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martes, 18 de septiembre de 2012

LUZ A LAS NACIONES (I)

por: Ubaldo Tejada Guerrero

HACIA EL PENSAMIENTO SOCIAL EVANGÉLICO PERUANO

CONTENIDO

I          Presentación.
II        Introducción.
III      Nuestros Fundamentos.
A.   Nuestra Comunidad Humana y Solidaria.
B.    Nuestro Ideario.
C.    Nuestros Principios.
D.   Nuestra Visión del Perú.
E.    Nuestras Tareas Inmediatas.
IV       Necesidad de una Escuela de Líderes Políticos Evangélicos.

I          PRESENTACIÓN

“¡Levántate pueblo mío! ¡Resplandezca tu luz para que la vean todas las naciones! Porque de ti fluye la gloria del Señor. Tinieblas negras como la noche cubrirán a todos los pueblos de la tierra, pero la gloria del Señor resplandecerá en ti.
Todas las naciones acudirán a tu luz; reyes poderosos vendrán a contemplar sobre ti la gloria del Señor”.
La mira sigue siendo muy estrecha, cuando de participación política de los evangélicos se trata, siempre hemos escuchado en el Perú el ofrecimiento de candidaturas o espacios de los partidos políticos hacen a los líderes evangélicos o de candidatos que buscan el apoyo “de los evangélicos”.
También vemos como algunos pastores procuran sumar adhesiones a ciertos candidatos o partidos, ya sea porque les han ofrecido “beneficios” para los evangélicos o alguna cuota de poder. En este contexto algunos han llegado a hablar de un “partido político evangélico”, idea que gracias a Dios nunca prosperó en el Perú, y como idea ya nadie lo debate.
Si bien como iglesia de Cristo, no tenemos ninguna autoridad sobre nuestros miembros y respetamos las decisiones de cada uno de ellos, dada la inquietud de miles de ciudadanos evangélicos en Perú, y situaciones penosas que la experiencia nos ha dado en las incursiones improvisadas de nuestros hermanos, nos parece oportuno que “Jesús en Acción”, comience a trazar algunas ideas al respecto.
Podemos otorgar el beneficio de la duda y suponer que, tanto los políticos que siguen haciendo ofrecimientos incumplidos, como los pastores que los aceptan, tienen las mejores intenciones y buscan sólo la purificación de la política y el bien común. Tanto unos como otros se equivocan y, en el caso de los pastores, éste error tiene consecuencias fatales para la iglesia y el evangelio.
PREGUNTAS NECESARIAS
¿Está mal que la iglesia se interesa y actúe en los problemas sociales? La respuesta en no.
Las iglesias evangélicas tienen aquí una amplia experiencia y su participación en situaciones de crisis sociales, educación, adicciones, pobreza, marginalidad y defensa de la vida; aún no ha sido valorada en su justa dimensión por el resto de la sociedad peruana.
¿Está mal que un evangélico participe en política? La respuesta es no.
Debemos animar a nuestros hermanos y hermanas a estar presentes en todos los ámbitos de la sociedad con excelencia, entrega y santidad. Esto incluye también el ámbito de la política. Creemos que como iglesias evangélicas no hemos alentado suficientemente a nuestros miembros a una participación política comprometida y responsable. Por diferentes razones históricas y teológicas, en los medios evangélicos latinoamericanos siempre se vio el ámbito de la participación política como algo sucio que debería evitarse. Es tiempo de cambiar nuestra mentalidad.
¿Es cristiano participar en la vida política como iglesia o como “pueblo evangélico”? La respuesta es no.
Primero es una distorsión de la misión de la iglesia. Es misión de la iglesia defender valores como los de la vida, la justicia, la verdad, la igualdad, la dignidad humana o de la santidad de la creación, por mencionar sólo algunos. Cuando lo han hecho, han afectado verdaderamente a la sociedad y en el caso peruano a partir de los 90´, hemos tenido que pagar un alto precio por éstas experiencias.
La lógica de la política es contraria a la lógica del reino de Dios. La política se construye con poder, el reino de Dios se edifica con servicio. La iglesia no está para servirse a sí misma, La transformación jamás se hará desde el poder. Quien quiera afectar a la sociedad en nombre de Jesucristo lo hará desde el servicio y no desde el poder. Ésta diferencia es fundamental para los hermanos en Cristo.
¿Necesitamos evangélicos en política? La respuesta es no.
Es un error si se piensa, que sí sólo el hecho de ser evangélico es suficiente. Lo que se necesita en la política peruana, son hombres y mujeres preparados, capaces, íntegros, honestos, eficientes, con los mismo valores que defendemos, y si tienen un fe en Jesucristo, mucho mejor. Es triste ver líderes evangélicos que caen bajo la seducción del poder y aceptan candidaturas políticas, sin más antecedentes que su ministerio de su iglesia.
Perú no necesita más evangélicos en política, sino mas políticos en el evangelio.
¿Quiénes son los hombres que afectan la historia?
Son aquellos, que no obraron desde el poder político, sino desde la “debilidad” de la entrega, coherencia y la fe. Por supuesto que lo que hicieron tuvo consecuencias políticas en sus naciones, por ejemplo Martin Luther King (EE.UU) o Desmond Tutu (Sud África).
¿A quien abre Dios las puertas de la política?
Las preguntas obligadas son ¿Cuál ha sido su militancia? ¿Cuál ha sido su preparación? Cuál es su proyecto para la transformación social? Generalmente escuchamos a nuestros improvisados hermanos decir: “es una puerta que Dios abre”.
Debemos estar claros, estimados hermanos. Dios no abre las puertas a ineptos y oportunistas con buenas intenciones. Si algún cristiano se ha preparado para el servicio público, ha desarrollado una militancia, tiene un marco ideológico y una vocación política, ese es su campo de acción. Su tierra de misión.
¿A quién abre Dios las puertas del ministerio pastoral?
Si algún cristiano ha recibido el llamado divino al ministerio pastoral y Dios le ha encomendado el cuidado de las vidas, de cualquier partido político, y e ha llamado a servir aun a su enemigos y le ha confiado la iglesia, entendemos que la denominación en la que está enmarcado y sobre todo la guía del Espíritu Santo de Dios, será quienes brinden legitimidad a nuestra decisión personal,
Dado que el valor de su credibilidad, el respeto y aprecio de sus fieles y su rica experiencia ministerial, no es un capital que le pertenece y, por lo tanto, no lo puede negociar, sino encomendar a Dios, omnisciente y todo poderoso. Aquello es pura gracia de Dios derramada sobre su vida para el servicio a la iglesia y a la extensión del reino de Dios.

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