando hablamos de capacidad y preparación (meritocracia) no queremos que esto se confunda con criterios tecnocráticos, como los que se maneja desde una concepción neoliberal desde el Ministerio de Economía en el Perú.


Precisemos bien los conceptos, el Estado no es una empresa que emplea sus recursos y esfuerzos sólo para generar beneficios de crecimiento económico (macroeconomía). El Estado es más semejante a una familia (microeconomía) en la que hay gastos que no son rentables pero que son necesarios (educación, salud, pensiones, salarios).

ACTITUDES Y APTITUDES POLÍTICAS

Cuando hablamos de elegir a los gobernantes atendiendo a criterios de capacidad y de preparación, queremos decir lo siguiente:

1) Que los candidatos al gobierno civil deben cumplir un mínimo de requisitos morales, al igual que deben hacerlo los candidatos a liderar la comunidad eclesial (Hch 6.1-7) (1 Ti 3.1-13) (Tit 1.6-8). Esto significa que un candidato a ocupar cualquier cargo político debe ser una persona integra, honesta y veraz.


Un candidato sorprendido en probadas mentiras, fraudes, crímenes, inmoralidad, etc., no puede ser votado por un cristiano. Otra cosa es que el cristiano no tenga mucho donde escoger y tenga que elegir al candidato menos malo, lo cual nunca debe ocurrir, pues el concepto cristiano de “tibieza” también se aplica a la vida política.


2) Que los candidatos al gobierno tengan la preparación académica y/o profesional necesaria para ejercitar el cargo que les corresponda (1 Ti 3.6). Ambas cosas son importantes, no es suficiente ser "buena persona", humanamente hablando, para ser un buen gobernante. El buen gobernante debe ser al mismo tiempo una "buena persona" y un “buen gestor” de la parcela social que le toca administrar. Esto último debe acreditarlo de alguna manera, no es suficiente la propia declaración de intenciones.

Ante este panorama hemos de preguntarnos si la generalidad de los evangélicos peruanos están debidamente informados por las Escrituras de cuáles son sus deberes políticos; y si a la hora de votar, buscan la influencia de Dios, o si, por el contrario, actúan siguiendo los mismos criterios de adhesión política que tienen aquellos que no son creyentes.

Da la impresión de que algunos evangélicos apoyan una opción política de forma incondicional, sin ejercer ningún tipo de discernimiento sobre la conducta moral individual y colectiva de sus líderes, o de las políticas seguidas por éstos y las consecuencias sociales de las mismas. Todo lo que "su partido" hace les parece bien, no importa que se blasfeme el nombre de Dios o se haga una oposición a su pueblo o a los principios fundamentales de su santa Ley.

Creo que es necesario que estos evangélicos tomen en cuenta urgentemente cuáles son los principios bíblicos generales que debe orientar la participación política individual y colectiva de los cristianos.

OBLIGACIONES DE CIUDADANÍA CRISTIANA

Si los cristianos no se ocupan de la política serán administrados inevitablemente por personas no creyentes que podrían ordenarles hacer cosas contrarias a su fe (Hch 4.18-19). Si "pasan" de consideraciones políticas no podrán quejarse de las leyes o medidas que les perjudiquen como cristianos o como ciudadanos (Hch 22.25-29).


Es necesario recordar que la Biblia orienta al cristiano en todos los asuntos de la vida incluyendo el de sus derechos y deberes con las instituciones políticas y sociales.


El apóstol Pedro se dirige al pueblo de Dios como aquel "linaje escogido" que ha "alcanzado misericordia" para ser una "nación santa", por lo que sus integrantes son "extranjeros y peregrinos" en esta tierra que deben abstenerse de los "deseos carnales que batallan contra el alma" (1 P 2.9-11).


La principal y prioritaria ocupación de un cristiano es procurar la santidad propia (He 12.14) cf (Mt 6.33) (1 Tes 5.17-24) y llegar a ser "sal" y "luz" para salvación de otras personas (Mt 5.13-16).

Pero esta búsqueda prioritaria de las cosas eminentemente espirituales no significa que pueda olvidarse de que está en un mundo del cual el Señor no ha querido quitarle (Jn 17.15), y del cual forma parte como ciudadano

DERECHOS Y DEBERES CÍVICOS 

1) El cristiano debe vivir junto con aquellos que no son cristianos manteniendo una conducta ejemplar (Ética).


2) El cristiano vive en un mundo que dispone de instituciones humanas que gestionan y ordenan la vida en comunidad y a las que debe someterse y honrar (Estado de Derecho).


3) El cristiano forma parte de una sociedad con normas sociales (Democracia representativa y participativa, y en algunos casos directa), que regulan el trabajo, la buena convivencia, etc., que debe aceptar y guardar (1 P 2.12-21).

ALGUNOS RETOS DEMOCRÁTICOS

1. El interés de muchos líderes evangélicos en participar en el terreno político, desde la gestoría social hasta la negociación para obtener algunas candidaturas.


2. Defensa del carácter laico del Estado, aunque advierto que, paradójicamente, cuando algunos dirigentes intentan incidir políticamente lo hacen desde modelos teocráticos o hierocráticos (instituciones de dominación), para desde ahí tratar de implantar cambios morales, que se entiende como un retroceso debido a que la sociedad peruana debe ser laica y plural (No mezclar Iglesia-Partidos Políticos o Iglesia-Estado).


3. Los cristianos deberían procurar formar parte de las instituciones públicas de las siguientes formas: a) mediante acciones individuales que les permitan ocupar cargos en la administración de justicia o en el funcionariado público, y, b) mediante participación en partidos políticos que les permitan acceder a cargos de gobierno y de gestión o administración pública.


4. Papel efectivo de los creyentes evangélicos en la sociedad y a la necesidad de superar la visión en torno a que sólo ante a procesos electorales se despierta el interés de las iglesias, que muchas veces terminan manipuladas.


5. Retomar la definición de la iglesia y la religión donde entenderemos la primera como una “institución de orden social que tiene como función principal la formación de valores éticos en los individuos y su propagación en la sociedad”; por la segunda entendemos la práctica de la iglesia, la base ideológica en que se basa su prédica y su comportamiento.


6. No debemos esperar encontrar propuestas políticas de orientación cristiana, ni propuestas políticas perfectas en políticos que no son cristianos.


7. Debemos leer y comparar todas las propuestas de todos los partidos buscando aquellas que en general propongan mejores cosas intentando discernir las oportunistas y engañosas de las sinceras y con viso de ser cumplidas.


8. En las propuestas de un mismo partido debemos valorar las que suponen beneficios económicos con otras que pueden recortar libertades (económicas, de información, políticas o sociales) o ir en contra de nuestras creencias fundamentales. ¡Que no nos compren por un plato de lentejas!


9. Debemos valorar la calidad humana de los políticos y la gestión de sus partidos en la anterior legislatura, contrastando la información que sobre ellos se ofrece en los diferentes medios de comunicación.


10. Debemos distinguir en los medios de comunicación aquellos espacios que ofrecen información, sin más, de aquellos otros que son espacios de opinión, manejados desde las potestades del poder. Cuidado con los titulares de los primeros que pueden condicionar nuestra valoración final de la información presentada.


11. No debemos dejar que los medios de comunicación con una marcada tendencia política nos adoctrinen y nos conviertan en fanáticos y sectarios adeptos de un determinado partido político. Un cristiano es alguien que debe "examinarlo todo" para después "retener lo bueno" (1 Tes 5.21), por lo que debe contrastar cualquier información antes de tomar una opinión.


12. Por honestidad intelectual debemos conversar con personas que tengan diferentes ideologías políticas para contrastar opiniones, vigilando el tono y los sentimientos posteriores a las mismas con esas personas para saber si hemos realizado este intercambio ideológico cristianamente.


13. Únicamente los aspectos político-electorales están muy presentes en la conciencia de los líderes de las comunidades evangélicas, debido a que no se entiende adecuadamente como un “campo de misión”, como lo fueron en su momento la educación y la atención a la salud, descontando, por supuesto, su obsesión por el crecimiento numérico y no por el desarrollo humano.


14. Las iglesias necesitan llevar a cabo un proceso de aprendizaje democrático, junto con muchos sectores sociales del Perú, donde la democracia es directa (caso rondas campesinas y etnias selváticas).


15. Debemos desmentir la posibilidad de ofrecer cifras de votos “garantizadas” a los partidos ya existentes, pues el país está inmerso en un largo proceso de superación de las prácticas y hábitos corporativistas, con nuevos actores étnicos (serranos y selváticos).


16. Es muy necesaria la canalización de voces nuevas e informadas al interior de las iglesias para alertarlas y así poder superar la ingenuidad que manifiestan muchos líderes y miembros de las asociaciones religiosas, cuando se ven involucrados en la vorágine electoral y en su rol con el Estado.


17. El pensamiento social evangélico es un pensamiento comprometido con la justicia y la democracia, esto es, adonde se articula el pensamiento teológico. A partir de ahí, los vientos democráticos, que lamentablemente no han surgido de las iglesias, han “redimido” a algunas de ellas, quedando en el tintero otras.


18. Es posible reconsiderar las bases para las autoridades del Estado, encargadas del registro de las iglesias, que siguen creyendo que el trato con las mismas sólo es posible a partir del trato con las cúpulas, lo cual obliga a las iglesias a desmarcarse de dicho comportamiento, al no tener una presencia social pertinente con su comunidad evangélica desde el mismo cuerpo de Cristo.


19. Una de las tareas más urgentes, es la participación y evaluación evangélicas de los “proyectos de Nación”, “proyecto de Carta Magna” así como de los “Planes de Gobierno” que ofrecen los partidos políticos para discernir y emitir un voto razonado.


20. Hacer un llamado a los candidatos presidenciales a desarrollar sus campañas sin descalificaciones personales, tomando en consideración que la majestad del cargo a la cual aspiran, debe ser ejemplo orientador para toda la nación y no una excusa para que los jóvenes se alejen de la política.


21. Realizar todas los esfuerzos para que las elecciones locales, regionales (2,014) y nacionales (2,016) en el Perú, sean de reflexiones legítimas y no para dividir a los peruanos.


22. Proyectar los avances en materia de libertad e igualdad religiosa, para tener un Perú, donde no prime el criterio denominacional de las iglesias, de membretes institucionales, o la opción partidaria de los ciudadanos evangélicos, porque al final Dios está en el control de todo.


23. Por último debemos orar a Dios para que nos ayude a discernir lo mejor y guíe nuestro voto y el del resto de la nación. No olvidemos que lo que suceda finalmente será la voluntad de Dios (Lam 3.37), y que, como cristianos, tendremos que aceptar y someternos al gobierno, con una participación activa desde la sociedad civil, aunque no le hayamos votado (Ro 13.1-5).







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